05 de enero de 2018
05.01.2018
Entrevista

Antonio Tocornal: "En la alta literatura es donde más humor se puede encontrar"

El gaditano Antonio Tocornal fue nombrado a mediados del pasado mes de diciembre ganador de la XXII Edición del Premio de Novela Vargas Llosa gracias a su obra La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie.

05.01.2018 | 04:00
Antonio Tocornal

El gaditano Antonio Tocornal Blanco es el reciente ganador de la XXII Edición del Premio de Novela Vargas Llosa, convocado por la Fundación Caja Mediterráneo, la Universidad de Murcia y la Cátedra Vargas Llosa de la Fundación Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Su obra La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie fue elegida por el jurado entre los 200 originales procedentes de 14 paíese presentados a la última edición, destacando su «capacidad de plasmar un ambiente protagonizado por un tejido de personajes esperpénticos pero entrañables, mirado con cierto tono de humor y de ironía, pero también de nostalgia, lo que convierte a la novela en un relato confesional». Hemos hablado con él de su libro, del sentido del humor y del valor de los perdedores en la literatura.

Háblenos de su novela, La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie.
En mi novela se narran los acontecimientos que sucedieron durante doce horas, entre las seis de la tarde y las seis de la mañana, en el París de finales de los años ochenta. Es una larga noche de invierno que esconde un drama y que se va desvelando mientras que se retrata a cada uno de los personajes con sus circunstancias; todo ello con un trasfondo de música jazz en blanco y negro y bajo el tamiz de nostalgia que dan los treinta años transcurridos desde que la historia sucede hasta que el narrador se decide a excavar entre sus recuerdos y a contarla.
En la novela aparecen, vistos desde el punto de vista del narrador, una serie de jóvenes artistas: pintores, fotógrafos, escultores, músicos, poetas –todos amigos entre sí–, pero también personajes de prostíbulo, traficantes de droga y de arte, alcohólicos, vagabundos, inmigrantes, actores porno, buscavidas€ Es un retrato tragicómico del micromundo que construyeron en los años ochenta los llamados artistas de vanguardia.
¿Es la figura del fracasado un buen protagonista literario?
En mi caso yo diría que es la única posible. No me interesan ni los héroes ni los triunfadores. Los perdedores tienen muchos más matices y lo que tienen que contar suele ser más interesante desde un punto de vista literario. Además en la sociedad en que vivimos hay muchos más fracasados que triunfadores. Estamos educados para la frustración, para no ser felices con lo que tenemos. Por eso es más fácil reconocernos en ese tipo de personajes.
¿Cómo le surgió la idea para escribir esta novela? Y, en general, ¿dónde encuentra los materiales para sus historias?
Los materiales para escribir narrativa están por todas partes: una noticia en los informativos, una conversación escuchada al azar, los propios recuerdos distorsionados€ Un escritor tiene que educar su mirada y sus oídos y estar siempre alerta para captar esos relatos que están en las historias cotidianas y aprisionarlos y domesticarlos antes de que se escapen.
En mi caso, a veces la chispa salta durante un sueño y entonces tengo que hacer un gran esfuerzo para levantarme y escribir las notas necesarias antes de que se vaya. En el caso de La noche en que pude haber visto tocar a Dizzy Gillespie fue aún más sencillo: yo viví en París entre los años 1985 y 1991 y en aquellos años me dedicaba profesionalmente a las artes plásticas. El narrador soy yo. No el yo que era entonces, sino el yo de ahora recordando a aquel otro yo que fui. Todos los personajes son reales –aunque en la novela aparecen con nombres diferentes– y todas las situaciones que se narran ocurrieron de verdad. En el caso de esta novela, lo único que tuve que hacer fue un ejercicio de ´arqueología de la memoria´ y estirar o encoger los espacios temporales para ponerle a la historia real el ´traje´ de novela. Vila-Matas lo expresa muy bien cuando habla de la ´literatura del yo´: «Quien narra su vida la transforma en novela y cruza la frontera hacia los dominios de la fabulación». En este caso hay muy poca fabulación porque todo es real, al menos en mi memoria.
Su historia está escrita con toques humorísticos y caricaturescos. ¿Es el humor una forma de acercarse a historias trascendentes?
Yo le podría contestar que como soy de Cádiz no puedo ir por la vida sin humor, pero me arriesgaría a que me dijera que eso es un tópico, y tendría razón. Así que le diré que el humor es una disciplina muy delicada en la que un autor puede resbalar con facilidad y caer en lo vulgar, en el chiste, o puede contenerse e intentar mantenerse en equilibrio para darle a cada drama su contrapunto. Es como en la alta repostería: un cocinero le dirá que un toque de sal en un postre realza los sabores dulces. Se trata de combinar el grado adecuado de humor para que la tragedia aparezca con más fuerza y al revés.
En cuanto a las caricaturas, al fin y al cabo todos somos caricaturas de nosotros mismos. Cuanto más importante sea un personaje y más en serio se tome a sí mismo, más caricatura es; mire entre las personas poderosas del mundo: se me ocurren Trump, Kim Jong-un, Michael Jackson, Bush, Aznar, Julio Iglesias, Putin, los futbolistas famosos, cualquiera de los políticos españoles€ Llegan a trascender la persona y se convierten en personajes, en caricaturas de sí mismos. Cuanta más importancia se dan, más cómicos resultan y más fácil es convertirlos en literatura.
No creo que se pueda decir que yo cultive de forma explícita el género del humor en el sentido en que se podría decir de Eduardo Mendoza, por poner un ejemplo, pero sí que es verdad que los grandes autores que siempre me han interesado, desde Cervantes hasta Bolaño pasando por Borges o Cela, siempre le han dado una importancia fundamental al humor. Parece que los editores españoles menosprecian de alguna forma el humor, como si un autor que lo practique no estuviese cualificado para hacer ´alta literatura´, cuando precisamente es en la alta literatura donde más humor se puede encontrar. Yo no sé cocinar sin sal ni sé escribir sin un toque de humor.
¿Qué supone el premio Vargas Llosa para usted?
Desde que comencé a escribir, nunca he hecho nada para buscar el éxito, siempre me he encontrado cómodo en el anonimato y escribir sin mostrar lo escrito siempre me ha resultado suficiente y satisfactorio. Escribir es una actividad que se ha de desarrollar en la más completa de las soledades. En mi caso es aún más grave porque vivo un triple aislamiento: vivo en el campo, en las afueras de un pueblo pequeño que además está en una isla. Lo cierto es que, aparte de las relaciones virtuales que pueda tener, veo poca gente por no decir a nadie. Hablo más con mis perros que con otras personas, y cuando me cruzo con alguien seguramente será un hortelano o un pastor y no hablamos de literatura.
El hecho de que un jurado muy cualificado decida que de toda las novelas presentadas sea esta la que merezca el premio es, de alguna forma, la palmadita en la espalda que todos necesitamos de vez en cuando. Es como quitarse una venda para ver que durante todos estos años no ha ido uno caminando a ciegas.
Ojo, el haber obtenido el premio no significa que mi novela sea la mejor, sino que es la que mejor ha sabido conectar con este jurado en concreto. Estoy seguro de que hay novelas estupendas que esta vez se han quedado en el cajón.
Soy consciente de que no voy a hacer «carrera» como escritor porque no cumplo con los requisitos que se suelen dar entre los escritores de éxito. Aun así, gracias a este premio, voy a poder compartir lo que escribo con algunas personas y eso no está mal.

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