Miguel Sánchez Robles es un escritor secreto. Ni olvidado ni maldito. Secreto. Un secreto que cultiva desentendido de los círculos literarios y dejándose acoger por su Caravaca, como buscando lejanías. Tal vez por eso acumula tantos y tan variados premios literarios por toda la geografía española.

Y es que a los jurados que han de tratar sus originales sin duda les ha de sorprender que, de pronto, caigan en sus manos unos textos tan excelentes firmados por un autor que tal vez desconocen. Debe ser como encontrar oro sin buscarlo.

Su último libro, Te llamaré Tristeza, es una pieza perfecta, que resume una gran sabiduría sobre la complejidad de la vida, y está repleto de luz en medio de la molicie, de escepticismo cómplice, de una finísima ironía que quiere pasar por imperceptible. Es un puzle magníficamente compuesto que atrapa al lector con una prosa sencilla, pero a la vez repleta de ecos profundos. Y al través es posible espigar incontables sentencias, como miguitas dejadas caer en el relato, que remiten a un depurado clasicismo adaptado a las situaciones del presente.

Robles es un escritor depurado, con un trasfondo poético que refuerza el vigor de su prosa, y que en este libro nos relata una historia aparentemente banal, casi de ‘thriller’, que no puede esconder el pasmo ante las cosas de la vida.

Algo pasa en el mundo, Corazones de cordero, La tristeza del barro, Donde empieza la Nada, Nunca la vida es nuestra o Salvación, esta última una reflexión casi mística sobre el Camino de la Vera Cruz, son otras obras imprescindibles de nuestro autor en las que, en cada una de ellas sorprende por un estilo tan personal como inintercambiable.

Manuel Robles es un escritor secreto. Pero es nuestro secreto a voces.