Bajo las aguas murcianas se esconden auténticos tesoros que no todo el mundo conoce. Pocos son conscientes la peligrosidad de la costa regional para la navegación y de los naufragios que se han producido en ella.

Un paisaje compuesto por pequeñas calas y acantilados, teñido de todas las formas de azul posible y con una localización geográfica privilegiada, alberga uno de los secretos mejor guardados de la historia submarina, el barco del Sirio.

También conocido como el 'Titanic español' o el 'Titanic del Mediterráneo' , este transatlántico italiano a vapor con 115 metros de eslora y capacidad para 1300 pasajeros, colisionó el 4 de Agosto de 1906 contra los bajos de las Islas Hormigas, frente al pueblo costero de Cabo de Palos.

El 'Titanic murciano': El Sirio

En Cabo de Palos se encuentra hundido el barco del Sirio. Este transatlántico de vapor, el cual zarpó desde la ciudad de Génova en Italia hacia América del Sur el 4 de Agosto de 1906, nunca llegó a su destino por el trágico desenlace que vivió frente a las costas de Cabo de Palos.

El capitán del navío, Giuseppe Piccone, descansaba en su camarote durante la sobremesa. En su lugar, un suboficial tomó el mando. Era un día soleado y caluroso de verano, con gran visibilidad y el mar en calma. El barco surcaba el mar muy cerca de la costa, a unos 1.500 metros, a pesar de la existencia de bajos marinos, señalados por el Faro de las Hormigas.

Imagen del naufragio del Sirio

Alrededor de las cuatro de la tarde, el Sirio chocó a una velocidad de 15 nudos contra el Bajo de Fuera. El barco quedó levantado de proa y reposado sobre la punta de la roca que le había rasgado el bajo, con un ángulo de inclinación de 35 grados; el casco y la popa se partieron; y las calderas explosionaron. El capitán Piccone no reaccionó y el pánico se apoderó de los pasajeros, quienes luchaban desesperadamente por subir a los botes salvavidas del Sirio.

Una tragedia que pudo ser aún mayor de no ser por los propios pescadores de Cabo de Palos que, al ver el accidente, no dudaron en echar al mar sus barcos para recoger a los pasajeros, la mayoría emigrantes, y sacar a cuantos pudieron del agua.

Entre los pasajeros distinguidos del Sirio se encontraban, en el momento de la catástrofe, la cantante Lola Milanés (fallecida); el obispo de Sao Paulo, José de Camargo (fallecido); el arzobispo brasileño de Pará, José Marcondes (superviviente); el tenor de ópera José Maristany (superviviente); el cónsul de Austria en Río de Janeiro, Leopoldo Politzer (superviviente); el médico Franco Franza (superviviente); y el maestro Hermoso (superviviente), director de la banda musical del Hospicio de Madrid.

El estudiante argentino Martín Hailze relató el drama vivido a bordo del Sirio, al diario 'El Eco' tras el accidente. "Iba en mi camarote de primera clase escribiendo una carta, cuando una fuerte sacudida me tiró al suelo y una gritería inmensa me hizo conocer que alguna terrible desgracia había ocurrido. Pronto supe que habíamos chocado contra unas rocas submarinas. Dolorido del golpe que al caer había recibido, subí casi a rastras sobre cubierta, y el cuadro aterrador que se presentó a mi vista perdurará en mi memoria por muchos años que viva. El buque se sumergía de popa rápidamente; los pasajeros corrían como locos, dando gritos de terrible angustia, llorando unos, maldiciendo otros y todos llenos de terror. Esto fue causa de que se cometieran escenas de verdadero salvajismo. Peleábanse entre sí, hombres y mujeres, por los salvavidas; pero a patadas, a puñetazo limpio, con uñas y con dientes. Hasta vi algunos esgrimiendo cuchillos". La popa del buque se hundió en apenas cuatro minutos, permaneciendo la proa en la superficie.

Una placa en el propio Cabo de Palos recuerda la tragedia.

Placa en memoria a los fallecidos en el naufragio del Sirio