25 de septiembre de 2019
25.09.2019
Los desayunos de La Opinión
Quirónsalud

Una rutina diaria y controlada, clave para evitar la falta de sueño en escolares

Distintos expertos debaten en LA OPINIÓN sobre las dificultades que tienen los alumnos para atender en clase por la ausencia de descanso y destacan la importancia de adquirir unos hábitos de vida saludables y la colaboración entre padres, docentes y sanitarios para poder conseguirlo

25.09.2019 | 04:00
Un momento de la mesa de expertos en la sede de LA OPINIÓN, que estuvo moderada por Ana García, redactora de Salud del diario.

Establecer una buena rutina del sueño en niños y adolescentes para la mejora de su rendimiento escolar, poner en marcha unos hábitos saludables, concienciar a los padres sobre la necesidad de que sus hijos tengan las horas de descanso necesarias y cómo afecta el uso de las nuevas tecnología en estos escolares fueron algunas de las cuestiones debatidas ayer en una nueva edición de los Desayunos de LA OPINIÓN.
A la mesa de expertos acudieron el doctor Gonzalo Pin, consultor del Servicio de Pediatría de Quirónsalud Murcia y jefe del Servicio de Pediatría y de la Unidad del Sueño de Quirónsalud Valencia; la doctora Marta Granados, pediatra del Hospital Quirónsalud Murcia; Ángel María García, secretario de Direcmur, Murcia Educa y director del CEIP Virgen del Rosario de La Cueva, de Monteagudo, en Murcia; y José Antonio Abellán, presidente de FAMPA Municipio de Murcia. El debate estuvo moderado por Ana García, redactora de Salud de LA OPINIÓN.

El doctor Pin, en primer lugar, puso sobre la mesa la situación actual: «Estadísticamente, tenemos un alto porcentaje de pacientes con déficit de sueño, que varía desde un 44% en los niños de 2 a 5 años con déficit crónico de sueño hasta un 63% en los chicos de 13 a 18 años. El 24% de estos alumnos se duerme en clase». Y es que uno de los grandes problemas de 'la vuelta al cole' en este mes de septiembre ha sido el 'descontrol' de horarios durante los meses de verano: «Si ya con los normales se produce un 'jet lag escolar', este todavía se acentúa al principio de curso porque se producen grandes cambios en el ritmo de sueño». Además, el doctor resaltó que a la hora de programar las asignaturas no es recomendable ponerle a un niño Matemáticas a las ocho de la mañana «porque los ritmos de aprendizaje son mínimos entre las ocho y diez de la mañana, son máximos a las once, y vuelven a bajar hasta el principio de la tarde».

A continuación, Granados hizo hincapié en la importancia de llevar el tema «al ámbito cotidiano», ya que «venimos de las vacaciones, donde la rutina y el horario han dado un parón que era necesario, pero ahora tenemos que volver a retomarlos para conciliar nuestra vida familiar y laboral». Para ello, la pediatra del Hospital Quirónsalud Murcia dio tres claves: la anticipación al cambio, en la que se debe dar tiempo tanto al adulto como al niño para ir ajustando sus horarios unos días antes; hacer una rutina concreta, donde en ocasiones habrá que ser «inflexibles» para cumplir los horarios; y la constancia en el tiempo de esta rutina. Según la experta, con estos tres puntos «podemos hablar de un éxito asegurado del 50%».

Por su parte, García señalaba que hay una «desnaturalización» de los horarios, sobre todo en Secundaria. Para el docente, muchos de estos problemas dependen de «la inercia de la sociedad en la que vivimos», apuntando que muchos niños, al acabar sus clases, tienen que acudir a actividades extraescolares que acaban a las nueve de la noche; y cuando llegan a casa ven los programas de televisión que les interesa, que suelen empezar, como pronto, a partir de las diez de la noche. También Abellán destacó que, en general, los menores murcianos tienen un verano en el que se acuestan de madrugada y se levantan tarde: «Han cogido un hábito durante dos meses que es difícil de cambiar en la primera semana del curso, pero si tuvieran una rutina establecida desde antes podrían rendir más en clase».

Respecto a esta cuestión, el doctor Pin expuso que durante un proyecto de investigación que llevaron a cabo se les enseñó a padres, docentes y alumnos a introducir hábitos de vida saludables, ya que «es importante coordinarlos para que nuestro reloj biológico esté de acuerdo con el reloj ambiental. La sorpresa de este estudio es que el grupo de edad de adolescentes fue el que más mejoró, además no solo en las notas, sino que también bajó un punto y medio los problemas de conducta en la escuela», destacó el experto, quien además aseguró que «los sanitarios tenemos que salir de los centros de salud y hospitales «para ir a donde están los alumnos y docentes para aprender de ellos y ellos de nosotros». No podemos ir cada uno por nuestro lado. La colaboración entre padres, docentes y sanitarios es muy importante para afrontar y solucionar con garantías esta situación».

¿Es necesario 'activar' a los alumnos a primera hora de la mañana cuando llegan a clase? La respuesta para el doctor Pin es afirmativa: «Es importante que vayan andando o en bici al colegio para que mejore su humor y que a la entrada del centro educativo se les ofrezca, por ejemplo, una sesión de diez minutos de baile o de canto para 'desempolvar' los cerebros, con el objetivo de estimular los relojes. De esta manera tendrán una mayor capacidad para mantener la atención». Además, entre algunas posibles soluciones para 'reajustar' estos horarios, Pin propuso que el adolescente entre al instituto a las nueve de la mañana «porque su reloj biológico está retrasado»; mientras que los niños de 5 a 8 años podrían hacer lo propio en los colegios una hora antes.

Al margen de las entradas a los centros educativos, el horario de salida, sobre las dos de la tarde en el mejor de los casos, también perjudica, ya que la hora de la comida se retrasa considerablemente. «Comer sobre las tres de la tarde coincide con el pico de insulina, altera los niveles de grasas posteriores y es el paso de tener lo que tenemos: somos el país casi inventor de la dieta mediterránea y somos los segundos más obesos del mundo», lamentó Pin. Una posible solución para el doctor, habilitar en el centro educativo un comedor que pueda servir como 'un aula de nutrición'.

Por otra parte, Granados explicó que «más de la mitad de los niños duerme poco o mal. Es una alerta casi social a tener en cuenta». Anunció que desde Pediatría también se puede ayudar mediante la elaboración y el seguimiento de un 'calendario de sueño'. «A veces no vemos las cosas hasta que no están plasmadas por escrito, y de este manera el especialista puede ayudar a las familias y orientarlas para ver qué se está haciendo bien y qué se está haciendo mal». Todo depende, según la pediatra, de la edad del niño y qué horas de sueño necesita, «porque un lactante de un año duerme entre 12 y 14 horas; mientras que un adolescente necesita solo nueve».

Uno de los problemas que surge con la llegada de septiembre es que los padres, en ocasiones, les llegan a transmitir el estrés diario del trabajo a los hijos: «Ellos son nuestro reflejo, y si hacemos las cosas mal, se las estamos transmitiendo», indicó Abellán, que también apostó porque tanto padres, docentes, sanitarios, junto al apoyo de la administración, puedan poner sobre la mesa las cuestiones necesarias para trabajarlas. «Si en lugar de entrar a las nueve de la mañana a clase pudiesen entrar una hora antes, lograríamos la conciliación de vida familiar y laboral tan necesaria que venimos reclamando».

Otra de las últimas cuestiones planteadas en la mesa de expertos fue el uso de las nuevas tecnología en edad escolar y cómo afecta durante el periodo de formación, tanto fuera como dentro de clase. El doctor Pin resaltó que los padres deben de predicar con el ejemplo: «No puede ser que les digan a sus hijos que dejen de jugar al ordenador cuando ellos están con el móvil. Uno de los objetivos del proyecto fue organizar cenas en familia en la que no hubiese ningún tipo de pantalla. Esto no es ninguna tontería, es necesario que haya una conversación entre todos para estimular la parte afectiva del cerebro». Asimismo destacó que es «un error» que los niños menores de siete años utilicen las pantallas en las clases «porque el desarrollo del paso de la visión en 2 dimensiones de una pantalla a las 3 dimensiones que tenemos en la naturaleza, hasta pasados cinco años, no es del todo exacto».

Y es que esta problemática surge, según el presidente de FAMPA en Murcia, cuando los padres le dejan el móvil al menor para intentar calmarlo cuando llora: «Esa no es la forma de educar. Además, se debe limitar el uso horario de este tipo de dispositivos». También se sumó a esta reflexión García, señalando la incoherencia de que en las clases se esté estudiando «las características de un árbol en una pantalla. Hay que darles la oportunidad de explorar. En nuestro centro solo se usa la tecnología como un instrumento, como marca la ley. Convertir la innovación educativa en que todo se enseñe a través de una pantalla es un error», aseguró. Granados, por último, recomendó que, aunque «vivimos en una sociedad donde los niños han nacido con estas nuevas tecnología», los padres prohíban su uso a los menores de dos años.

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