08 de julio de 2019
08.07.2019
La Opinión de Murcia
Misterio

Fantasmas con interés turístico en la Región

Pánico, seres del más allá, sombras y horror son atracciones que cada vez más personas buscan en sus vacaciones, y resulta que en la geografía murciana hay sitios ideales para estos amigos de lo terrorífico

08.07.2019 | 04:00
Sanatorio abandonado de Sierra Espuña.

Destacan el popular sanatorio de tuberculosos de Sierra Espuña o la misteriosa Casa del Cónsul de La Unión

Fantasmas, miedo, frío, seres del más allá, sombras misteriosas y horror son atracciones que cada vez más personas buscan en vacaciones. En la Región hay sitios ideales para estos amigos del terror. No son lugares habilitados como parques temáticos de lo horrible, sino sitios muchos de ellos abandonados y dejados de la mano de Dios. De ahí que no se organice un turismo de hoteles y rutas, como sí está pasando en Chernóbil (más aún, después de la serie de HBO), pero sí que se detecta que viene gente de todos los puntos de España a ver estos lugares. ¿Por qué? Porque lo fantasmagórico sigue ganando adeptos.

De hecho, la Región es tan rica en historias fantasmales que podría sacar tajada si se organizasen rutas por sus enclaves 'encantados'. Porque sí: hay quien se desplaza en vacaciones en busca de ruidos, extrañas sombras y variadas psicofonías.

Es lo que pasa con el Sanatorio de Sierra Espuña, que se ha convertido en un referente turístico de Alhama de Murcia, a pesar de que desde hace un tiempo esté prohibido el acceso al hospital abandonado. Se habla de una dama que se pasea por los pasillos y que en su día, cuando el lugar aún estaba abierto, aterrorizó a los empleados, que incluso pidieron el traslado.

La Unión tiene otro de esos inmuebles fantasmagóricos. El 27 de marzo de 1982, tendido en el suelo y sobre un charco de sangre, aparecía el cadáver de Alfonso Martínez Saura, dueño del Hostal El Consul. Tenía en el cuerpo 63 puñaladas, aunque, curiosamente, ninguna mortal de necesidad. El local estaba cerrado a cal y canto: nadie pudo entrar ni salir. Hay quien lo tuvo claro: a Alfonso lo había matado un fantasma. Y la leyenda creció y creció. Había nacido otro lugar para los amigos de lo oculto, que se cuelan en el sitio.

Desastres, sufrimiento, tragedias y muerte: ¿qué lleva a alguien a viajar a este tipo de lugares? «Aunque sabemos que la muerte es el final de todo, es la gran desconocida y nos sentimos fascinados; sabemos que vamos a morir, pero nadie cree en su propia muerte, y como individuos nos es muy difícil de imaginar», afirma Francesc Núñez, sociólogo y profesor de los Estudios de Humanidades de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), tal y como indicaron fuentes de esta institución docente. Según Liviano, desde la academia se ha intentado dar respuesta a las motivaciones de los tanatoturistas y explicar por qué se sienten atraídos hacia lugares o experiencias asociados a la muerte y al sufrimiento.

«Están los que sienten el viaje como una motivación moral o espiritual y adoptan una actitud de peregrinación secular», explica Liviano. Una persona puede visitar el escenario de un genocidio para mostrar empatía con las víctimas, recordarlas y honrarlas, y estar guiada por un sentido de deber moral. «Otros turistas de esta categoría no tienen una motivación para con las víctimas y simplemente visitan estos lugares con un deseo o una necesidad de contactar simbólica y emocionalmente con la muerte», considera el profesor. En la Región, están estos sitios, por ejemplo:

Villa Rosalía. Librilla
En la Casa Méndez (o Villa Rosalía) ya no vive nadie. La que fuera una imponente mansión edificada a principios del siglo XX es ahora un vestigio que, oficialmente, sigue en manos privadas (las de la familia Méndez). Si sus dueños no la arreglan, el Ayuntamiento tampoco puede, al no tratarse de un BIC. La imponente vivienda, eso sí, sigue de pie, y los amigos de lo paranormal tienen claro que sí hay moradores: los fantasmas. Según se detalla en Historia de Murcia y Cartagena en pildoritas, de José Vilaseca, de la casa emanan «llantos y quejidos y profundos pasos».

El Sanatorio de Sierra Espuña
Que en el sanatorio abandonado hay fantasmas es más que una leyenda que se cuenta por la zona: es un clásico de las páginas de parapsicología. Sólo hay que tirar de Google para encontrarse con numerosos testimonios de personas que aseguran haber tenido en el lugar un contacto con lo paranormal. Suelen repetir lo mismo: la mayoría ven a una mujer que aparece y desaparece en los pasillos y ventanas del edificio. Cómo no, también hay psicofonías grabadas en el edificio. Los turistas que se acercan van armados con cascos y aparatos de grabación. Se cree que este edificio está encantado desde que tuvo un cierto protagonismo en el programa de televisión Cuarto Milenio, de Iker Jiménez, en el que se aseguraba que las almas de los pacientes vagan por aquellas paredes del hospital abandonado. A partir de ahí, han surgido numerosas investigaciones como la que llevó a cabo la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP).

El Hostal El Cónsul de La Unión
Un cuerpo con 63 puñaladas tirado en un charco de sangre. Un hotel cerrado a cal y canto del que nadie pudo entrar y salir. Un misterio: el de la muerte de Alfonso Martínez Saura, allá por 1982, en el Hostal del Cónsul de La Unión. Un local que sigue inspirando las más tétricas hipótesis y al que se han desplazado amigos de lo oculto para tratar de sacar psicofonías. Y vaya si las sacaron. «Aquí nací, muero aquí» y «por mentir, cerdo, ¡muere por mentir!» son dos de las más célebres. El caso es que ningún fantasma ha dicho todavía quién mató a Alfonso Martínez, quien llegó a ser cónsul en Costa de Marfil.

El Palacio Guevara de Lorca
Cuenta una leyenda que por las noches, en la escorzada escalera de sillería que conduce a la planta principal del Palacio de Guevara, se oyen los cascos de un caballo, el de don Juan de Guevara, quien mandara construir la Casa Palacio allá por el año 1694. Los que lo han oído aseguran que se trata de don Juan de Guevara, que cada noche abandona su descanso eterno para volver a la casa que mandó construir y que apenas disfrutó unos años junto a su esposa doña Isabel. Es el edificio más significativo de todo el barroco civil de la Ciudad del Sol y parece ser que está encantado. Ni los seísmos mataron al fantasma que dicen habita en él.

El Monasterio de San Ginés de la Jara de Cartagena
Ahora mismo abandonado (lo están arreglando, no se puede visitar hasta que acaben), el monasterio de San Ginés de la Jara está en el municipio de Cartagena, cerca del Mar Menor. Las leyendas dicen que ahí dentro hay fantasmas y que una vez guardó el Santo Grial. «Han llegado a ir cientos de personas incluso a celebrar fiestas de Halloween», explicaba hace unos años Javier Lorente, presidente de la Asociación de Amigos del Monasterio. Pese a haber sido declarado Bien de Interés Cultural por decreto de 28 de febrero de 1992, el monasterio está en un lamentable estado de ruina.

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