Kiosco

La Opinión de Murcia

Novela

'El libro de todos los amores': Una novela de amor sin amor

Agustín Fernández Mallo

El profesor Pozuelo Yvancos ha denominado como ‘voz reflexiva’ a un tipo de narrante que está normalmente asociado al ensayo pero que también aparece en novelas de carácter autoficcional de autores como Vila-Matas o Javier Marías. Esa voz se encuentra también en algunos trabajos de Agustín Fernández Mallo (en Nocilla o Trilogía de la Guerra). Y en El libro de todos los amores, aunque no hay rasgos autorreferenciales del autor, sí que deja en boca de sus personajes y del narrador algunos discursos cuyos atributos se confunden con esa voz reflexiva que hibrida el ensayo con lo ficcional. De hecho, las novelas de Fernández Mallo no se pueden entender sin esta hibridación que, como viene siendo habitual en la narrativa actual, supera la clásica dicotomía entre ficción y ensayo.

Además de la retórica ficcional, Fernández Mallo retoma su querencia por las ciencias y disfraza de diccionario sobre al amor una suerte de reflexiones de carácter ensayístico sobre una gran variedad de asuntos: la identidad, el tiempo, la tecnología, la literatura, objetos de consumo, el propio mundo y la materia y las texturas que lo componen. En El jardín de los senderos que se bifurcan Borges hablaba de un libro que no menciona el tiempo, porque precisamente es el misterio que esconde. De un modo inverso, aunque esta obra se construye, en apariencia, sobre los cimientos del amor, descubrimos que no trata de amor. Más bien el amor es el meme (en su sentido original) con el que el autor ha creado un objeto, de fisionomía cambiante, que parece iluminar otros aspectos de la realidad.

Las personas, afectadas por una extraña epidemia, han comenzado a perder sus sentidos haciendo que el mundo se transforme en un vacío sensorial, metáfora del colapso de la cultura

decoration

Como un ojo panóptico, ansioso por abarcar el universo y su sustancia, las ideas del autor fluyen y se deslizan formando figuras arbitrarias, estableciendo redes que conforman constelaciones semánticas y estéticas. Un discurso inagotable que hace de Fernández Mallo un autor que sigue conservando el fulgor de sus primeros trabajos. Su pulsión, aunque se esmere en elaborar un discurso más o menos científico y en ocasiones técnico, tiende, rizomáticamente, hacia lo poético.

Por otro lado nos encontramos, de fondo, casi como un telón de croma sobre el que se proyecta la imagen del libro, la historia de una pareja que ha llegado a Venecia y casi sin darse cuenta se halla abismada en una suerte de apocalipsis. Las personas, afectadas por una extraña epidemia, han comenzado a perder sus sentidos haciendo que el mundo se transforme en un vacío sensorial. Metáfora del colapso de la cultura que, saturada por un exceso de información y datos, se ha vuelto opaca, cuando no invisible.

La sensibilidad de nuestro autor hace que este libro sea más una experiencia torrencial de emociones, saberes y placeres sensoriales que una lectura objetiva. Porque incluso cuando nos cuenta un suceso (en concreto resultan interesantes los extraños eventos que acaecen en Venecia a la pareja protagonista) este se lee mejor como una metáfora de otra cosa oculta. Como si escribir, para Fernández Mallo, consistiese en crear líneas, proyectar formas y figuras que al final habrán de develar una constelación luminosa. 

Compartir el artículo

stats