Tribuna Libre

Otro político, la chabola y otro invierno

29.10.2015 | 04:00
Miguel Ángel Alzamora Domínguez

...aquellos a quienes se manda a primera línea a fin de desempeñar las funciones llamadas ´sociales´ y suplir las insuficiencias más intolerables de la lógica del mercado sin darles los medios para realizar realmente su misión.
Pierre Bourdieu en Contrafuegos.

Llega el invierno y una vez más con la triste noticia de que no sólo hay gente incapaz de mantener su vivienda, sino que hay otros capaces de echarlos de sus casas, con la ley en la mano. Lamentablemente, parece que las continuas noticias sobre los deshaucios no solo no han servido para sensibilizarnos sino que, paradójicamente, para muchos han tenido el efecto contrario. Parecería que estamos ya acostumbrados a las cifras del desastre humano que suponen cada año el desalojo de familias de sus viviendas en nuestro país. Pero el drama de la vivienda no acaba ahí. Siempre hay alguien que está aún peor, y si bajamos un poco más abajo, allí donde ni siquiera existe el suelo artificial, encontraremos familias que en el municipio de Murcia siguen viviendo en chabolas desde hace muchos años.

La vulneración sistemática del derecho a la vivienda, deja, además, sin otros derechos a las familias afectadas, entre ellos, el de participación política, lo que ahonda su aislamiento y los relega a una mínima capacidad de interlocución, acción y negociación social y política. Y si bien el problema que aquí nos trae es reconocido por todos, podemos también vislumbrar como las discursivas fintas ya históricas de muchos políticos, deja la solución de este problema en estado latente un año tras otro.

Empezando por lo local, no podemos dejar de hacer referencia a algunos de los discursos del último alcalde de Murcia, el señor Cámara. En 2004 en Zaragoza afirmaba que «el ayuntamiento de Murcia siempre ha favorecido las políticas de cohesión social para los colectivos con más necesidad de apoyo (€) y siempre buscando mecanismos que permitieran superar los problemas de accesibilidad a una vivienda». Ese mismo año el señor Cámara en el programa El alcalde al habla dijo que iba a destinar dos millones de euros a la erradicación del chabolismo en el municipio.

Por su parte, en 2013, el consejero de Obras Públicas y Ordenación del Territorio, señor Sevilla y miembros del gobierno del ayuntamiento de Murcia pudieron recibir información de un diagnóstico sobre la miserable situación habitacional y sobre la vulneración de derechos de las familias «tradicionalmente chabolistas». Se creó así la Mesa Técnica para la Erradicación del Chabolismo, cuyo impacto sobre la vida de las familias afectadas ha sido nulo.

Y cómo no, en estos días de parlamentarismos electoralistas donde algunos ostentan sus mayores galas discursivas prometiendo políticas sociales para años venideros, encontramos que desde el púlpito, parece difícil bajar la mirada hacia la vuelta de la esquina, allí donde se siente cada noche la humedad del invierno.

Una vez más, el jueves pasado escuchamos al señor Bernabé, consejero de Fomento e Infraestructuras, en su comparecencia en la Asamblea Regional, ´enumerando´ acciones para la erradicación del chabolismo y la infravivienda. Para llevarlas a cabo, una vez más, se ha creado la ´Comisión técnica para la erradicación del chabolismo´. Y una vez más, nos tememos, cual será el impacto en la vida real de las personas afectadas por esta situación.

Como podemos observar, aparentemente existe un mismo interés político a lo largo del tiempo, en el nivel local y regional en solucionar el problema. Lo que no encaja ya, lo que convierte estos discursos en ´puro teatro´, es que las familias que sufren ese problema siguen siendo las mismas desde hace más de veinte años.

Son las mismas que han sufrido diversos desalojos posteriores a ordenanzas municipales y las mismas a las que se les prometió el acceso a una vivienda digna cuando realizaron protestas en la puerta del Ayuntamiento, allá por finales del siglo pasado. Son las mismas familias que se preparan de nuevo para el húmedo invierno, con tradicionales enfermedades respiratorias, con tradicional falta de agua y luz, con tradicional hacinamiento y con tradicional desconocimiento de las promesas que especulan con sus vidas. Son las mismas que como único recurso les queda la solidaridad de las incansables ONGs y trabajadores sociales que con ´sus palicos y sus cañicas´ intentan disminuir algunas dosis de su sufrimiento. La solución es política, y sólo puede llegar de la acción de los gobiernos locales y regionales que dispongan verdadera voluntad para ello. Es tarde y empieza a refrescar.

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