25 de febrero de 2019
25.02.2019
El deporte en primera persona

Carolina Liliana García: "Empecé a jugar al rugby con 34 años y terminé en la selección murciana"

"He cruzado de Argentina a Chile por los Andes en mountain bike en una travesía donde llegas a 3.500 metros de altitud", afirma

25.02.2019 | 10:33
Carolina García, en los Andes con su bicicleta.

Comercial de suministros de hostelería. Carolina Liliana García Fernández (San Rafael, Argentina; 25 de junio de 1979) acaba de concluir una aventura en bicicleta, cruzando los Andes desde Argentina hasta Chile. Comenzó a jugar al rugby con 34 años y llegó a la selección murciana hasta que una lesión provocó que lo dejara momentáneamente. Está afincada en Los Alcázares, donde llegó desde su país huyendo de la crisis, y tiene un hijo.

¿Desde cuándo está vinculada al deporte?
Desde que era chica, muy pequeña. Jugaba al fútbol con mis primos todas las tardes, cuando venía del colegio. Nací en una manzana donde solo había varones, ni una niña, y siempre estaba con mis primos jugando al fútbol con ellos. Yo era defensa porque hasta los 8 o 10 años una chica tiene la misma fuerza que un hombre y era muy competitiva,. hacía todo los que ellos hacían. Recuerdo una infancia muy bonita. Y también me iba a ver el fútbol los domingos con mi abuelo.

¿A qué equipo iba a ver?
Al de mi pueblo, el Goudge. Nos comprábamos una bolsa de mandarinas y era muy divertido porque siempre jugaba alguien de la familia.

Me ha contado que ha jugado al rugby, golf... ¿Qué no ha hecho?
Aunque vivo en Los Alcázares, no he hecho nada que sea náutico y me he planteado hacer kitesurf.

Acaba de hacer la travesía en mountain bike Argentina-Chile. ¿Qué características tiene?
Desde Argentina cruzamos hasta Chile por la cordillera de los Andes, por un paso que solo lo utiliza la policía de la frontera de los dos países. A veces se hace con coches 4x4, pero no está habilitado para el tránsito. Hemos tenido muchas dificultades porque hasta la carretera la tuvimos que hacer nosotros en algunos tramos porque había muchos agujeros.

¿El trayecto era muy duro?
En la cordillera de los Andes el camino es totalmente variable. La nieve, el viento y el tipo de piedra suelta hace que no tengas fijaciones y te puedes encontrar con una avalancha que se lleve la mitad del camino o que, directamente, lo hunda. Llegamos a subir a 3.500 metros de altitud.

¿Y cómo surgió hacer esta travesía con su hijo y su nuera?
Porque mi padre empezó a realizarla hace 20 años. Él la creó cuando se pusieron de moda las bicicletas de mountain bike y descubrió que cruzar una cordillera era un objetivo alcanzable. Junto a dos amigos pensó en cruzar a Chile con las bicicletas y así nació la aventura. Incluso la ha cruzado gente invidente en tándem y también personas muy mayores. Al principio solo era masculina, pero una chica decidió hace mucho tiempo que la quería hacer aunque hubo hombres que se sintieron mal por ello. La primera solo la hicieron 15 hombres y este año, como era la última, decidí prepararme para hacerla yo también con mi hijo y mi nuera.

¿Alguna vez había hecho ciclismo de competición?
Siempre he salido a rodar en bicicleta, pero nunca he competido. Hasta en Tierra del Fuego he salido a correr con muchísimo frío, al lado del Atlántico, con ráfagas que te tiraban.

¿Cómo fue venirse a España?
Mi pareja tenía doble nacionalidad, ya que sus padres eran españoles, y cuando empezó a ponerse complicada la situación, como éramos jóvenes, pensamos que era buena idea venirse acá. Nos encantaba lo que sabíamos del país, de la vida, de las fiestas, y nos vinimos cuando yo iba a cumplir 22 años.

¿Jugaba al rugby en Argentina?
No, empecé a jugar en 2014, con 34 años. Fue por curiosidad, porque llevaba a mi hijo a jugar y así conocí a las chicas de las Squalas de San Javier, que me invitaron un día a entrenar. Al principio solo fue para mantenerme en forma, para hacer algo, pero terminé en la selección murciana.

¿En el rugby no hay edad?
No. Hay limitaciones en todo menos en el rugby. Una persona que juega al rugby con 50 años lo hace con gente de sus mismas condiciones, pero no hay edad en este deporte.

¿Y cómo se sentía en un vestuario con chicas de 20 años?
Una privilegiada, que la vida me había dado la oportunidad de descubrir algo que se había quedado pendiente, que era hacer deporte en equipo, que es lo mejor, porque te transmite flujos de energía. Cuando eres muy pasional y te gustan los deportes, vives y te comprometes con una causa, con el añadido de que todo el mundo a tu alrededor piensa igual. Eso no lo había vivido nunca porque el golf es individual y el ciclismo siempre lo he hecho sola. En el rugby me sentía querida y admirada por mis compañeras, que me decían que querían estar como yo cuando llegaran a mi edad.

¿Es muy competitiva?
Mucho, mucho, mucho. Al principio, cuando empecé a entrenar al rugby, observé me fijaba en las posiciones y las posturas, incluso me costó aprender los códigos del equipo. Pero una vez que aprendí a jugar de una forma correcta, de salir a tiempo, de placar, hacer todas las cosas técnicas, me convertí en una persona competitiva. Antes era imposible porque ni siquiera controlaba las reglas del juego y por ello me expulsaron en un partido jugando contra el País Vasco con la selección, por placar desde el suelo a una compañera, algo que no sabía que no se podía hacer.

¿Con qué no se ha atrevido en su vida a nivel deportivo?
Lo único que no me gusta es el andinismo (alpinismo), me da mucho miedo. He podido comprobar cómo el ser humano es frágil en la montaña. Es un sacrificio que jamás haría.

Pues ha cruzado los Andes.
Ya, pero eso no es subir a una cima, eso es diferente. No veo ninguna belleza en subir una montaña y estar sin moverme en un saco de dormir.

¿No volverá al rugby?
Sí que voy a volver, en cuanto me organice un poco con el trabajo. Llevo dos años operada de una lesión que tuve y ahora ya estoy lista para volver.

¿Y cuántas veces le han dicho marimacho?
Muchas veces, desde que era muy pequeñita, pero sobre todo gente muy mayor. Me decían que con las piernas tan bonitas que tengo cómo podía ir con esos moretones y con las manos destrozas por culpa del rugby. Recuerdo que una vez se me hundió el dedo meñique porque me tiraron dos balones a la vez en un entrenamiento y un hueso se montó encima del otro. Sin recurrir a nadie logré ponerlo en su sitio. Pero también he tenido lesiones de clavícula...

¿Y después de una lesión no ha pensado en dejarlo?
No, hay que seguir. El dolor es momentáneo, pero la satisfacción es para siempre. Realmente en el rugby no te lesionas si sabes jugar y cuando me pasó fue por un fallo mío, porque una rival entró con mucha fuerza y yo me equivoqué, porque en lugar de poner el pecho puse la clavícula y me la hundió.

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