07 de junio de 2019
07.06.2019
La Opinión de Murcia
Rutas para ir con niños

Una ruta a 'La Montaña Mágica'

La ermita de San Antonio el Pobre, en el parque regional El Valle, es visita obligada por su belleza natural y por la leyenda que acompaña a esta construcción

07.06.2019 | 04:00
Una ruta a 'La Montaña Mágica'

Dentro de las rutas que podemos realizar dentro del Parque Regional El Valle, hay una especialmente interesante: el que se ha denominado 'Sendero Cultural'. Se inicia en el Centro de Visitantes El Valle, y finaliza en el Centro de Visitantes de la Luz. En medio de dicha trayectoria, nos encontraremos con un lugar más que recomendable como es la Ermita de San Antonio El Pobre.

Esta ruta tiene una distancia de dos kilómetros, uno de ida y otro de vuelta, con una duración aproximada de una hora. Podría denominarse a toda esta zona como 'La Montaña Mágica', puesto que desde hace miles de años es considerado un lugar de culto, un punto en el que conectar con lo sagrado y con los ancestros.

En 1645 hubo una epidemia de peste, y en estas montañas había muchas cuevas en las que se refugiaban ermitaños para escapar del mundanal ruido y de todo lo que les rodeaba. Uno de estos hombres, recluido en lo más alto, empezó a rezarle a San Antonio de Padua; y, según la leyenda, tras sus oraciones, la epidemia de peste remitió, por lo que muchos achacaron a los rezos de Antonio el Pobre el milagro de la erradicación de la epidemia.

Aquel lugar se convirtió en zona de peregrinaje y, tras diversas gestiones, el Obispado –que tenía su sede de verano en el cercano monasterio de Santa Catalina del Monte– ordenó el levantamiento de una ermita barroca junto a la gruta. La construcción fue obra del arquitecto José López, conocido por ser el artífice del tercer cuerpo de la torre de la Catedral de Murcia, y hoy día podemos visitar la ermita –de estilo sencillo, planta cuadrada con las esquinas achaflanadas y nichos semicirculares– en la propia gruta o cueva en la que Juan el Pobre se retiraba a orar. Y, aunque está desacralizada, no deja de tener ese encanto que dan los lugares de retiro espiritual o sencillamente de encuentro con uno mismo.
Lo que nos llama la atención es, además del enclave, el sonido de la cascada que hay junto a una preciosa escalinata de madera. Allí sí que se respira oxígeno puro, tal como nos indican los dos guías del Centro de Visitantes que hay junto a la misma ermita. Amablemente, nos ponen también un vídeo en un retroproyector en el interior de la ermita, y nos explican toda la historia del lugar, que, subrayan, es un sitio muy visitado por colegios y por gente que viene de fuera de la ciudad expresamente para conocerlo.

Salvador Martínez y Sagrario Franco nos atenderán y solventarán todas nuestras dudas sobre el sendero, y además nos pondrán al tanto de la flora y fauna de la zona. Nos indican también que uno de los indicadores de la calidad del oxígeno es la presencia del liquen en la piedra: al ser sensibles a la contaminación, si lo vemos es porque estamos en un sitio privilegiado (medioambientalmente hablando). Por la zona nos encontramos con ajedrea –que podemos explicar a los niños que sirve para aliñar las olivas partidas–, hinojo, espárragos silvestres, higueras y pino carrasco.

Durante el mes de junio está abierta todos los días –excepto los lunes– desde las diez de la mañana y hasta las tres y media de la tarde. Recordemos, que este domingo es festivo por el Día de la Región, y también permanecerá cerrado. Se puede descansar y comer allí un tentempié que llevemos en la mochila, disfrutando del entorno y de los sonidos de la naturaleza. Y si no queremos hacer la ruta de los dos kilómetros, se puede aparcar en la misma puerta y bien detenernos en este lugar o subir desde la escalera hasta el Centro de Visitantes de La Luz.

Es muy interesante para los niños decirles previamente dónde vamos a ir, contarles un poco sobre la vida de algunas personas en las cuevas. Cómo vivir con lo mínimo y a expensas de lo que la naturaleza nos pudiera dar, en un mundo de silencio y de encuentro con uno mismo. Les puede resultar paradójico a la par que extraño, pues hubo un tiempo en el que la montaña era el lugar en el que todos se refugiaban.

Si bien ahora elegimos los espacios naturales para hacer deporte, pasar el tiempo libre con la familia o en soledad, caminando o en bicicleta, la historia nos recuerda que no sólo hemos sido nosotros los interesados por subir al monte. Prueba de ello es uno de los restos de la diosa Deméter, un busto perteneciente a un yacimiento con un importante valor arqueológico como es el Santuario íbero de La Luz. Eso sí, prepara calzado cómodo, ropa ligera, gorra, crema solar y una mochilita con agua y algo para picar. Como siempre, os animo también a llevar una bolsa de plástico y unos guantes, por si en el trayecto os encontráis con basura que recoger.

Por supuesto, aprovecha para fotografiarte en la escalera junto a la cascada, en el interior de la ermita y en los alrededores de la zona; las vistas desde el Santuario de la Luz son especialmente bonitas: se divisa toda la vega murciana. Disfruta del entorno privilegiado que nos regala el Parque Regional El Valle y Carrascoy con sus lugares mágicos y místicos.

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