Entre letras

Al amor de ella

26.08.2016 | 04:00

La editorial Alfar, de Sevilla, acaba de publicar un volumen que recoge toda la obra poética de Diego Martínez Torrón, titulado Al amor de ella. Poesía completa (1974-2014). El autor, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Córdoba y prestigioso investigador de la historia literaria, ha reunido en este volumen casi cuarenta años de poesía, desde su primer libro, Guiños (1981), hasta el último inédito Llorar por Ella (Poemas de amor y muerte). Son en total nueve libros junto a los dos ya citados, alfa y omega de su lírica: Alrededor de ti (1984), La cuatro estaciones y el amor (1990), La otra tierra (1990), Tres pájaros en primavera (1995), El palacio de la sabiduría (2001) Adagio al sol (2007) y Fantasmas en la niebla (2009). Jorge Guillén, Luis Alberto de Cuenca, Ángel Crespo, Jaime Siles y Gustavo Martín Garzo prologaron alguno de estos libros y establecieron la calidad y la inspiración honda de un poeta excepcional, que ha tenido como musa a Ella (la amada según Guillén), inspiradora de todos sus poemas y cuya desaparición, inesperada y repentina, ha motivado el último y elegiaco libro, con el que su autor ha decidido cerrar definitivamente y para siempre su obra poética.

Son en total 670 páginas que forman un ´libro de amor´ (también denominación guilleniana), especie de cancionero amoroso, inspirado por la vida diaria en la que amor y pasión fueron construyendo un edificio inmenso que ahora podemos contemplar y leer en su conjunto y descubrir la proximidad afectiva en la que junto a la esposa y madre, María del Pilar, la mujer del poeta, están también Blanca y Rocío, sus hijas. En todo caso, su representación del amor es múltiple y se evidencia en los matices distintos que pueden advertirse en cada uno de estos libros, consecuencia normal de una poesía tan dilatada en el tiempo, escrita lo largo de cuatro décadas, receptora de experiencias vitales que la fueron enriqueciendo día a día, verso a verso.

El propio autor ha señalado en su poesía tres etapas, que revelan una evolución en el tratamiento del tema básico y fundamental de su poesía que no es otro que el amor. Tras una etapa inicial experimental, cercana a un surrealismo bien entendido, siguió una época de mayor concentración en el concepto pero centrada en una estética de la sencillez, expresada en un laconismo conceptual muy efectivo. Y la tercera, de una intensidad emocional muy fuerte, presidida por un tono elegíaco y la representación de la muerte como premonición y realidad.

Podríamos afirmar, de esta forma, que en conjunto, la poesía de Martínez Torrón se distingue por lo que el poeta denominó estética de la sencillez, acuñada en una ausencia de hueca retórica, que persigue, como propugnaba uno de sus maestros, Jorge Guillén, el triunfo de la claridad. Con estos mimbres, construye Martínez Torón su poesía del amor evidenciando matices que van desde la sensualidad desnuda al idealismo más acendrado. El propio amor desarrollará una vertiente familiar, paternal y aun doméstica con la presencia de las hijas, que se enriquece a lo largo de los años con reflexiones de carácter filosófico sobre la belleza, la literatura y el arte, pero más aún sobre la naturaleza, la vida, el destino, la ultimidad del infinito y la muerte. Sólido estudioso del romanticismo y de la poesía romántica española, no es extraño que Martínez Torrón enriquezca estas reflexiones metafísicas con una visión romántica actualizada al tiempo presente y a la civilización contemporánea.

Se pegunta el poeta si tiene sentido publicar versos de hermosas palabras en este proceloso y recién iniciado siglo XXI, y si la poesía es un engaño o una ficción. Y asegura que «es posible que la poesía deba olvidar los pasados modos esteticistas del idealismo metafísico». Pero lo cierto es que el poeta confía en que este mismo idealismo sirva para dar un sentido a la civilización contemporánea, la «civilización de la ciencia y la tecnología», admirable en sus logros pero cruel en sus consecuencias sociales.

Quien esto piensa y argumenta lega en su libro al futuro y al porvenir un volumen repleto de experiencias vitales que justifican, en efecto, la necesidad de la poesía en el tiempo presente y su valor como modo de reflexión y de hallazgo de tantas respuestas nuestro convulso mundo contemporáneo.

Un libro, tan nutrido de vitalismo, es con seguridad un estímulo para el lector que se compromete con el autor en sus experiencias, las comparte y las aprecia como obra esencial de un ser humano inmerso en nuestro tiempo presente.

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