10 de septiembre de 2019
10.09.2019
Entrevista
Manuel Vilas

Manuel Vilas: "No soy un escritor de la oficialidad: ni soy de Madrid ni he ganado el Nacional de la Crítica"

"Soy de izquierdas, una izquierda racionalista que se pregunta por los modelos de producción para que la gente no pase hambre"

09.09.2019 | 20:55
El escritor aragonés Manuel Vilas.

Ordesa le ha cambiado la vida. La obra cumbre del escritor aragonés ha cosechado un enorme éxito de lectores y el aplauso de la crítica. La fórmula es aparentemente sencilla: «Es una carta de amor de un hijo a sus padres muertos, una novela sobre las conversaciones pendientes, un libro donde he puesto todo mi corazón y mi ilusión», confiesa el autor, que hoy visita Blanca como parte del ciclo 'Río de Letras'.

Manuel Vilas publicó el pasado año Ordesa (2018); y, con ello, se sacó de encima un proceso de sanación interior que le ha llevado cinco años. Como a veces ocurre, esa experiencia, ese malestar, ha impregnado las páginas de la novela; el autor, el de ese preciso momento –con sus circunstacias, sus vicisitudes–, está presente sin estarlo en cada párrafo. Y su capacidad para emocionarse –para sentir emociones, entiéndase: para sufrir, para penar– ha conquistado a un buen puñado de lectores en todo este tiempo que lleva la obra en el mercado. Así, con el eco de Ordesa todavía resonando con fuerza, el escritor oscense (Barbastro, 1962) visita hoy Blanca para, primero, ofrecer una rueda de prensa en el Hotel Cetina (12.30 horas) y, después, participar en la Fundación Pedro Cano en una charla coloquio conducida por José Belmonte, crítico, escritor y profesor de Literatura de la UMU (20.30 horas). Pero antes, dejamos que sea él quien nos cuente qué hay dentro de su gran obra.


¿Qué es la familia? Ésta es una novela sobre su familia.

Busqué un espacio donde no hubiera alienación, donde el capitalismo no pudiera entrar. El único sitio donde no puede entrar de momento es en las relaciones entre padres, madres e hijos. Un padre y una madre no van a negociar jamás el amor hacia su hijo. Es amor incondicional.

Es un tema literario también.

Sí, porque es el único lugar donde hay una humanidad plena. En esa relación de unos padres hacia su hijo me parece que aún hay belleza, alegría y amor. Es un 'sí' a la vida gigantesco. Existiendo este gran tema, no tiene sentido que escriba una novela sobre marcianos.

En la literatura española, hay una tradición de escribir a los padres muertos. Un ejemplo es Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique.

Ese libro es genial. Ordesa es muy manriqueño. No obstante, pese a ser un tema universal, yo tengo una originalidad, y es que en Ordesa la madre es igual de importante que el padre. Normalmente la literatura es de padres y está fuera la mujer. En Ordesa están al 50%, están fundidos en una sola condición paterno-materna. La trascendencia de ambos en el hijo es la misma.

En Ordesa también está la historia de España. ¿Es su libro más político?

Probablemente, no. Yo he escrito mucho sobre ideología política en otros libros míos que eran más críticos con la realidad política que estamos viviendo. Éste es un libro amoroso en realidad. Yo escribí este libro porque mi madre murió en mayo de 2014. Y yo estaba muy mal entonces. Me estaba divorciando y tenía un problema alcohólico. Ahora hace cinco años que no bebo. Empecé a escribir el libro porque era una especie de terapia. Una salida a una situación vital extrema. Vi el libro como una forma de terapia en el sentido de la catarsis griega. Es un libro catártico en el que se nombra aquello que duele y que trata de fondear en esas partes de la conciencia más abismales.

En la novela hay un retrato de la miseria moral de España. ¿El país se ha recuperado?

Yo tengo conciencia de mi clase social: yo he vivido en la clase media-baja. A veces no sabía si era clase media o clase media-baja. Pienso que fui de clase media hasta el año '74 o '75. Luego a mi padre le fue mal. En los ochenta éramos media-baja. El origen de la Transición política a la democracia está en la construcción de una clase media más o menos apañada que se hizo en los años sesenta. Es lo que origina que yo vaya a la universidad, por ejemplo. Yo tuve la posibilidad de estudiar porque el país empezó a ir bien y a prosperar la clase media. Al final, los hijos de la clase media van a la universidad, salen con un título y han leído libros y encima va y los escriben. Yo reivindico mucho la clase media española. Sobre todo la de los años sesenta: es gente que trabajó, se esforzó, intentó que sus hijos pudieran heredar un país mejor, una sociedad mejor, aunque ahora estamos donde estamos...

A medida que desaparece la clase media, se diluye la democracia.

La clase media es una invención de la democracia. Hay un parón económico ahora. La democracia necesita el crecimiento económico. La democracia se basa en distribuir la riqueza. Si hay miseria, no hay democracia. El problema que tenemos es el estancamiento económico. Ésta es la crisis que da origen a muchos populismos, a mucha política que se está haciendo ahora y que encubre un problema fundamental: el económico.

¿Hay que limitar el capitalismo?

Sí, claro. Hay que limitarlo. Pero veo que la economía tiene que estar saneada y en crecimiento; si no, no se podrá repartir nada. Y yo lo que veo es que fuera del capitalismo no hay más que una cabra y una zanahoria. El otro día leí el siguiente tuit: «Cuando el capitalismo va bien, la mitad del planeta pasa hambre. Cuando el capitalismo va mal, la pasa el planeta entero». El capitalismo es una bestia compleja. Cuando una persona tiene diez u once años y se compra un smartphone ya está dentro del capitalismo. Y estamos todos dentro, no hay nadie fuera. Lo que me incomoda es cuando se despacha el capitalismo con dos brochazos. La izquierda debería hacer un esfuerzo de comprensión de los últimos rincones del capitalismo. Debe indagar en él, explorarlo. Probablemente los narradores lo que al final estamos haciendo es explorar el capitalismo y sus límites, iluminando todos los rincones.

¿Usted es un hombre de izquierdas moderado?

Yo soy de temperamento moderado. Soy de izquierdas, de una izquierda racionalista que se pregunta en seguida por los modelos de producción para que la gente no pase hambre. Tampoco me gusta aquella izquierda que a la hora de la verdad se arregla su chiringuito para que los demás se queden donde siempre.

¿Se siente cómodo en la foto de familia de la cultura oficial de este país?

Nadie se ve dentro de la oficialidad de la cultura en este país, aunque posiblemente lo esté. Yo no estoy en esa oficialidad por varios motivos: no soy de Madrid, tampoco he ganado ningún Premio Nacional, ni el de la Crítica, y creo que hay varias cuestiones críticas en Ordesa que quizá son inasumibles por esa oficialidad.

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