La Murcia que se nos fue

Viiolencia y crímenes en la Murcia del siglo XVI

Uno de los casos más comentados en la ciudad fue el ocurrido en el barrio de San Andrés: una pelea tumultuosa llegó a desarrollarse en el interior de la iglesia parroquial con el resultado de varios muertos

22.02.2017 | 04:00
Ginés de Rocamora Torrano

VIOLENCIA EN LAS CALLES DE MURCIA
Años convulsos los del siglo XVI en Murcia pues, entre otras cosas, la violencia estaba a la orden del día y rara era la jornada en la que no se daba cuenta de una o más muertes violentas en las calles de la ciudad. Fueron tantos los crímenes cometidos, escándalos y violencia desatada que muchos de aquellos casos quedaban en la impunidad hasta el punto que el propio síndico del Concejo, don Diego de Lara, hizo una extensa memoria de todos aquellos casos y la hizo pública para que se enterase el propio corregidor de la ciudad. Se decía que algunos de aquellos crímenes quedaban en la impunidad incluso con el conocimiento de las autoridades que no podían o querían hacer nada para impedirlo. Murcia era un caos. Uno de los casos más comentados en la ciudad fue el ocurrido en el barrio de San Andrés muy cerca de su iglesia parroquial y que tuvo graves consecuencias pues la pelea más grande y tumultuosa llegó a desarrollarse en el interior del recinto sagrado con el resultado de varios muertos. Los hechos ocurrieron de la siguiente manera según consta en documentos de la época: «Junto a la Iglesia de San Andrés movieron dura pelea varios hombres de aquel barrio ante la llegada de otros que pretendían hacer el mal. De la pelea que se originó entre ambos grupos resultó muerto uno llamado Escortel. El matador entonces entrose en la Iglesia y se subió al campanario para refugiarse en sagrado. A este tiempo llegó uno de los alcaldes; mas como el criminal estaba refugiado en sagrado, fue a consultar con el provisor. Llegaron mientras gentes armadas, amigos del muerto para vengar su muerte. Con ellos iba un aguacil llamado Juan Jaén que sin esperar respuesta de la Iglesia se subió al campanario y desarmo al agresor. Entonces una vez desarmado le dio muerte. Los del bando contrario viendo aquello entraron también en la Iglesia y se enfrentaron a los otros dando muerte a varios de ellos en recinto sagrado».

LA SANTA HERMANDAD PROHíBE LA PROSTITUCIóN
Muchas fueron las normas, y consiguientes prohibiciones, que la Santa Hermandad promulgó en Murcia desde que se implantó el 6 de junio de 1478. Hay que hacer constar que no todos los regidores estaban de acuerdo en que se creara en esta ciudad, pero al final se impuso el corregidor y los que con el estaban a favor. Este cuerpo de armas fue implantado al final en Murcia y su huerta en la fecha señalada anteriormente. Aparte de las normas que se dictaron para el buen ordenamiento de la huerta, regadíos, venta de productos agrícolas y convivencia entre los huertanos, se dictaron otras para el uso de armas, duelos, lances de toros, etc. Pero quizá las más fuertes, pues imperaba la dura ortodoxia de la Iglesia, eran las relativas a la moral, las buenas costumbres y el culto a Dios. Pues la blasfemia estuvo muy perseguida y la falta de asistencia a misas y cultos era también castigada. Entre estas últimas destacamos hoy las relativas a la prostitución que fue penada con mayor o menor castigo según los casos. «Que a las mujeres mundanas que venden y comercian con su cuerpo y sus encantos naturales y que tuvieran públicamente rufianes se les darán cien azotes por toda esta ciudad para escarnio público y al rufián que tuvieren otros cien azotes y el y ella perderán la ropa que tuvieren puesta para que el aguacil mayor y esto por la primera vez que los hallaren. Y por segunda a ella se le darán doscientos azotes por todas las calles de esta ciudad y al rufián le será cortado el pie derecho y el y ella perderán toda la ropa que tuviesen puesta cuando fueran sorprendidos. Y la tercera vez que se les encontrase de nuevo copulando el rufián y ´la puta´ serán ahorcados. Estas leyes comienzan a aplicarse en el mismo momento que el señor corregidor firme y de fe de cuanto aquí se dice».

LAS MEJORES COMPAÑíAS TEATRALES EN MURCIA
El esplendor de la Corte llega a Murcia bien entrado el siglo XVIII y los teatros de la ciudad son objeto de representaciones y visitas de las más famosas compañías de comedias que, en aquellos años, representaban en Madrid. Concretamente entre el 1767 y 1771, ambos inclusive, actuaron en el teatro de Murcia las compañías que gozaban de mayor renombre en la Corte. Hemos encontrado referencia explícita a las de Morales, Galván, Hermenegildo Caballero, Antonia Salar y Antonia Vázquez. La primera compañía dejó unas ganancias liquidas a la llamada Comisión de Propios de más de doce mil reales (una cantidad de dinero enorme para la época), la segunda todavía dejo más dinero pues superó los veintisiete mil reales. La tercera superó los veinticuatro mil. En fin, que el resultado del beneficio de estas compañías teatrales, para la Comisión de Propios, superó en aquellos cuatro años los ciento veinte mil reales. Muchísimo más dinero que el Concejo tenía para mejoras en la ciudad. Un éxito desde luego. De todas las compañías la que mayor expectación despertó en esta ciudad fue, sin duda, la de Hermenegildo Caballero pues en ella iba la célebre Francisca Luque una primera dama muy admirada en la Corte y que gozaba del favor real según se sabía en la época. Hasta tal punto era su fama que la ciudad tuvo que enviar un carruaje propio y escoltas para traerla desde Madrid. Un curioso documento lo acredita en un recibo, que consta en las actas capitulares, donde se da cuenta del gasto efectuado para traer a la Luque a Murcia: «Recibí de don Juan Antonio Luis Martínez, apoderado de la ciudad de Murcia, setecientos y ochenta reales de vellón, para pagar el carruaje y escolta que ha de conducir a Francisca Luque y Ortega a representar en la compañía cómica en dicha ciudad. Firmado en Madrid el día veintitrés del mes de abril del año del señor de mil setecientos y sesenta y ocho. Yo el representante de la Luque, Joseph Campano».

EL ALCALDE MAYOR DE CARTAGENA Y EL MARQUÉS DE LOS VÉLEZ
El año 1656 fue muy conflictivo en lo que a las relaciones personales se refiere entre el Marqués de los Vélez, nombrado Adelantado Mayor del Reino de Murcia por Felipe IV, y el alcalde mayor de la ciudad de Cartagena. Estas inquinas y enfrentamientos dieron lugar a varios episodios donde, incluso, tuvo que tomar parte la Justicia pues tanto el marqués como el regidor cartagenero nunca se avenían a razones. Y el diálogo nunca existió entre ellos. Uno de los muchos enfrentamientos que tuvieron ambos personajes fue con motivo de las fiestas de San Roque que, en aquellos años, eran celebradas con gran regocijo por la población. Como se sabe, la festividad de este santo es en el mes de agosto y teniendo en cuenta la dureza del estío cartagenero y la proximidad del mar era durante la noche el momento elegido para el solaz y la juerga.

Era costumbre celebrar la festividad del santo con disparos de mosquetes en las inmediaciones de su ermita. La víspera de San Roque, aquel año de 1656, se hallaban presentes algunos soldados que no dudaron en sumarse al jolgorio general y hacer uso de sus armas para celebrar la solemne festividad. Pero pasó por allí el alcalde mayor de la ciudad, que ya se encontraba en pleitos con el adelantado, y mandó de inmediato a un emisario que les prohibiese disparar. Pero ellos no hicieron caso alguno a la prohibición diciendo, en su defensa, que no hacían agravio a nadie y que además tenían licencia del adelantado.

Y cita textualmente la crónica: «Enfureciese el alcalde mayor y los ultrajó con muchas palabras de desprecio y amenazas que obligaron a que los soldados fuesen a quejarse al marqués y a decir que querían vender los mosquetes y retirarse de los ejercicios militares, pues por ser soldados y estar a sus órdenes eran maltratados por el alcalde mayor y ellos no reconocían más autoridad que el señor adelantado». Este asunto que hoy llamaríamos de ´competencias´ tuvo que ser puesto en conocimiento de la justicia para que fuera esta quien decidiera que parte llevaba la razón si la milicia o el alcalde mayor.

GINÉS DE ROCAMORA
Entre la innumerable pléyade de murcianos desconocidos hoy en nuestros días, pero que aportaron enormes trabajos y conocimientos en su época hasta el punto de ser reconocidos para su mayor gloria, se encuentra Ginés de Rocamora Torrano. Este nombre, para la gran mayoría, no deja de ser el de una calle ubicada frente a la barriada de Santa María de Gracia. Pero nadie conoce más de este personaje clave entre los siglos XVI y XVII que incluso gozó de los favores del rey Felipe II de quien era consejero en temas de ciencias. El monarca confiaba en el murciano y le consultaba dudas especialmente en el campo de las matemáticas y la astronomía. Hoy, como decíamos, es un gran olvidado por todos. Estos son algunos datos biográficos del personaje. Nació en Murcia en 1551. Era hijo de Jaime de Rocamora y Luisa Torrano. En 1588 fue regidor en Murcia y caballero de la Orden de Santiago. Fue durante su época de regidor cuando Francisco del Águila pintó, adecentó y doró el túmulo funerario de la Catedral de Murcia donde se encuentran los restos del rey Alfonso X el Sabio. Así mismo, por orden suya como regidor se añadieron las dos figuras de los heraldos que hacen guardia permanente junto a la arqueta funeraria. En el año 1591, cuando tenía cuarenta años de edad, se traslada a Madrid pues desempeña la función de procurador a Cortes por el viejo Reino de Murcia. Durante su estancia en aquella ciudad, animado por compañeros y apoyado por la sociedad madrileña que valoraba sus conocimientos, explicaba en su casa la ciencia y la descripción astronómica del universo. Así mismo era un estudioso de la Filosofía Natural. Un tiempo después escribió su gran obra ´Esfera del Universo´ que se publicó en Madrid en 1599. El libro es resumen de las explicaciones que dio en Madrid en la casa en la que residió durante su estancia en la Corte. En la introducción, Rocamora hace un elogio de las matemáticas destacando sus múltiples aplicaciones. Expresa el estado floreciente en que se hallaba la Academia de Matemáticas que Felipe II había establecido en Madrid. El monarca español que supo de los conocimientos y fama del murciano le llamaba con frecuencia a su lado para realizarle consultas sobre matemáticas, el universo y su concepción e incluso temas de filosofía. Ginés de Rocamora murió en Madrid el 14 de agosto de 1612 a los 61 años de edad. Hoy este matemático, estudioso del universo y la filosofía, es un gran desconocido para Murcia y los murcianos cuando fue una persona influyente y valorada, incluso por el rey, durante los siglos XVI y XVII.

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