Carmen Doorá creció en una familia huertana muy humilde, en la que su abuelo Pepe era un aficionado al cante flamenco. De él le debe venir ese amor por la música, una relación que ha ido a más con el paso del tiempo y que se ha consolidado a base de talento y reconocimientos. El más reciente, la nominación de su disco ‘Orgánica’ (2021), crudo y añejo, pero también sumamente arriesgado y complejo, a Mejor Álbum Flamenco en los recientemente celebrados Grammy Latinos.

«La nominación a los Grammy latinos ha sido un reconocimiento muy importante, pero es el fruto de mucho trabajo y sacrificios. El primero el de mi madre, que a pesar de ser una mujer humilde luchó porque yo estudiara, fuese libre e independiente, y gracias a ella fui de las primeras graduadas en titulo de Grado Superior de Cante Flamenco», afirmaba Carmen Doorá sobre las tablas del Auditorio Margarita Lozano, minutos antes de dejar boquiabiertos a los allí presentes con una actuación digna de ser recordada.

La cantaora, que recuerda cuando era pequeña y a nadie de sus amigas les gustaba el flamenco, conduciendo una vez se hubo sacado el carné de conducir hasta Cartagena o La Unión si quería ver a algún artista, se marchó de Santomera hacia Las Vegas, donde siguió formándose musicalmente.

El ser reconocida a su vuelta a la Región no hace sino llenarla aún más de un orgullo que en sus trabajos se respira por los cuatro costados: «Después de todos los años que he tenido que vivir fuera, este premio supone un reconocimiento a todo ese esfuerzo. Ser querida en mi tierra es lo más bonito que hay». Carmen Doorá quiso recordar durante su agradecimiento el apoyo de su marido, con el que conforma un equipo para trabajar codo con codo en cada nuevo disco o espectáculo. «A día de hoy me alegra mucho ver que cada vez son más los jóvenes que se aficionan por el flamenco, que tiene mucho peso en esta Región, donde hay un gran ramilllete de cantes que forman parte de la historia de este arte tan bonito», concluye la cantaora.