Opinión | Zihuatanejo

El milagro de Empel

Este viernes pasado celebramos el día de la inmaculada Concepción, fiesta nacional y patrona de nuestro país. Para muchos de nosotros según los años, este día significa que si lo juntas con el de la Constitución y con el fin de semana, más que un puente tenemos un acueducto. El día de la Constitución es obvio que sea fiesta en todo el territorio, ¿pero por qué lo es el día de la Inmaculada?

Para responder a esa pregunta nos tenemos que remontar nada menos que al 8 de diciembre de 1585, en lo que se conoce como la batalla de Empel, o el milagro de Empel, por producirse ambos en ese lugar de los Países Bajos, en el contexto de la Guerra de los Ochenta Años.

En la citada batalla un Tercio del ejército español, el Tercio Viejo de Zamora, capitaneado por Francisco Arias de Bobadilla, se enfrentó y derrotó, contra todo pronóstico, a una flota enemiga de nada menos que cien barcos. Los españoles, en número de cinco mil, se encontraban en una situación desesperada, pues amén de estar sitiados por todos los flancos, se enfrentaban a la escasez de víveres.

El almirante enemigo, Filips van Hohenlohe, con apellido, por cierto, de noble venido a menos, disfrutando las noches de Marbella en los ochenta, propuso a los españoles una rendición honrosa. Pero la respuesta del Tercio español fue clara: «los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra». Igualito que hoy en dia, «ya hablaremos de capitulaciones después de muertos», sentenciaron los soldados españoles. Así es que Hohenlohe contrariado recurrió a la estrategia de abrir los diques de los ríos para inundar el campamento español. En poco tiempo no quedó más tierra firme que el pequeño montículo de Empel, donde se atrincheraron los Tercios.

Precisamente mientras se encontraba cavando una trinchera un soldado encontró un objeto, que luego resultaría ser una tabla flamenca con la imagen de la Virgen Maria. Los españoles consideraron aquel hallazgo como una señal de la protección divina, y el Maestre Bobadiila arengó a los soldados para que lucharan con todas sus fuerzas encomendándose a la Virgen de la Inmaculada.

El caso es que aquella noche se desató una tormenta intensamente fría que heló las aguas del río. Lo que aprovecharon los españoles para marchar sobre el helado río, y atacar a las escuadras enemigas que se encontraban encalladas en el hielo. Obteniendo una victoria tan rotunda, que Hohenlohe solo pudo acertar a decir: «tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro».

Aquel mismo dia, la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los Tercios de Flandes. Aunque la festividad no fue declarada como tal por el Vaticano hasta 1845, cuando el Papa Pio IX (el de los piononos de Granada), a través de la carta apostólica ‘Ineffabilis Deus’, declaraba el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen Maria.

Esta es la historia. Para los que ya la conocierais y habéis llegado hasta aquí, perdón por el tostón. Y para los que no, espero que os haya gustado. Pues es una gran historia, de las que por suerte en este gran país, el estado más antiguo de Europa, tenemos centenares para contar y no parar. Y no, no es para avergonzarse ni mucho menos. un dia fuimos conquistadores y fuimos grandes. Al igual que en otros momentos hemos sido conquistados y pasados a cuchillo. Así ha sido durante toda la historia de la humanidad. Y todas las cosas, todas, hay que ponerlas en su contexto.

Luego ya vino la leyenda negra, acuñada por los piratas de los de la Angalaterra, como les llamaban nuestros antepasados. Hartos de perder batallas contra nuestros Tercios y contra nuestra Armada. Aunque es verdad que la más importante la ganaron ellos. Y nos pusieron el San Benito de los malos del cuento. Y por desgracia, fuimos los primeros en interiorizarlo.

Ellos sí que saquearon y exterminaron todo aquel lugar por donde pasaron. Que se lo pregunten a las antiguas tribus de las llanuras de lo que hoy son los EE. UU.. Pero ese es otro cuento. Yo he venido hoy a hablarles de la Inmaculada Concepción. Espero que hayan pasado un buen puente, los que lo hayan tenido. Y que lo hayan disfrutado.