La balanza inmóvil

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27.09.2013 | 04:00

dice el Rey: «Tiene la palabra el Fiscal General del Estado». Y le dice el ministro de Justicia: «No le toca». Y dice el Rey «por qué», y responde el ministro» «Porque acaba de hablar y ahora le toca al número 3». Joé, que tranquilo me quedo cuando un discurso tan importante del Fiscal General del Reino, ese que junto con la Audiencia Provincial de Palma de Mallorca considera que la infanta no debe declarar como imputada en el caso de su marido y socio. Ese discurso donde la unidad de España fue reivindicada por el fiscal con frases tan bonitas como «la indisoluble unidad de la nación española, patria común e indivisible de todos los españoles» (y a mí que me suena esta frase). Torres Dulce defendió asimismo el deseo de participación social de una ciudadanía que sufre la depauperación y que está decepcionada por la conducta poco ejemplar de algunos cargos públicos. Pero lo que más me gustó fue cuando se opuso a las zonas de penumbra para los corruptos que se lucran a costa del interés común. Y el Rey abstraído, cuentan las crónicas.

Menos mal que quien se tenía que enterar, el ministro, sí se enteraba de eso y de que el fiscal pedía más autonomía en el caso de asumir la instrucción penal. Otra cosa es que se pase por el forro de su mayoría absoluta estas reivindicaciones. Y no es que se pida más autonomía, añado yo, me conformo con que sea autónomo, que tal como está redactado el Estatuto del Ministerio Fiscal de eso nada de nada, sino todo lo contrario; el principio de jerarquía es el que impera, junto con la dependencia de la superioridad que es el Fiscal General del Estado, que es puesto por el Gobierno. Vamos, que si el fiscal va a instruir sin reformar su Estatuto y si el presidente del Tribunal Constitucional puede estar afiliado a un partido político, me quedo mucho más tranquilo que este año las cosas vayan mejor, tras la apertura del año judicial.

Por eso, siguiendo instrucciones de los más sabios „después de la Merkel, claro„, los tribunales de EE UU, doy un ´me gusta´ en Faceboock al discurso del fiscal. Y esto, dice un tribunal virginiano, es un acto de libertad de expresión amparado por la primera enmienda de su Constitución (la de las armas y pena de muerte). El ´me gusta´, sentencian, es como una pancarta política en el patio de nuestra casa. Y para lo cual han escrito 81 paginas, porque uno de los empleados del sheriff Hampton (no es el mismo que el de los Dalton) fue despedido, según él, por dar ´me gusta´ en la campaña del rival de su jefe. En España simplemente el despido seria nulo por represalia, aunque se lo mereciera por tonto.

Lo contrario a este lelo fue ese presidente de un consejo de administración (esto ya en España) que para evitar que fuera cesado disolvió la reunión y la convocó horas más tarde, porque en el orden del día no estaba previsto su cese. El Tribunal Supremo le ha dicho que se pasó de listo, porque si los consejeros querían removerlo, es un abuso de facultades de un presidente, que también podía calificarse de contrario al interés social, evitar su destitución mediante la decisión de levantar la sesión.

Uno por tonto y otro por listillo, los dos a la calle. Ay, si fuera tan fácil largar a los corruptos.

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