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La Opinión de Murcia

Crónica

Alcaraz sobrevive en un laberinto

El murciano remonta un set en contra y salva una bola de partido para firmar el pase a la tercera ronda en un encuentro épico ante Albert Ramos

Carlos Alcaraz se estira para intentar devolver la bola en el partido ante Albert Ramos-Viñolas. | EFE/YOAN VALAT

Como ante su amigo Miomir Kecmanovic en Miami y Álex de Miñaur en Barcelona, Carlos Alcaraz Garfia tiró de épica para salvar la segunda ronda de Roland Garros, el torneo al que ha llegado como uno de los favoritos y donde ayer tuvo un pie fuera. Pero como nos ha acostumbrado durante tantos años Rafa Nadal, cuando más alta es la marea y solo los aficionados con más fe aún confían en la salvación, emergió el tenista de El Palmar (6-1, 6-7, 5-7, 7-6 y 6-4), que sobrevivió en un laberinto plagado de trampas. Hasta en tres ocasiones lo tuvo que hacer. La primera, para levantar un set en contra; la segunda, para evitar que Albert Ramos-Viñolas, un veterano con doce participaciones ya en París, se hiciera con el partido en la cuarta manga; y la tercera, cuando se encontró con un inquietante 0-3 en el quinto set.

Sufrió lo indecible ayer Alcaraz. Su tenis no fue fluido. El estado de la pista, más pesado de lo habitual, no le benefició en nada. Hasta sus dejadas no fueron esos aguijones que se clavan en sus rivales. Inseguridad, mucha inseguridad, jugando a veces con un ritmo lento y sin esa fluidez mental que le permite acabar con la resistencia de sus rivales alternando dejadas con cortados o derechazos que se convierten en obús. Además, un dato elocuente: solo sumó un 25,8% de los puntos de rotura de servicio que tuvo durante el partido (8 de 31). Y es que Carlos Alcaraz no fue ayer Carlos Alcaraz. Pero como su maestro Nadal, cuando ya casi nadie espera nada de él, espanta sus fantasmas de un manotazo para hacerse con un partido maratoniano, que duró 4 horas y 34 minutos de intenso tenis, el más largo que ha disputado en su carrera deportiva.

Hace unos años, cuando Alcaraz pasó un test de esfuerzo, llamó a los médicos poderosamente la atención su increíble su condición física. «Si quieres hacer una maratón, la puedes correr mañana», le vinieron a decir. Y ayer lo hizo porque Albert Ramos-Viñolas, número 44 del mundo y de 34 años de edad, que este año había ganado el ATP 250 de Córdoba (Argentina) y había llegado a las semifinales en Santiago de Chile y Estoril, le llevó al límite. Tanto que por momentos pareció que acabaría prematuramente la aventura de Alcaraz en este Roland Garros donde tantos focos están puestos sobre él. Pero con ese espíritu de sacrificio que le caracteriza, el talento y el fondo físico, remontó todos los obstáculos, que fueron muchos, que se le presentaron durante el encuentro.

Sebastian Korda, el único jugador que ha batido este año en tierra al de El Palmar, será su rival mañana en París

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El inicio del partido no hizo presagiar lo que después ocurrió. El murciano liquidó en solo 25 minutos la primera manga. Fue visto y no visto, un ciclón para el que no encontró respuesta Ramos. Pero el jugador de Mataró dio un paso al frente en el segundo set. Le enseñó las garras a Alcaraz y llevó la manga a la muerte súbita. Con 5-6 desaprovechó el catalán una bola de set, pero en el ‘tie break’ sí que logró resolver para igualar el choque.

Los errores no forzados empezaron a ser una constante de Alcaraz en el tercer set. En el tercer juego sufrió una rotura de servicio que enmendó rápidamente, pero necesitó hasta de cinco oportunidades para lograrlo. Y después de ponerse por delante (4-3), sufrió una crisis. Un fallo en la red cuando lo tenía todo a favor provocó que se pasara de un hipotético 6-5 a un 5-6 con servicio para el catalán. Perdió entonces la concentración Alcaraz, que no paraba de mirar a su banquillo para encontrar soluciones, y cedió el set quedándose en blanco con su servicio.

Alcaraz se encontraba ante una situación límite. No podía fallar en los dos siguientes sets para sacar adelante el partido. La cuarta manga la inició con buen pie, pero pronto se volvió a torcer. Ramos se puso con 4-5 y su servicio. La tensión se podía cortar en la pista. Y las pulsaciones se pusieron a mil cuando el catalán dispuso de una bola de partido, pero estrelló su derecha en la red. A continuación, en la siguiente oportunidad, el de El Palmar igualó el partido (5-5). La primera situación agónica la salvó con el puño en alto y el siguiente juego se lo adjudicó con su servicio con relativa comodidad (6-5). En el duodécimo juego, interminable, el murciano desaprovechó tres bolas de set y salvó cuatro para el 6-6, una de ellas increíble, aunque a la quinta llegó el punto para Ramos, que forzó de esta manera la muerte súbita, donde solo hubo un tenista sobre la pista, Carlos Alcaraz, que logró igualar el choque ante el delirio de la grada.

Ramos no se rindió. De hecho, volvió a poner contra las cuerdas al murciano en el quinto set. Se colocó con 0-3. Otra vez Alcaraz tenía que remar contracorriente. Y una vez más salvó la situación. Primero igualó la manga firmando un punto increíble con un esprint a toda velocidad que volvió loco al público. Y después aprovechó el único momento de flaqueza de Ramos para lograr una rotura (5-4) ante la que ya no tuvo respuesta el catalán. Alcaraz, que cerró el partido con un ace, se tendrá que ver mañana viernes las caras con el único jugador que le ha sorprendido este año, el estadounidense Sebastian Korda,el último ante el que ha perdido y que tuvo que desgastarse bastante menos que él para derrotar al veterano francés Richard Gasquet en tres sets.

«Me siento cómodo en los grandes estadios»

Carlos Alcaraz, que levantó una bola de partido ante Albert Ramos, reconoció que en ese momento se dijo que podía perder, pero señaló que no dejó de creer en sus opciones de remontada. «Creo en mí, tengo mi estilo, trabajo duro todos los días, hay que tener un objetivo claro, sueños bonitos y perseguir esos sueños cada día», dijo tras ganar el partido más largo de su carrera.

«Después de perder el segundo set, el tercero fue muy duro, me veía que podía perder. Ha habido un momento que me veía inferior en el set, tenía que cambiar algo porque iba a perder. Pero siempre he creído que podía darle la vuelta. Sabía que cerrar partidos es difícil y que tendría mis oportunidades», comentó.

Alcaraz aseguró que guardará este partido «como una lección» porque «el tenis es aprender a base de este tipo de situaciones», al tiempo que recordó un consejo que le dio Alex Corretja: en estas victorias es donde se hace un gran jugador.

Consideró que fue «un gran partido» porque supo «aceptar que no estaban saliendo bien las cosas» y trabajó para mejorarlo.

El murciano no ocultó su ambición de ser algún día número uno del mundo, pero dijo que trata de no pensar en ello para no meterse más presión. «Es mi sueño desde que juego al tenis, trabajo para ello, pero trato de no pensar en ello porque me mete presión», indicó.

«Es cierto que soy joven, pero tengo experiencia, me siento cómodo en los grandes estadios, incluso en Grand Slam, en los partidos importantes. Soy fuerte físicamente y creo que también mentalmente. Estoy listo para este tipo de partidos», destacó.

Su siguiente rival será el estadounidense Sebastian Korda, su verdugo en el pasado torneo de Montecarlo, el único que esta temporada ha conseguido derrotarle sobre tierra batida.

Alcaraz recordó que afrontó aquel partido recién llegado del Masters 1.000 de Miami, en pista dura, donde ganó la final, y sin rodaje sobre tierra batida y que, pese a todo, estuvo cerca de la victoria.

Rafa Nadal y Novak Djokovic ganan con autoridad en tres sets

El mallorquín Rafa Nadal y el serbio Novak Djokovic, que se pueden cruzar en los cuartos de final de Roland Garros, avanzaron ayer a tercera ronda al superar sus partidos en tres sets. El serbio, defensor del título, no bajó el nivel en la segunda ronda y derrotó al eslovaco Alex Molcan por 6-2, 6-3 y 7-6 (4) en 2 horas y 15 minutos, mientras que el español, que alcanzó su victoria número 300 en Grand Slam, venció al mallorquín Corentin Moutet (6-3, 6-1 y 6-4). En tercera ronda se enfrentará al neerlenadés Van De Zandschulp, y el número 1 del mundo, al esloveno Aljaz Bedene, 195 del ránking a sus 32 años.

Por su parte, Bernabé Zapata logró por primera vez avanzar a tercera ronda de un Grand Slam, después de doblegar (3-6, 6-2, 6-2, 6-3) al estadounidense Taylor Fritz, campeón del Masters 1000 ATP de Indian Wells al vencer en la final a Nadal. El valenciano se enfrentará ahora al también norteamericano John Isner.

La jornada pudo ser redonda, y así pintaba con Jaume Munar dominando a Diego Schwartzman tras dos sets. Sin embargo, como hace dos años ante Stefanos Tsitsipas, al balear se le escapó la jugosa renta, sufriendo los fantasmas de esa derrota parecida, en un abrir y cerrar de ojos. El argentino fue con todo a por la remontada y se medirá ahora con el búlgaro Grigor Dimitrov.

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