19 de junio de 2012
19.06.2012
Tribuna libre

Malos tiempos para las escuelas de idiomas

19.06.2012 | 06:00

Existe gran malestar en el colectivo al que represento, que está viendo cómo empeoran no sólo sus condiciones de trabajo sino también la atención prestada al conjunto de los alumnos.

En nuestra Comunidad autónoma, aproximadamente 140 profesores tienen a su cargo a unos 16.000 alumnos oficiales, bien en modalidad presencial, bien en modalidad online. A éstos debemos añadir un gran número de candidatos libres, así como alumnos de IES con programa bilingüe en alemán, en francés o en inglés que se presentan en las Escuelas Oficiales de Idiomas, en los meses de junio y septiembre, a las Pruebas Específicas Terminales de Certificación para intentar obtener un valiosísimo título que acredite su competencia lingüística.
La Escuela de Murcia abrió sus puertas el 3 de diciembre de 1982. A punto de cumplir treinta años, a modo de celebración, estamos viendo cómo nuestras condiciones de trabajo retroceden para igualarse a las de la fecha de nuestros comienzos. En efecto, durante el próximo curso, volveremos a las veinte horas lectivas que teníamos en el 82. Sin embargo, nuestros alumnos tendrán una hora menos de clase que entonces. En aquel año, cada profesor tenía cuatro grupos y cada grupo tenía cinco horas de clase semanales (una hora diaria de lunes a viernes). El curso que viene, cada profesor tendrá a su cargo cinco grupos y cada grupo tendrá cuatro horas de clase semanales. Matemáticamente, el resultado de 5 por 4 o de 4 por 5 es veinte, pero invertir las variables lo altera todo, porque si se sacrifica la calidad de la enseñanza a cambio de la cantidad, tendremos más alumnos matriculados, pero con peor preparación. Existía la posibilidad de impartir cinco horas de clase a cuatro grupos y esta es la solución que ha adoptado Cataluña, una Comunidad que, en más de un campo, está a años luz. En Murcia se le añade un grupo a cada profesor, rebajando el número de horas de docencia directa a cuatro semanales.

Aprender un idioma es algo complejo; enseñarlo no lo es menos. El aprendizaje de un idioma no consiste en una mera intercomunicación entre un grupo de alumnos y, por ello, la tarea del profesor de un idioma no se limita a ejercer de intermediario en esa intercomunicación. La tarea del profesor de un idioma es algo más que eso. Si tantos ciudadanos siguen confiando en nosotros para su formación en idiomas (alemán, árabe, chino, español, francés, inglés e italiano), será en parte porque, a lo largo de estos treinta años de andadura nuestro esfuerzo y nuestro trabajo diario nos han permitido alcanzar el prestigio del que gozamos en la actualidad.

No nos merecemos ningún castigo ni ningún suspenso, sino todo lo contrario. Nos merecemos respeto y consideración como cualquier persona que ha hecho su trabajo lo mejor que sabe. Si el reconocimiento y agradecimiento de nuestros alumnos nos anima a seguir esforzándonos, también nos gustaría contar con el reconocimiento de la Administración de la que dependemos.

Somos conscientes de la difícil situación por la que atraviesa la Comunidad autónoma (como el resto del país) y de que todos estamos obligados a realizar esfuerzos suplementarios, pero sería estimulante que de la racionalización de estos esfuerzos se pudiera esperar algún resultado positivo para todos.

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