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Pity Alarcón

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RTVE dejó de servir y proteger

Desde que Paco Rabal, que acostumbraba a introducir alguna que otra ‘morcilla’ en sus diálogos para dejar constancia de que era murciano, no habíamos conocido a ningún otro actor o actriz de esta tierra que hiciera gala de esa condición como la intérprete Pepa Aniorte. Que sí, que le nacieron en la vecina Orihuela, pero que es más murciana que nuestra catedral, que ya es decir, como ha venido haciendo gala en la serie de TVE Servir y Proteger, donde raro era el día en el que en su bar La Parra no ofreciese algún plato de aquí como, por ejemplo, el zarangollo o los paparajotes. Y todo con ese acento que no hace nada por ocultar, antes al contrario, con el entrañable ‘ico’ como señas de identidad de esta tierra a la que ella no oculta amar.

Pues bien, esa serie que ofrecía TVE en La 1, muy bien hecha, con personajes y diálogos creíbles, con actores que ayudaban a esa credibilidad, actores de larga trayectoria como Luisa Martín, Juanjo Artero y Pepa Aniorte, entre otros muchos, ha desaparecido de la pantalla sin que el espectador que la seguía acierte a comprender nada. O sí, ya se podía intuir algo desde la llegada a la presidencia de RTVE de José Manuel Pérez Tornero, que pasó por esa responsabilidad como un elefante en una cacharrería (la caída en audiencia de los canales de RTVE fue escandalosa), que acertó en muy pocas cosas, y que fracasó rotundamente a la hora de entender lo que una radio y televisión públicas necesitan globalmente. Contenidos que han de reflejar la realidad de la sociedad y que Servir y Proteger supo entender desde aquel lunes 24 de abril de 2017 en que se emitió el primer capítulo, hasta su despedida el pasado lunes 16. Un final que decidió, poco antes de irse, Pérez Tornero (alguna responsabilidad tendrá también la actual responsable, Elena Sánchez), que solamente fue máximo responsable del ente RTVE de marzo del 2021 a septiembre del 2022, pero que le dio tiempo para mostrar que esta serie tenía los días contados al maltratarla cambiándola de horario continuamente y jugando con los espectadores para ver quién acertaba el jueguecito al que los sometió. Un juego que los seguidores de la serie se negaron a seguir acudiendo a ‘TV a la carta’ y convirtiéndola en una de las series más vistas en este sistema.

Y no nos extraña el éxito de la misma, porque la sociedad en la que vivimos es multirracial. En ella conviven diferentes razas, distintos acentos, múltiples nacionalidades. Y ello nos hace mejores. Y esa serie transmitía a la perfección todo esto, al aparecer como policías nacionales actores negros, marroquíes, asiáticos, sudamericanos. Personajes con credibilidad que mostraban su vulnerabilidad de seres humanos viviendo el amor y el desamor, su condición, en algunos casos, de gays y lesbianas, que ha hecho creíble una serie que, en todo momento, ha mostrado un lenguaje acorde con la sociedad en la que vivimos. Un lenguaje de sociedad avanzada, de sociedad permisiva con otras culturas y otras formas de entender el mundo.

En definitiva, una serie alejada del maniqueísmo: los malos no son tan malos (al final les pierde el corazón), y los buenos no son tan buenos, porque el ser humano, en muchos casos, guarda una gran carga de ambivalencia. En definitiva, una serie muy apegada a su tiempo, que aún tenía mucho camino por recorrer y que mostraba valores como la lealtad, el compañerismo, la integridad.

Los espectadores echarán en falta a esos vecinos creíbles que se citaban en La Parra para charlar con su dueña, María, el personaje de Pepa Aniorte, que parece pensado para ella. Porque no juzga a nadie, porque tiene una palabra de comprensión para todos, porque convirtió su bar en el confesionario de creyentes y no creyentes.

Por cierto, un libro con las recetas con sabor a Murcia de La Parra no estaría mal. Alguna editorial murciana debería de planteárselo. Y Pepa Aniorte también.

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