La Opinión de Murcia

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De vuelta

Escritores por y escritores para

Escritores por y escritores para

Recientemente, se ha divulgado una antigua entrevista con el poeta José María Álvarez. Destacan una frase: «No te preguntes por qué escribes. Nunca lo sabrás». Las frases rotundas siempre me han infundido sospecha. Normalmente, las destripo y les dejo sin magia. Pero ésta se me resiste. Está bien. La acojo, no sin reconcomio, y doy en pensar que lo que sí se puede saber es ‘para qué’ escribimos. Eso es más fácil, y acaso menos noble. Pienso que Delibes puede ser un escritor paradigmático de escribir por. Y Cela de lo contrario: un escritor para. Delibes desdeñó el Premio Planeta porque no estaba dispuesto ni a escribir para el premio ni a terminar deprisa y corriendo la que tenía en marcha. Cela, enseguida, quiso ser académico y luego ser noble. Y escribió y escribió industrialmente para lograrlo. Alcanzó todos sus objetivos. Alberti, luego de su proclamada fe comunista no hizo otra cosa que, de lejos o de cerca, ayudar a la causa soviética. Y así.

Claro, sucede que, entre el negro y el blanco, hay toda una gama de grises. Y entre los polos, tantos paralelos como se quiera. Pero esos extremos generan identidad literaria. Con todo, el escribir para… es mayoritario en la tribu literaria. El afán de publicar un libro es veneno contagioso, infección vírica del espíritu. Aquella frase que Borges atribuía a Katherine Mansfield: «No es parte esencial del destino de un escritor el publicar» es otra frase rotunda, a la que sí he sabido yo destripar. No lo hago ahora. Kafka se fue sin publicar, y Bécquer casi que tampoco. Y ahí están, clásicos ambos de la Literatura Universal.

Hoy, escribir es una industria, mayormente. O es llorar. En Murcia, decía el novelista de los 60 Tomás Salvador, «hay más escritores que lectores». Bien que lo sabía él, que era editor asimismo. Si en los 60 pasaba aquello, hoy ese aserto se ha hecho cien veces más certero y real. Muchos escritores nacen de un por, y tarde o temprano, pasan a ser escritores para. Es el caso mayoritario. No es malo tener una inercia creativa en lo literario. Francisco Umbral decía que «la musa es el encargo». Se dice que Doctor Zhivago, de Boris Pasternak fue un encargo de la CIA, para difundir por la Europa libre las maldades del stalinismo. Luego, la inmediata película, distribuida sin tope de presupuesto, puso la guinda en ese aspecto cultural de la Guerra Fría. No cabe duda que la novela es uno de los grandes logros de la narrativa del siglo XX.

Otro día, les cuento mis por y mis para. Si Dios quiera.

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