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La Opinión de Murcia

En su rincón

Lola López Mondéjar: junto al árbol de la vida

Lola López Mondéjar en el jardín de su casa. Javier Lorente

Junto a la Torre de la Horadada tiene Lola López Mondéjar una casita con un patio jardín que es un trocito de paraíso con árboles, flores, palmeras y, sobre todo, un enorme ficus al que ella llama ‘El árbol de la vida’, y a cuyo amparo uno siente que el mundo aún es hermoso, mientras dure. En este hermoso rincón le hago la foto y tenemos una muy interesante conversación en torno a su trayectoria literaria, su trabajo de psicóloga clínica y la cultura y la política regional. Hablamos, sobre todo, del estado del planeta y la emergencia medioambiental que tanto le preocupa. Con cierto ritual, como quien te ofrece un tesoro, me trae agua en una jarra de cristal transparente, sobre un plato y cubierta con una servilleta de tela blanca. Ella también va de blanco, con cierto aire de diosa hippie que resplandece mientras huele a flores y a mar Mediterráneo.

Nació en Molina de Segura, pero me advierte que la adscripción geográfica es solo un accidente en la vida de cualquiera. Me cuenta que no cree en el influjo de ningún meteorito que explique su vocación literaria y reconoce que muchos no la aprobarían con sus termómetros de murcianía y que ella se siente cosmopolita, ciudadana del mundo, «hija de este frágil planeta que estamos llevando al colapso, y ya vamos tarde, muy tarde», y añade: «He viajado mucho, cuando viajar no era tan frívolo como ahora, sino un encuentro sincero, y no tan vertiginoso, con otras culturas y otras gentes. Durante muchos años plantaba un árbol cada vez que tomaba un avión, para compensar. Ahora procuro viajar mucho menos y si voy más cerca de mil kilómetros, siempre voy en tren». Ama Milán y París, ciudades donde vivió, estudió y trabajó, pero necesita bañarse en el Mediterráneo. Cree que la Región de Murcia necesita abrir las ventanas y oxigenarse después de tantos años respirando el mismo aire viciado. «La situación del mar Menor, tras varios lustros de mirar para otro lado y negar las evidencias, es el símbolo de todo lo que está podrido y en estado de abandono», y me confiesa: «Tengo a 0 el termómetro de la esperanza en esta Región y en el mundo. He luchado y hasta he militado, pero creo que ya no nos da tiempo de salir de esta situación, la anoxia nos llevará a todos, vendrán más guerras que serán guerras climáticas y por el agua. Nadie podrá detener las migraciones masivas», y añade: «Hemos de dar un cambio radical en nuestro modo de vida, abandonar la prisa y la obsesión por el crecimiento, tenemos que reducir el consumo en general y hemos de recortar un 20 por ciento el consumo de carne. En mi casa no la comemos, pero en Murcia hay muy pocos restaurantes vegetarianos y es casi imposible encontrar un menú vegetariano en los demás», y me habla de la necesidad de llevar estas reflexiones a los centros de enseñanza y de concienciar a los niños y jóvenes.

Ejerció la psicología clínica en la sanidad pública, pero solicitó la excedencia para atender su vocación de escritora. Tiene una consulta privada a media jornada. En la actualidad está de gira con su última publicación: Invulnerables e Invertebrados, que esta semana ha presentado en Barcelona: «Hay una angustia generalizada, una crisis de pánico ante todo lo que se nos avecina, pero no podemos defendernos porque no identificamos a nuestros enemigos: son el cambio climático, el sistema, el mercado, el banco mundial…son entes que no podemos personalizar. Ante esta situación solo caben dos posturas: los excluidos, que son mayoría, y los hiperadaptados a las demandas del sistema», y hablamos de cosas como el incremento de la violencia y el de suicidios en la actualidad, y me vuelve a insistir en que estamos abocados a la sexta extinción masiva, pero nosotros permanecemos inmóviles, presas de mecanismos de negación, enganchados a las pantallas e impasibles. 

Pese a lo fatídico de esta situación, no todo es desesperanza, porque Lola ha escrito: «Mi pretensión es incomodar, que nos interroguemos y nos alcemos, rebeldes, de nuestras cómodas poltronas». Y hablamos de sus espléndidos cuentos y narraciones cortas y de algunas de sus novelas, me confiesa cuánto le gusta escribir ficción y le digo que no da puntada sin hilo porque, en ellas, gran conocedora del alma humana, sigue haciéndonos reflexionar y cambiar, como en Cada noche, cada noche, sobre la Lolita de Nabokov, o Mi amor desgraciado, una actualización de Medea, la madre que mata a sus hijos para vengarse del marido.

También hablamos de un tema candente: la abolición de la prostitución o su regularización. Le planteo que, detestando la trata, el abuso y la explotación sexual de la mujer, si no cree que se podría aceptar una controlada regularización de la prostitución ejercida desde la libertad, la autonomía y el control sanitario y laboral. Lola es una ferviente abolicionista y me pone un ejemplo clarificador: «No es lo mismo darle un riñón propio a tu hijo para salvarle la vida que extirparte e ir vendiendo tus órganos para enriquecerte o para subsistir. Por mucho que digas que lo haces libremente, es inadmisible, es una degradación de la persona y del cuerpo humano. La prostitución degrada a quien la ejerce y a quien se aprovecha de ella, los hombres se excitan sin que la mujer disfrute, no es sexualidad, es un ejercicio de poder. No puede haber libertad si no hay igualdad».

Me atrapa la inteligencia de esta mujer y me atrapan sus libros. López Mondejar es un privilegio para esta Región, muy valorada por la sociedad y la cultura y poco apoyada por las administraciones.

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