21 de marzo de 2020
21.03.2020
La Opinión de Murcia
Obiter Dicta

La caída del imperio

El aislamiento, que quizás sirvió a nuestros antepasados para sobrevivir, también provocó la desaparición de la cultura, del arte, de la ciencia

20.03.2020 | 20:10
La caída del imperio

Desde que Edward Gibbon escribiera Ocaso y caída del Imperio Romano en el siglo XVIII, los historiadores se han enfrascado en un largo debate sobre las causas de la caída del Imperio Romano.

Para empezar, debemos precisar que lo único que cayó fue el imperio occidental, que iba desde Hispania hasta la península itálica, incluyendo Galia, Britania y parte de Germania. La otra parte, el llamado Imperio Oriental, con capital en Constantinopla (Estambul) aguantó hasta mediados del siglo XV. Habrá también que aclarar que el imperio de occidente no cayó de un día para otro: aunque hay un hecho clave (la deposición del último emperador), lo cierto es que se trata de un proceso que duró varios siglos y que supuso la transformación gradual del mundo romano en la Edad Media.

Gibbon consideraba que la principal causa de la caída residía en la generalización de la religión cristiana. El argumento tenía su lógica: una doctrina basada en el perdón, en la mansedumbre y en la paz no podía sostener un imperio que debía defenderse a sangre y fuego. Además, los hechos están ahí: en el siglo IV se autoriza la práctica del cristianismo y en el V (casi VI) cae el Imperio.

Los autores más recientes rebaten a Gibbon acusándole de incurrir en la falacia de tomar la concurrencia de hechos para presumir causalidad. No todo lo que ocurre al mismo tiempo está relacionado como causa-efecto. Gibbon da mucha importancia a un factor (el religioso) y silencia otras muchas circunstancias que también ocurrieron en torno a la caída: la presión de los hunos desplazándose desde el este, la crisis económica, la corrupción?

En mi opinión el fenómeno que más claramente marca la caída de Roma es la desaparición de la vida urbana y global. A diferencia de los siglos I-II dC, la gente del 500 vivía encerrada en su aldea, apenas se relacionaba con localidades vecinas y ni pensaba en la posibilidad de viajar o comerciar a larga distancia.

¿Por qué se produjo ese fenómeno? Supongo que también las causas serán múltiples, como siempre ocurre en la Historia, pero la desaparición de un poder hegemónico, que diera seguridad en los caminos y en los mares tuvo mucha influencia en ello. Los romanos habían conseguido erradicar a los piratas y bandoleros, pero al debilitarse su poder, muchos, llevados por el hambre y la pobreza, vieron en el robo un buen medio de vida. También la presión fiscal tuvo su parte de culpa: la gente prefería alejarse de las ciudades, cultivar su propia comida para hacerse invisible a ojos del fisco que expoliaba la producción.

Pero, sin duda, también influyeron las epidemias de peste. Una característica de las sociedades globales es la confianza en el extranjero, en lo exótico. Los romanos apreciaban el aceite de la Bética, el garum de Carthago Nova, el arroz de China, las especias de Oriente? Aunque los antiguos no entendían bien los mecanismos de contagio, sí sabían que la peste viajaba de una ciudad a otra. Cuando se declaraba una epidemia de peste (que podía ser sarampión, viruela o ébola), el aislamiento social les protegía. La gente vivía en núcleos pequeños, donde todos se conocían. La familia volvía a ser un espacio cerrado, dirigido férreamente por el hombre más fuerte, el padre, que protegía (y dominaba) a todo el clan. Los antropólogos dicen que es una reacción instintiva de nuestra especie ante un entorno que se muestra hostil. Se generalizó el dicho «con la pena entró la peste», que revela muy bien la reacción egoísta frente a la empatía como un mecanismo de supervivencia individual y colectiva.

Pero ese aislamiento, que quizás sirvió a nuestros antepasados para sobrevivir, también provocó la desaparición de la cultura, del arte, de la ciencia, que quedó atrapada (como un insecto prehistórico en ámbar) en los extraños libros que los monjes copiaban, muchas veces sin entender su contenido. El arte románico nos sobrecoge por su sencillez y austeridad, pero técnicamente no es nada en comparación con la arquitectura y escultura grecorromanas. La medicina volvió a tiempos prehistóricos y el Derecho, el gran Derecho Romano, quedó reducido a unas simples reglas básicas de conducta.

Aunque es justo reconocer que en la Alta Edad Media no todo fue sombra y oscuridad, lo cierto es que, desde la caída de Roma, la Humanidad tardaría quinientos años en empezar a construir una sociedad global en la que la ciencia, el arte y la cultura se compartieran por el mundo conocido, dando lugar a los grandes descubrimientos.

Ahora, que nos enfrentamos a una brutal crisis sanitaria, tenemos el privilegio de poder seguir relacionándonos por internet y medios de comunicación, pero el instinto de supervivencia como especie nos lleva al aislamiento, a cerrar los portones de la aldea y rechazar todo lo ajeno. Ojalá la empatía sea más fuerte que el egoísmo.

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