La Opinión de Murcia

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Salud

Las transfusiones de sangre animal salvan vidas en el Hospital Veterinario de la UMU

El banco de sangre de la institución pública actúa como centro de referencia para la distribución de esta sustancia en toda la Región

Un perro durante una transfusión de sangre en el Hospital Veterinario de la UMU. L.O.

Los perros y los gatos, al igual que las personas, necesitan transfusiones de sangre en determinadas situaciones. Episodios de anemia, intoxicaciones por ingesta de químicos nocivos o hemorragias causadas por traumatismos son los casos más comunes que requieren la administración de plasma o de concentrado de eritrocitos en su tratamiento.

Antaño, los hospitales y clínicas veterinarias contaban con ciertos propietarios de perros sanos, controlados desde el punto de vista sanitario, vacunados y desparasitados, a los que se avisaba en caso de necesidad para proceder a la extracción de sangre. Este método quedaba supeditado a la disponibilidad de los donantes; si los propietarios de los animales no se encontraban disponibles para hacer la extracción, el perro receptor podía ver peligrar su vida con la demora de la transfusión. Ante este problema, surgió la necesidad de crear un stock permanente de sangre animal.

El proceso de extracción y transfusión animal no produce más dolor que el causado por la punción inicial

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El Hospital Clínico Veterinario de la Universidad de Murcia actúa como centro logístico para la distribución de sangre de perro y gato para toda la Región y alrededores desde hace más de diez años. En el Hospital Veterinario almacenan las extracciones sanguíneas en su propio banco de sangre, realizan las transfusiones cuando los casos lo requieren y ponen a disposición de las diversas clínicas veterinarias las donaciones que reciben desde el Banco de Sangre Animal (BSA).

El BSA es un proyecto fundado en 2011 e impulsado de forma definitiva por la UAB en 2014 con su integración en la Facultad de Veterinaria. Este centro productor, especializado en la extracción de sangre animal, nació con un propósito claro en su génesis: el stock permanente de sangre animal correctamente catalogada con dos axiomas principales, la salud del donante y la eficacia en el receptor.

Alejandro Garridos y Pepa Fernández en la sala de farmacología del Hospital Veterinario. | ISRAEL SÁNCHEZ

«Nuestra relación con el Banco de Sangre Animal se basa en que ambos respetamos la normativa», explica Pepa Fernández, directora del Hospital Veterinario de la Universidad de Murcia y responsable del Servicio Cardiorrespiratorio. «Las clínicas de la Región saben que tenemos en stock los diferentes productos sanguíneos, ellos nos lo solicitan y nosotros, a continuación, se lo comunicamos al BSA. Existe trazabilidad de todo el proceso».

El Hospital Veterinario de la UMU cuenta con las condiciones adecuadas para la correcta conservación y tratamiento de la sangre de perro y gato, pero estas condiciones varían para los diferentes elementos sanguíneos que se requieren en cada caso. El plasma, usado principalmente para la coagulación, puede almacenarse congelado entre diez y doce meses y, cuando se quiera echar mano de él, basta con calentarlo al baño maría. El concentrado de eritrocitos, en cambio, se guarda en la nevera y aguanta unos 42 días.

La cantidad de stock de sangre contenido en las reservas del Hospital Veterinario de la UMU varía en el tiempo. «Ahora tenemos unos 600 ml. El concentrado de eritrocitos de perro se almacena en bolsas de unos 200 ml y el de gato en bolsas de unos 30 ml. Los gatos dan más problemas para las extracciones y, aparte, necesitan un volumen menor de sangre», expone Alejandro Garridos, responsable del Servicio de Urgencias y Hospitalización del Hospital Veterinario de la UMU.

Concentrado de eritrocitos en el banco de sangre. | ISRAEL SÁNCHEZ

El proceso de extracción y transfusión de sangre animal es similar al de los humanos; no produce más dolor que el causado por la punción inicial que se hace al canalizar la vena por la que se transfunde la sangre. «La extracción tiene que ser lenta, con animales tranquilos y acostumbrados. Generalmente, no se seda al perro, es una inyección y ellos no notan nada, ni en la extracción ni después, pero puedes sacar la cantidad máxima permitida, no más», aclara Pepa Fernández. Este proceso requiere de tubos y bolsas de un material determinado para que las células no se rompan en el transcurso de la extracción, así como de agujas de un tamaño y calibre específico. «La sangre se transfunde progresivamente vía intravenosa, a lo largo de una hora, porque si introduces los productos de golpe existe el riesgo de colapsar los vasos sanguíneos o producir una sobrecarga a nivel vascular».

«En el Hospital funcionamos con la máxima del bienestar animal», dice su directora, Pepa Fernández

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No es raro que algunas clínicas veterinarias deriven casos complicados o de especial urgencia al Hospital Veterinario de la UMU. «Hay casos más complicados y, tras una transfusión, se necesita un seguimiento completo del animal durante las siguientes 24 horas, por las posibles reacciones adversas», explica el responsable de Urgencias y Hospitalización. «Nosotros, al ser un Hospital abierto las 24 horas del día, podemos hacer este seguimiento y tenemos un volumen bastante más elevado que el habitual».

«Las intoxicaciones por rodenticida son casos especialmente complejos. Recuerdo al perro de un vecino que se intoxicó, le hicieron vomitar y pensaban que todo estaba bien, pero los raticidas tienen efecto tardío y, de repente, a la semana dio síntomas. Lo trajeron a tiempo y conseguimos tratarlo con transfusiones. Las transfusiones salvan vidas», afirma Alejandro Garridos.

Bienestar animal

Las instalaciones del Hospital Veterinario podrían ser las de cualquier clínica para humanos. En un pequeño recorrido por sus pasillos, repletos de profesionales y estudiantes en prácticas, uno se encuentra con la sala de farmacología, TAC, consultas clínicas, oftalmología, quirófanos y las instalaciones de hospitalización.

«En el Hospital Veterinario funcionamos con la máxima del bienestar animal», explica Pepa Fernández. Los perros y gatos ingresados se encuentran en dos habitaciones diferentes, una para cada especie, con amplias jaulas que superan de forma holgada el tamaño que estipula la normativa vigente. Cama mullida, aire acondicionado y todo «más limpio que un jaspe, en condiciones, que es como se tiene a los animales», sonríe la Presidenta del Hospital.

La puerta anexa a las salas de hospitalización conduce hasta un patio diáfano, separado en dos apartes (ya saben, perros y gatos), con una pérgola que arroja sombra sobre diferentes superficies: «Hay algunos que son un poco especiales y les gusta hacer sus necesidades sobre hierba o tierra», aclara Alejandro Garridos.

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