09 de septiembre de 2019
09.09.2019
El deporte, en primera persona
Cirujano ortopédico y traumatólogo del deporte.

Juan Francisco Abellán: "De pequeñito le decía a mi madre que quería ser médico de hueso y músculo"

"El trato entre un traumatólogo y un deportista profesional tiene un alto componente psicológico"

09.09.2019 | 04:00
Juan Francisco Abellán Guillén.

¿Médico por vocación, tradición familiar...?

Vocación total porque no hay ni un médico en la familia, solo un tío mío que falleció. Mi madre dice que de pequeñito le decía que quería ser médico de hueso y músculo. Lo atribuyo a que siempre he hecho deporte, que de joven sufrí algunas lesiones y me llamó la atención la traumatología. Dudé entre la medicina y la fisioterapia, pero me di cuenta que quería ser traumatólogo.

¿Y fue buen estudiante?

Modestia aparte, sí fui bueno. Me saqué la carrera en los seis años y el MIR a la primera.
 
Jugó al baloncesto muchos años.

Yo estudié en Maristas en la época de Maristas Júver y mi hermano mayor jugaba allí. Después me fui a San José de la Vega, cuando se fusionaron los dos clubes, y si llegué a algo en el baloncesto fue gracias a Juan Martínez.

¿Qué pasó que habla así de Juan Martínez?

Me quedé un año sin jugar porque mis compañeros de equipo dieron el estirón pero yo no. Estuve entrenando sin jugar y dio la casualidad que los júnior se metieron en la final four. Estuve todo el año entrenando aunque no jugaba. A Juan le faltaban dos jugadores y nos llevó a un compañero mío que era el mejor del equipo y a mí. Todo el mundo preguntaba por qué me llevaba a mí, y él decía que era por las ganas que le echaba. Aprendí a jugar cuando Juan me cogió. Estuve en Primera Nacional y me dejé el baloncesto cuando tuve a mi primera hija.

¿Y cómo le dio por correr, por aburrimiento?

Fíjate que yo me metía mucho con los corredores porque pensaba que eso era un aburrimiento. Pero llegó un momento en el que cambiaron las circunstancias laborales y familiares y ya no podía quedar con diez más para echar una pachanga, pero las zapatillas estaban ahí.

¿Cuándo comenzó con el running?

En 2009, haciendo mi último año de residencia en Nueva York, veía a la gente corriendo por Central Park. Empecé a salir a correr sin fuste, pero me entró el gusanillo. Cuando regresé aquí, como dos hermanos míos corrían, empezamos a apuntarnos a carreras, pero en el asfalto las rodillas me daban mucho la lata.

Entonces se pasó a la montaña.

Sí, probé a través de un conocido. La montaña es más exigente físicamente, pero menos lesiva. Montamos un grupito de cinco amigos y salimos los fines de semana.

¿Cómo llegó a ser este verano médico de la selección española de baloncesto femenino?

Si Juan Martínez es mi mentor deportivo, Paco Esparza es profesional. Hace unos, trabajando en la universidad, empecé a colaborar con él en el Master de la UCAM y tuvimos como alumna a la directora médica de la Federación Española. Este año, por el perfil de la selección, con muchas jugadoras expertas y operadas de rodilla, buscaban alguien de mis características. Me lo propusieron y acepté, aunque tuve muchos problemas.

¿De qué índole?

Laboral y familiar. Tenía que estar seis semanas fuera y tengo cuatro hijas, pero mi mujer, Marta, que es una santa, me animó haciéndome ver que era una oportunidad única. Yo había estado en equipos como el UCAM de fútbol y el Jairis, pero no en una concentración de este tipo. Le tenía respeto, pero toda la gente me lo puso fácil.

¿Cuándo vieron que ese equipo iba a ser campeón?

La selección venía de un Mundial en España muy complicado, con mucho desgaste. De hecho, antes del campeonato casi ninguna pensaba que iban a ganar el oro, pero fueron de menos a más.

¿Y se pasan muchos nervios en un banquillo?

Mira, yo soy muy forofo de la selección en cualquier deporte y poco de club. Veo un Madrid-Barça y no me pongo nervioso, pero cuando juega un equipo nacional, sí. Si me pasa hasta en mi casa, imagínate allí, que estás dentro del ajo. En la semifinal ante Serbia, que fue brutal y tuvimos que remontar, me daba algo.

A Laila Palau la admiro, es increíble esa mujer.

Es fabulosa. Al principio, cuando la conoces, puede parecer un poco distante, pero es un encanto. Ella se echa el equipo a la mochila y todos los problemas pasan por ella, hace de mediadora en todos los conflictos. Es una líder nata.
 
¿Laura Gil es tan trabajadora como parece?

Es una salvaje. Si Laila Palau es líder, Laura es pundonor, coraje. Recuerdo un amistoso que quedaban 30 segundos y salió un balón disparado. Pues se tiró al suelo a por él y tuvimos que recordarle que era un amistoso. Es una chica que hace selección, nunca dice no a nada.

¿Hay mucha diferencia entre trabajar con un equipo equipo masculino y uno femenino?

Sí, hay diferencias porque somos diferentes, ni mejor ni peor. Las profesionales del deporte viven su profesión de forma diferente a los hombres. Yo creo que, en cierto modo, son más exigentes. Además de que el deportista profesional, como paciente, tiene un carácter ya de por si exigente por naturaleza, ya que su cuerpo es su herramienta de trabajo y lo conocen a la perfección, no como el resto de pacientes. El trato entre un médico y un deportista tiene un alto componente psicológico.

¿Ha hecho muchas salvajadas en la montaña?

No sé si has corrido alguna vez, pero esto es un enganche. He pasado de meterme con los corredores a plantearme hacer una ultramaratón. Los últimos cuatro años hacemos en verano algo que lleve implícito turismo. La primera vez corrimos por los Alpes. Después fuimos a Benasque y la última fue en Zumaia, donde nos paramos a medio recorrido para reanimar a otro corredor. De hecho, este año la familia de este corredor nos hizo un homenaje, pero yo no pude ir porque estaba en la selección. En diciembre queremos hacer la Falco, en Cehegín.

¿Correr mucho no es malo? Todo el mundo me hable del suelo pélvico, de los problemas que acarrea...

No tenemos preparado el cuerpo para cualquier deporte en exceso. Todo lo que sea más allá de trotar o andar 25 minutos, las articulaciones padecen.

Pues está mal que esto lo diga un médico.

A mí me aporta más psicológicamente que me quita físicamente. Ese rato me sirve para organizarme, para pensar qué tengo que hacer y liberar tensión, pero hay mucha gente que pasa de no correr a hacer maratones.

Ese es el problema.

Pero no es mi caso. Yo empecé a correr en 2009 y tardé en hacer mi primera media maratón cinco años. No es que no estemos preparados, pero el cuerpo sí necesita un acondicionamiento, por eso es importante también trabajar en un gimnasio y la alimentación.

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