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Crítica

'El vigilante': un bocadillo de sobrasada con queso

La serie no pasa de moderado entretenimiento que ni asombra, ni deslumbra. O, dicho de otro modo, que se olvida tan fácilmente como se ve

La serie 'El vigilante' está disponible en Netfflix. L.O.

De la noche a la mañana Ryan Murphy se ha convertido en una estrella en Netflix. Cuando no se había estrenado su anterior serie, la muy recomendable Dahmer, Murphy ya estaba inmerso en su siguiente trabajo para la plataforma en streaming. Se titulaba El vigilante e iba a ser un éxito porque sí. Porque estaba basada en otro hecho real, porque detrás estaba Ryan Murphy, porque salía Naomi Watts y porque si no Murphy se iba a enfadar de la hostia y no digamos los señores de Netflix.

Bien es verdad que El vigilante no tiene nada que ver con Dahmer. En primer lugar, y dejémoslo claro desde el principio, la segunda está mejor que la primera. Las comparaciones son odiosas, pero en este caso es que no queda otra. Más que nada porque casi se podría decir que una es consecuencia de la otra o, mejor aún, la expectación que ha generado El vigilante es el resultado del revuelo que provocó Dahmer. Pero vayamos por partes.

El vigilante está basada en una singular historia real. Un matrimonio y sus tres hijos compraron una lujosa casa en New Jersey, en el 657 Boulevard, en Westfield. Era un lugar idílico, una buena urbanización, cero molestias, un entorno perfecto… Pero un día recibieron una carta sin sello escrita a máquina. E insisto, esto es real. En aquella primera carta se podía leer «657 Boulevard ha sido el objeto de mi familia durante décadas y, a medida que se acerca su cumpleaños número 110, me han puesto a cargo de observar y esperar su segunda venida. Mi abuelo vigilaba la casa en la década de 1920 y mi padre la vigilaba en la década de 1960. Ahora es mi momento».

Independientemente de los mosqueante que pueda resultar semejante misiva, la cuestión es que no fue la única. Después vinieron más. Se llamó a la policía, se escudriñaron las cartas, pero no se encontró rastro de ADN, se pusieron cámaras… Un desastre. Al final, la familia tuvo que vender la casa por menos de la mitad del millón de dólares que le costó y años después se descubrió que el padre de familia de aquella familia en cuestión envió alguna que otra carta a los residentes que vinieron detrás de él. Rencor, supongo.

Pues bien, todo esto es retratado en El vigilante con bastante detalle. Eso sí, uno empieza viendo el primer capítulo de la serie y lo más normal es que se acuerde de El cabo del miedo. En el segundo suele venir a la cabeza La semilla del diablo y en el tercero, Lo que la verdad esconde, que es un batiburrillo de las otras dos y unas cuantas más. Al final, todo hay que decirlo, es verdad que El vigilante funciona, aunque en esencia no sea más que un ‘whodunit’, como decía Hitchcock o, para entendernos, «quién es el asesino», aunque en este caso sería «quién es ‘el vigilante’».

Toda la serie gira en torno a quién es el responsable de esas cartas, de modo que al final El vigilante no es mas que un travieso juego en el que averiguar quién está detrás de esas misivas. Y, oiga, las cosas como son, El vigilante es entretenida. Se sostiene con entereza, no pierde el tiempo en tramas secundarias que no van a ningún sitio, los actores están estupendos, además a Naomi Watts la acompaña nada menos que Mia Farrow, y la intriga se sostiene con bastante entereza durante sus siete capítulos. Sin duda podrían haber sido menos, pero tal y como se las gastan normalmente las series, hay que estar agradecidos.

¿Pegas? Bueno, supongo que según para quien. Para mí, El vigilante no pasa de moderado entretenimiento que ni asombra, ni deslumbra. O, dicho de otro modo, que se olvida tan fácilmente como se ve. Supongo que como propuesta para ver en el salón de casa es ideal si uno lo que busca es generar un encefalograma plano. También es posible, todo sea dicho de paso, que El vigilante me provocara esta sensación después de que Dahmer me obligara a hacerme más preguntas de las que tenía previstas ese día, sin embargo, con El vigilante no pasó lo mismo. La veía, ¿sí? ¿Quería más? Sí, pero hasta cierto punto. Tampoco me habría supuesto un disgusto mayúsculo si, de pronto, se hubiera cancelado la serie, sobre todo sabiendo su conclusión, pero bueno, no voy a destripar la cosa a nadie.

La cuestión es que El vigilante es un entretenimiento tan llano como efectivo. Supongo que esto es bueno, pero no olviden que están consumiendo paja, esas grasas vacías que dicen los médicos que no nos aportan nada y que solo nos hacen engordar. Pues bien, de esa familia es El vigilante. Como una golosina preñada de azúcar, como un pedazo de tocino a la parrilla, como un bocadillo de sobrasada con queso. Adictiva pero inútil.

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