La Opinión de Murcia

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Arte
Miguel Ángel Aguirre Investigador e hijo de José Francisco Aguirre

Miguel Ángel Aguirre: "La obra de mi padre podría describirse con tres uves: verdad, vanguardia y variedad"

Impartirá una conferencia sobre esta singular muestra el próximo viernes en el Salón de actos del Mubam

Miguel Ángel Aguirre, hijo de José Francisco Aguirre.

Miguel Ángel Aguirre, investigador e hijo del pintor, ofrece el próximo 25 de febrero la conferencia titulada Retorno de José Francisco Aguirre a Murcia cien otoños después, donde estará acompañado del comisario de la muestra, Juan Bautista Sanz. Coincidiendo con la clausura de la exposición, la charla está prevista en el Salón de actos del Museo de Bellas Artes a las 19 horas.  

Sobre la figura del pintor, escribe: «Un artista es también lo que son sus ambiciones, sus anhelos y esperanzas, su visión de la vida, su familia, su generación, su círculo de amistades, sus compañeros de viaje y, por supuesto, su obra». ¿Qué puede contarnos de los anhelos de José Francisco Aguirre, su visión de la vida, su numerosa familia?

José Francisco Aguirre fue un artista pleno y un padre entregado. Quizá haya cierta contradicción entre estos dos mundos, el artístico y el familiar, pero él los supo conjugar a la perfección. El primero le valió para proyectar y dar forma a una capacidad creativa inmensa, a imaginar escenas originales y plasmarlas en un lienzo, en una cartulina, en un escenario. El segundo le permitió disfrutar de una vida familiar maravillosa, acompañado de una mujer a la que adoraba y con la que formó una familia numerosa y feliz. Tal vez uno de sus anhelos fue no haber tenido más tiempo para crear libremente. 

En su discurso resalta una visión de «su realidad vivida, de su carácter y sensibilidad artística». ¿Cómo describiría estas facetas?

José Francisco Aguirre entró en contacto desde muy joven con el movimiento cultural de la Murcia de la posguerra. El intercambio de impresiones entre todos sus componentes (Antonio Hernández Carpe, Sofía Morales, Jaime Campmany, José Antonio Molina Sánchez, etc.) fue una experiencia culturalmente explosiva, que le permitió ir configurando una visión estética de la realidad muy acentuada. El arte, en general, y el teatro, en particular, fueron dos elementos clave que forjaron su personalidad artística. Su posterior traslado a Madrid, a principios de la década de los cuarenta, impulsó todo lo que vino después. 

De la ‘etapa clásica’ de los años cuarenta, donde predomina el paisajismo, el color verde, la profundidad, la perspectiva y la figura femenina, sus creaciones evolucionan hacia la ‘figuración geométrica’ en los años cincuenta y sesenta, convirtiéndose en estampas policromadas con ausencia de perspectiva. Más tarde, su obra se inserta en el denominado ‘realismo imaginativo’ (o fantástico) alrededor de los años setenta y primeros años de los ochenta, donde se observa una tendencia al simbolismo y lo onírico. ¿Podría hablarme de estas tres etapas pictóricas?

Cada etapa tiene sus propias singularidades. Tal vez lo que llama la atención es cómo su obra va evolucionando a lo largo del tiempo, de las técnicas y de los soportes empleados. De la perspectiva de sus primeras composiciones –especialmente en paisajes de los años cuarenta–, a las imágenes planas, geométricas y casi cubistas de sus etapas posteriores. Hay detalles en todas ellas que reflejan un estilo muy particular. Por ejemplo, las expresiones enigmáticas y evocadoras en las figuras representadas, o las imágenes estáticas en las que parece que se ha detenido el mundo. 

¿Cuáles son las principales características de su pintura, sus ilustraciones y escenografías?

Podrían describirse con tres uves: verdad, vanguardia y variedad. Desarrolló su verdad creativa y talento artístico a través de la creación de una obra muy variada en todos los soportes imaginables, tomando el dibujo como base de su creación, un dibujo espontáneo, de trazado limpio y muy original. Pero fue, sobre todo, vanguardista. No hay más que ver su obra en los años cuarenta, cincuenta y sesenta del pasado siglo para comprobar que fue un adelantado a su tiempo. 

Las revistas ilustradas «serían durante la posguerra las nuevas galerías de arte donde exponer una obra inmensa, heterogénea y vanguardista». ¿Cuál es la importancia del mundo editorial y la ilustración en la obra de Aguirre?

En efecto, considero las revistas ilustradas de la época como ‘galerías de arte a domicilio’, una plataforma para hacer llegar el arte a un público masivo. No hay más que asomarse a sus páginas para ver y disfrutar del nivel artístico tan alto de los ilustradores de la época. Para José Francisco Aguirre, la ilustración editorial, tanto en revistas como en libros, fue determinante. Alcanzó un enorme reconocimiento y su obra fue admirada y premiada. 

José Francisco Aguirre da los primeros pasos artísticos en la ilustración de revistas y libros, dejando un inmenso legado en diferentes cabeceras. ¿Cómo es el trabajo del artista en publicaciones como ABC o Blanco y Negro? ¿Y en otras editoriales?

Fue una etapa creativa determinante en su obra. Lo primero que llama la atención es la perfecta simbiosis entre texto e ilustración, y cómo estos dos mundos se mezclan con gran naturalidad creando unas composiciones de una belleza extraordinaria. La imagen, a través de la ilustración, se convierte en obra de arte, desplazando en muchos casos a los textos a un segundo plano. 

Como escenógrafo, trabajó en el teatro Romea con Diego Sánchez Jara y realizó bocetos, decorados y figurines para artistas de la talla de Celia Gámez. De hecho, la exposición actual en el Mubam recoge algunos de estos ejemplos. 

La exposición recoge una representación significativa de su obra. Encontramos ilustraciones, pinturas, carteles, bocetos de decorados… Ha sido un gran trabajo y un enorme acierto del comisario de la exposición y del Mubam y su director, a quienes agradezco su generosidad. La muestra permite descubrir a José Francisco Aguirre en todas sus facetas. 

¿Puede hablarme de las obras murales que se conservan en Yecla?

El más representativo es el mural que descansa en la iglesia de San José Artesano. Representa varias de las estaciones del Vía Crucis. Realizado en 1965, es de una gran belleza artística, muy del estilo de Aguirre, y se ha convertido en el principal símbolo de la parroquia. Otro gran mural, por su belleza plástica, es el que adorna una librería situada en el centro de Yecla. Una curiosidad: se trata de una de las escasas obras del artista en las que aparece el mar. 

¿Puede adelantarnos algún dato de la conferencia Retorno de José Francisco Aguirre a Murcia cien otoños después que impartirá el 25 de febrero en el Mubam?

Lo que le puedo decir es que será una charla muy emotiva y habrá una sorpresa importante para cerrar este gran homenaje a la figura de José Francisco Aguirre. No se la pierdan. 

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