14 de marzo de 2015
14.03.2015
Éxodos

La corrupción

14.03.2015 | 04:00
Joaquín Sánchez

En las últimas encuestas acerca de las preocupaciones de los ciudadanos aparece la corrupción dentro los primeros puestos desde que esta estafa financiera dio la cara: las víctimas pagan las consecuencias, lo que se traduce en pagar las deudas que tienen los enriquecidos entre sí, aprovechando esto para recortar en justicia y libertad, secuestrando la democracia y que los ciudadanos tengan que elegir entre la sumisión y la obediencia o entre la resistencia y la lucha, sabiendo que quien no acepta la sumisión tiene que aceptar las consecuencias.

Existe la corrupción (no sólo como definición) porque hay corruptos y hay corruptos porque hay corruptores y éstos quieren que se hable de la corrupción como una categoría moral, de la condición humana. Su objetivo principal es que asumamos, aceptemos y proclamemos que todos somos corruptos y que, por tanto, todos somos iguales, subrayado en la política y extendiéndose a todos los políticos ¿Por qué un corruptor se siente tan bien cuando oye a los ciudadanos que todos los políticos son iguales, que sólo van a chupar del bote y a robar? Porque han conseguido camuflar bajo esa sensación sus acciones de enriquecimiento ilícito, porque se pone al mismo nivel al corruptor y ala persona que tiene actitud de servicio y honestidad. Legitiman la corrupción con la idea de que todos somos corruptos, los presentes y los que vengan.

La corrupción es la mejor arma del sistema capitalista neoliberal. El sistema comunista de los países del Este de Europa fue derrumbado por la corrupción de quienes se presuponía que vivían los valores de la igualdad, la justicia y la libertad. Los que gobernaban fueron corruptos y explotaron a su pueblo, ejerciendo una represión brutal basada en la tortura, la cárcel, las deportaciones y la muerte.

Hay una creencia de que el capitalismo caerá por sus contradicciones, que sería la pobreza, la destrucción de la naturaleza y la corrupción y, precisamente, estas tres cosas no son contradicciones, sino las señas de identidad de los capitalistas, por eso, el capitalismo no se ha debilitado; se ha consolidado, porque ha logrado recortar muchos derechos sociales y laborales sin que la gente se subleve ante tanta injusticia, soberbia y prepotencia de las élites financieras y económicas y de sus políticos cómplices.

Hay que hablar de corruptores y definir dónde y cómo se hace la corrupción. Un ejemplo: ¿Es corrupción manipular una información en un medio de comunicación? Sí, lo es. ¿Es corrupción hacer leyes aunque se tenga una mayoría sabiendo que va a beneficiar unos pocos y muy ricos en contra de la mayoría de la ciudadanía? Sí, y más si cuando después de dejar la política institucional, se incorpora a esas empresas multinacionales que se han beneficiado enormemente con esas decisiones políticas. ¿Es corrupción si se buscan apoyos dentro del partido para acceder a los puestos de decisión máximo si se accede para recompensar a esos apoyos con cargos importantes? Sí. ¿Es corrupción desregular la economía para que las multinacionales hagan y deshagan a su capricho provocando incluso la hambruna? Sí. ¿Es corrupción guardar silencio ante tanta injusticia? Sí, es corrupción „estoy pensado en mi querida Iglesia„. Así podríamos poner ejemplos, además de los evidentes casos donde se compra voluntades.

Otra de las estrategias de los corruptores es poner todo al mismo nivel. ¿Es lo mismo recalificar terrenos a cambio de dinero que no hacer una factura sin IVA porque lo está pasando mal y no puede? En el segundo caso no hay corrupción, hay supervivencia. ¿Es lo mismo no hacer leyes que permitan la dación en pago, la paralización de los desahucios y el alquiler social que cometer para contentar a los banqueros que cometer una irregularidad administrativa?

Los corruptores utilizan como instrumento el dinero. Si uno toma un billete de 50 euros y lo observa y piensa ¡qué esto valga más que una persona! , podemos llegar a empezar a pensar y reflexionar qué tipo de sociedad hemos hecho donde el dinero, el afán absoluto de acumularlo se ha convertido en valor supremo. Los bancos son los nuevos templos sagrados y los banqueros y grande empresarios son los nuevos dioses. De sus decisiones dependen nuestras vidas.

Los corruptores, además del pensamiento, intentan que la corrupción anide en nuestro corazón, en nuestro espíritu, no en un sentido espiritual. Quieren que nuestras emociones se llenen de avaricia, de codicia, de egoísmo y de violencia ¿Cómo una persona con un discurso que hable de igualdad, de libertad, de participación, de justicia, pero con un corazón lleno de avaricia y de poder va transformar este sistema? Si lleva al poder reproducirá lo mismo.

Aquí está la gran batalla, en nuestro corazón, en nuestros valores, en nuestras emociones, en nuestra forma de pensar. Si queremos un mundo distinto, ese otro mundo posible y necesario, necesitamos gente llena de ternura, de bondad, de cariño, de respeto, de honestidad, de honradez, de saber retirarse a tiempo, de convicciones éticas profundas y con capacidad de mantenerse en ellas. De lo contrario este mundo no tiene futuro.

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