21 de septiembre de 2020
21.09.2020
La Opinión de Murcia
Murcia D. F.

La horrible semana del PP

Los populares comenzaron a sufrir con las movilizaciones del bus, siguieron con la concentración de pedáneos, continuaron con el fiasco de la semana de la movilidad -con reproches incluidos de Cs- y acabaron el sábado con el macrobotellón del Espíritu Santo

20.09.2020 | 23:23
La horrible semana del PP

Ha sido un no parar. Sin tregua ni siquiera para analizar en profundidad la respuesta a lo que estaba pasando, lo que ha llevado a algunos concejales del PP a cometer errores de bulto que han sido utilizados por la oposición municipal de la Glorieta para criticar las acciones del Gobierno local. Hacía tiempo que no se vivía en la capital de la Región una semana tan intensa como la pasada con un frenesí de acontecimientos más propios de campaña electoral que de apertura del curso político otoñal.

La semana empezó con buen pie para los del alcalde de Murcia, José Ballesta. En vísperas del Día de la Romería (este año no se pudo sacar a la Morenica por el coronavirus), todo hacía presagiar que la cosa iba a ir bien con los distintos actos programados en la Semana Europea de la Movilidad. Sin embargo, el asunto empezó a torcerse el miércoles con la concentración de trabajadores de Lat a las puertas de la Consejería de Fomento, que lleva las competencias regionales de transporte.

Protestaban contra el recorte de horarios y por la situación por la que atraviesa este servicio básico, en cuyo empeoramiento ha contribuido de manera singular el Ayuntamiento de Murcia. Unas veces con una gestión nefasta sobre líneas y frecuencias y otras por omisión al dejar que la Comunidad Autónoma recorte y sise dinero a un sistema de movilidad básico para las pedanías del municipio capitalino.

Mientras se estaba produciendo esa concentración, la portavoz del Gobierno local, Rebeca Pérez, una de las protagonistas de esta aciaga semana, presentaba en Puente Tocinos el 'Tour de la movilidad' para promocionar el uso del transporte alternativo. Pérez y el edil Marco Antonio Fernández se montaban en sendos patinetes para demostrar no se sabe qué, un medio de locomoción que no utiliza, que se sepa, ninguno de los concejales en sus desplazamientos.

Sobre lo mal que está el transporte público ni mu, aunque tampoco se esperaba que entonaran el mea culpa. No está dentro de la psicología de los populares de la Glorieta disculparse por ayes pasados ni pecados presentes. En el mundo de la política se lleva exhibir fortalezas sin que los puntos débiles sean nunca expuesto ni para hacer propósito de enmienda ni para reconfortar al ciudadano con la imposición de penitencias.

Ese mismo miércoles, los pedáneos socialistas y vocales en las juntas vecinales se plantaban en la Glorieta, apoyados por los ediles del PSOE y su líder local, José Antonio Serrano, para denunciar el recorte que el Gobierno local ha hecho a los presupuestos de las pedanías del 32%. Ese tijeretazo, casi inédito desde hace años, corresponde al capítulo de gasto corriente del presupuesto municipal prorrogado del 2019 y deja moribundas a las juntas. Los pedáneos deberán recortar en obras de mantenimiento, actividades culturales, fumigaciones contra la covid, arreglos en colegios, etc. Todo un drama teniendo en cuenta que ellos dan la cara ante los vecinos. Los pedáneos del PP se quedarían con la ganas de acudir a esta protesta porque son tan perjudicados como los socialistas, aunque estos sospechan que los populares tendrán financiación por la puerta de atrás.

Tras este trago, aún quedaba la recta final de la semana. Y el trueno gordo, que dirían los pirotécnicos. El sábado se anunciaban actividades a tutiplén en Gran Vía. El alcalde tuvo que recular ante las críticas de Serrano y de Mario Gómez, portavoz de Cs, concejal de Fomento y miembro del Gobierno local. Lindas palabras le dedicaron ambos ante «la irresponsabilidad» de llamar a las familias a participar en esa quedada mientras la Consejería de Salud pedía el autoconfinamiento.

El edil naranja, que parecía que iba a ir a lo suyo sin meterse con el PP tras la crisis pasada con el plan covid, ha vuelto por sus fueros. Siendo Gobierno y a la vez órgano fiscalizador. En un papel con el que está encantado y que provoca verdaderos cabreos en la bancada de los populares. Si no era suficiente ese sapo, el sábado por la noche el macrobotellón del Espíritu Santo venía a demostrar lo que le importa el ciudadano al Gobierno local. Por nadie pase.

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