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Si ellos hablaran

Once meses de maltrato y uno de protección animal

30.12.2017 | 22:32
Once meses de maltrato y uno de protección animal

No quiero ser enero, ni febrero, porque muchos perros regalados en navidades fueron abandonados y, otros tantos, maltratados. Es el caso de Pelucha, una podenca extraviada que apareció calcinada y con varias costillas rotas. Tampoco quiero ser marzo, cuando a través de una operación del Seprona supimos que muchos perros de caza sufrían amputaciones de orejas y rabos sin anestesia ni medios. Ni deseo ser abril, en el que una persona se dedicó a acribillar a perdigonazos a gatos callejeros, esos mismos que tantos envenenamientos sufren cada año.

No quiero ser mayo, cuando una persona pegó una paliza a su perro y lo lanzó por el balcón. Y prefiero olvidar junio, cuando 15 perros fueron maltratados en una casa de Galicia, aunque el responsable fuera posteriormente puesto a disposición judicial. Me gustaría borrar julio, cuando se supo que una pareja tenía un león como animal de compañía en su casa, porque las autoridades siguen sin hacer nada contra la tenencia de animales salvajes y el tráfico ilegal de especies.

No quiero ser agosto, porque, a las noticias habituales de abandono de animales, se unió este año la de una cría de delfín que apareció varada en una playa. El animal falleció por el hostigamiento de los bañistas al intentar hacerse un selfie con ella. Y preferiría, también, olvidar septiembre, cuando conocimos la existencia de una red que organizaba peleas de gallos, aunque, eso sí, por fin ese mes, como en el resto de la península, el gobierno canario las prohibió. No quiero ser octubre, cuando unos bárbaros se lanzaron sobre un centenar de crías de cerdos, matándolas por aplastamiento. Los 15 meses de prisión a los que fueron condenados los responsables no me alivian el dolor del recuerdo. Y tampoco quiero ser noviembre, en el que unos senderistas se encontraron a un jabalí y lo despeñaron montaña abajo.

Sólo quiero ser diciembre, cuando la ley, por fin, comenzó a cambiar en España y reconoció legalmente lo que todos ya sabíamos: que los animales sienten. Ojalá ese sea el principio para convertir nuestro país en un lugar mejor para ellos.

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