Como cada año, el Festival Internacional del Cante de las Minas conecta con sus raíces en estas fechas no solo a través del flamenco, sino también a través de la memoria directa de la actividad minera. Es por eso que rinde homenaje a un minero del municipio y a la viuda de un minero, recordando la labor que hicieron tantas personas en La Unión hace décadas en muy duras condiciones.

Este año será Simón García Guerrero el minero homenajeado. Procedente de una familia minera (a su bisabuelo materno le llamaban ‘Paco El Trueno’ y trabajó en los pozos de El Gorguel y La Parreta), entró con 15 años en la mina y llegó a ser maestro perforista, hasta que fue retirado por silicosis. Con una memoria privilegiada y una vitalidad que traspasa, recuerda toda una vida dedicada a la minería, desde que comenzó de pinche en San Lorenzo, en el ‘59. Tuvo varias salidas y entradas, probando en otros sectores como el de la construcción o el campo, pero al final tuvo que volver a la mina porque «era la manera de tener un seguro social», ya que su hija requería de tratamiento en Valencia.

Simón, que tiene el carnet número 14 a nivel nacional de mercancías peligrosas desde que le dieron el cargo de voladuras, reconoce que la suya era una labor «de mucho miedo y mucho peligro»: «Te veías en situaciones muy difíciles, pero había que ganarse el pan y ese era nuestro sitio», cuenta. En este sentido, recuerda momentos históricos como el hundimiento del filón de la Chiscarra o de las minas de El Duende, que, aunque sin desgracias personales, provocó un «gran estruendo».

Una mujer trabajadora

La otra homenajeada es María Alcaraz Rubio, que hoy luce una sonrisa imperturbable. Quién diría que tras ella se esconden años de sufrimiento, tanto por tener que cargar con la casa y la familia a sus espaldas como por todo lo que supone tener un marido minero, especialmente tras ser diagnosticado con silicosis. Su nombre era Francisco Caparrós Díaz, más conocido como ‘El Jopi’. Falleció el 13 de marzo de 2008, después de toda una vida trabajando de amainador, corriendo cunas y moviéndose de una mina a otra, según donde se ganaba más. Su viuda recuerda que lo que le gustaba del Cante de las Minas eran los trovos, y que iba a ver el Festival porque el entonces alcalde, Esteban Bernal Velasco, les regalaba las entradas a los mineros, «porque antes los mineros no pagaban”, afirma.