12 de diciembre de 2017
12.12.2017
Sucesos

Investigan la muerte de un recluso murciano en la cárcel de Castellón

La familia asegura que el cadáver de Manuel presentaba cardenales y signos de haber sido maltratado - Instituciones Penitenciarias explica que siempre se encarga la autopsia, pero que los resultados tardan

18.12.2017 | 13:52
Manuel Fernández Jiménez.

Instituciones Penitenciarias ha abierto una investigación para tratar de esclarecer la muerte de un recluso murciano el pasado mes de octubre en la cárcel de Albocàsser (Castellón II).

El difunto es Manuel Fernández, de 28 años, natural de El Puntal (Murcia). Su familia asegura que, cuando les entregaron el cadáver, este presentaba cardenales y signos de haber sufrido una muerte violenta. Sus parientes creen que el chico «ha muerto violentamente, a manos de los carceleros, ya que él estaba en aislamiento y no tenía contacto con nadie más», denuncian. «Lo han matado y tiene signos de haberse defendido», afirman familiares del joven, que insisten en que Manuel no sufría alguna enfermedad que justifique la «muerte súbita», que es, señalan, la causa que les han dado.

Desde Instituciones Penitenciarias explican que, cada vez que se produce la muerte de un interno, se abre una investigación al respecto, en la cual se encarga una autopsia. Añadieron que los resultados de las pruebas toxicológicas pueden tardar meses.

Fuentes cercanas apuntaron que la familia de Manuel sospecha que alguien está detrás de la muerte del joven porque este ya había tenido problemas entre rejas. En este sentido, detallaron que el recluso estaba cumpliendo condena primero en Alicante, y que allí se peleó con otro preso al que había prestado una tele, porque él no se la quería devolver. La madre de Manuel habló entonces con el director de la cárcel y le pidió que trasladaran a su hijo a otro módulo para evitar más enfrentamientos. Finalmente, Manuel fue cambiado de cárcel hasta la de Castellón, donde lo metieron en aislamiento. «Él había estado ya en esa cárcel y se quejó a su familia de que le pegaban los carceleros», subrayan.

Apoyan a la familia del difunto los colectivos Convivir Sin Racismo, Asociación de Gitanas Feministas por la Diversidad, Familias frente a la Crueldad Carcelaria y la Coordinadora Anti Represión.

La muerte se produjo el 22 de octubre. Llamaron de madrugada a la madre del chico para informarle de lo sucedido.
«No le dieron ninguna otra información más que el teléfono de la funeraria. La madre habló con algún empleado de la misma para que trasladaran el cuerpo de Manuel a Murcia», aseguran los denunciantes. «No trajeron ningún papel, ni certificado de defunción, ni informe de la autopsia ni nada. Les tuvieron que pedir algún papel que documentara la situación, a través de un abogado, ya que se negaban a entregarlo», agregan.

«Cuando la madre llamó por teléfono a la funeraria, dijeron que no sabían cuándo iba a llegar. Les avisaron a última hora y llegó a Murcia por la tarde, a las 18.30. Llamaban a Castellón, a la cárcel, a los juzgados... y nadie les daba ninguna información», reclaman los demandantes.

El cuerpo presentaba, según su familia, «marcas de esposas y ataduras en muñecas y brazos, y también en los tobillos; dedos rotos y uñas de las manos destrozadas; el pecho lleno de heridas y cardenales y marcas en el cuello».

Según la familia, se desplazaron al lugar cuatro agentes de Policía, pero se negaron a mirar siquiera el cuerpo, diciendo que no era cosa suya al haberse producido la muerte en Castellón.

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