15 de octubre de 2018
15.10.2018
La Opinión de Murcia
Entrevista
Psicoanalista y escritora

Lola López Mondéjar: "Solamente uniéndonos podemos parar la debacle que se nos viene encima"

"La individualidad es una promesa de consumo, y eso no nos conduce a nada, solo a devastar el planeta"

15.10.2018 | 04:00
La escritora molinense Lola López Mondéjar.

La molinense interroga nuestra "soberbia ilusión de singularidad" en 'Qué mundo tan maravilloso', un libro de relatos en los que lleva al lector desde las cavernas hasta un futuro distópico para demostrarle que, en el fondo, no hemos cambiado tanto.

En un tiempo en el que reina el ´narcisismo de la diferencia´, Lola López Mondéjar (Molina de Segura, 1958) reivindica nuestras semejanzas, aquello que nos hace humanos. Pero lo hace de forma «clandestina», oculta en lo más profundo de una serie de relatos –íntimamente ligados entre sí– que ha reunido bajo el título Qué mundo tan maravilloso (Páginas de espuma). Los estará presentando el próximo jueves, a partir de las ocho de la tarde, en el Museo Ramón Gaya de Murcia.

P Qué mundo tan maravilloso. Suena un poco a ironía... ¿O es, efectivamente, una reivindicación en tiempos aciagos?
R Bueno, las dos cosas. Vivimos en un mundo que físicamente es hermosísimo; tenemos un planeta muy bello, pero que hemos degradado..., que tiene unas sociedades que han precarizado a la juventud. Ambos aspectos quería que se contemplaran en este título. La portada, con un pavo real, redunda en la misma idea: es un animal precioso, pero cuyos excrementos son muy corrosivos y, además, su canto molesta un montón [Ríe]. Representa un poco esa ambivalencia.

P Entonces, ¿hay esperanza? ¿Todavía quedan cosas 'maravillosas por las que luchar'?
R Hay motivos por los que conservar y hacer sostenible nuestra presencia en el planeta. ¡Hablamos de nuestra supervivencia! Vivimos en un mundo que está amenazado por el cambio climático, amenazado por una especie depredadora como nosotros... Yo quería con este libro lanzar el mensaje, quizá idealizado, de que solamente uniéndonos –a pesar de que los nacionalismos pretenden demostrar todo lo contrario y del auge del narcisismo de la diferencia– podemos parar la debacle que se nos viene encima.

P Desde luego, enmarca sus historias en una serie de rincones que están entre lo más bello del planeta: la bahía de Ha Long, la selva amazónica, el archipiélago de Guna Yala... ¿Forman parte de una reivindicación ecológica?
R Eso forma parte de un planteamiento central en este libro: mostrar la belleza física del mundo, ubicar los relatos en un lugar a cada cual más hermoso, pero para decir que ni siquiera en esos lugares podemos evadirnos de nuestras miserias, de nuestras dudas, de nuestros problemas, de nuestra ambivalencia... Y, por otra parte, sí, hay una reivindicación ecológica: unámonos para conservar el planeta.

P Este libro, pese a ser un libro de relatos, no carece de unidad: hay una clara línea temporal que va desde el hombre de las cavernas hasta el que tendrá que sobrevivir en el futuro que le dejemos.
R Claro, desde la Prehistoria hasta un futuro distópico. Era uno de los ejes mediante los que yo quería demostrar que nos parecemos mucho a pesar de que el tiempo vaya cambiando. El hombre necesita una casa y necesita a los otros, sea en una caverna o en una casa hipertecnológica. Es mi primer libro de relatos que está concebido como una unidad, y hay una serie de detalles que así lo identifican. Por ejemplo, todos los nombres de los personajes femeninos empiezan por ´m´. Algún crítico ha dicho –y me ha gustado mucho– que es ´m´ de mujer, de mundo, de mito... Me han dicho también que es una referencia a lo mágico, un aspecto que hemos abandonado..., una presencia de la necesidad que tenemos de cierto pensamiento mágico, de volver a ´encantar´ un mundo que ha sufrido un desencantamiento demasiado rotundo. Tenemos que hacerlo, tenemos que volver a encantarlo con los mitos, con una cierta espiritualidad que nos haga poder sentirnos hermanados por muy lejos que estemos. En este sentido, cada relato se sirve de una trama explicita y yo introduzco una trama clandestina –que es la que realmente me interesa– que es la trama de las relaciones humanas.

P En este sentido, marca el paso de lo vivido a lo que todavía está por llegar con la clasificación 'Estos mundos'/'Mundos futuros', con la que divides el índice –y los relatos– del libro. ¿En qué se diferencian?
R Bueno, una diferencia fundamental es temporal, evidentemente: ´Estos mundos´ son los que están más próximos al lector, y ´Mundos futuros´ es una proyección distópica de ciertos emergentes culturales y sociales que identifico como propios de nuestra época y los proyecto al futuro. Para mí, los protagonistas de ´Mundos futuros´ serían como los hijos o nietos de los de ´Estos mundos´, y, por lo tanto, los que van a sufrir las consecuencias de una sociedad depredadora, de un desarollo insostenible.

P Hay una cuestión que, parece, le preocupaba a la hora de escribir este libro: ese afán del hombre por ser 'diferente', por 'diferenciarse' de los demás y de lo demás. Vamos, eso que ha llamado ´narcisismo de la diferencia´.
R Esto no es que lo crea, es que está estudiado: hay un proceso de progresiva individualización de los seres humanos que viene del siglo XVI y que llega hasta la actualidad, donde, digamos, es hiperbólico. Es un individualismo muy paradójico: nos concebimos singularísimos pero nos parecemos mucho, porque incluso ´ser distintos´ es una imposición social. Esto me preocupa. Creo que es necesario construir una subjetividad, que no es lo mismo que ´individualidad´; sería más bien una construcción de nuestra identidad, no en base a los imperativos sociales, sino a unas necesidad humanas que no están presentes o identificadas en nuestras sociedades contemporáneas. Éstas pretenden que nuestras necesidades sean de consumo; ya lo decía Bauman: la individualidad es una promesa de consumo, y esa es una promesa falsa que no nos conduce a nada, solo a devastar el planeta, y aparentemente viene acompañada de un optimismo tecnológico como si los recursos sean infinitos. Los modernos se creen individuales pero estan bajo ese imperativo; crear una subjetividad sería una posición crítica con los eslóganes sociales, con esos imperativos, que conecte con una resistencia íntima –que diría Josep Maria Esquirol–, con necesidades profundas, la de vínculo y la de casa. Pero para eso se necesita ir contracorriente, y es difícil. Mi propuesta sería la siguiente: Vamos a reconocer que lo que nos hace humanos son los vínculos con los otros y las necesidades de cobijo, de casa, y de proyecto futuro, y casi nunca son de consumo...

P ¿Tiene, entonces, un punto profundo, digamos, de ensayo?
R No tiene nada de ensayo. El libro cuenta anécdotas en distintos lugares del planeta con un argumento explícito que es lo que les está pasando a los protagonistas y un argumento implícito que es esa trama clandestina de la que te hablo. Digamos que el elector más atento se puede hacer preguntas en ese sentido.

P Pero tiene un mensaje, una reflexión, una necesidad de ir más allá. No son relatos por el mero entretenimiento literario.
R Creo que toda mi literatura tiene una pretensión de profundización; pretende que el lector se pregunte cosas, que no salga del libro igual que entró. En este caso –en otros de mis libros quizá si sea al revés– son argumentos literarios, no ensayísticos, pero un lector atento desde luego se va a preguntar por estas cosas de las que estamos hablando. Y, de hecho, me consta que así ha sido. Pero son relatos amenos, también entretienen. Para mí es importante que el lector se quede confortablemente en esos ´Mundos maravillosos´.

P Bueno, entonces, volviendo a la cuestión del individualismo y a esa reivindicación de lo que nos hace humanos, ¿en qué se parecen los personajes de Qué mundo tan maravilloso? ¿Qué tienen en común, qué les une?
R Unas necesidades espirituales que el mundo material no cubre; unos vínculos, lazos con el otro, que cada vez están más interferidos. Uno de los relatos del futuro distópico, que se llama Pipa, describe cómo en ese mundo es más fácil la relación con una muñeca o con un robot que entre las personas. Pero también tienen en común, creo, una relación y un vínculo con la naturaleza que también intentamos romper; es esa omnipotencia del pensamiento racional de la ilustración que nos ha separado de la naturaleza cuando seguimos siendo animales... En definitiva, unas necesidades de unión que están siendo bombardeadas por un pensamiento individualista y neoliberal y que están ahí, aunque no sea de manera implícita.

P A modo de recapitulación casi, dice que espera que los lectores, tras terminar de leer estas historias, no sean los mismos, que hayan cambiado. ¿Cuál es el mensaje que pretende enviar Lola López Mondéjar en Que mundo tan maravilloso?
R Unámonos [Risas]. Frente al cambio climático, frente a la precariedad laboral de los jóvenes... No demos respuestas individualistas, volvamos a lo grupal, a socializar la queja. ¡Y a la naturaleza! Cuidemos el mundo con los recursos que tenemos. Aceptemos también nuestras contradicciones, ambivalencias, dudas...

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Lo último Lo más leído