10 de febrero de 2019
10.02.2019
Inmigración

Las cámaras creen que es un barco de recreo

La Benemérita controla los 208 kilómetros de costa que tiene la Región de Murcia tanto con su presencia física como a distancia, valiéndose de la tecnología: hay dispositivos convenientemente repartidos por las playas

10.02.2019 | 04:00
Imagen de un operativo de la Benemérita en alta mar.

Otra ventaja de la moto de agua es que se puede confundir con una embarcación de recreo y pasa desapercibida a las cámaras de vigilancia que blindan la costa. De hecho, lo consiguen habitualmente.

Una red de estaciones instaladas a lo largo de la costa española rastrea permanentemente el mar. En la provincia, la Benemérita controla los 208 kilómetros de costa que tiene la Región de Murcia tanto con su presencia física como a distancia, valiéndose de la tecnología. Hay cámaras convenientemente repartidas por las playas. En las oficinas del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE), en la Comandancia de Murcia, las miran todo el rato.

La idea no es solamente detectar cuándo llega una patera, que también, sino que sirven para ver si hay alijos de droga por alta mar o si se ha producido un accidente: un velero ardiendo, por ejemplo. También controlan la pesca irregular. En el SIVE, donde trabajan las 24 horas, están en comunicación constante con el Servicio Marítimo.

Las motos de agua o las gomas neumáticas se detectan en el radar como vehículos que van muy rápido. No son pateras al uso. Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad detectaron estos ingenios hace ya algunos años. Era la época en la que abundaban las barcas hinchables de juguete que los inmigrantes compraban en comercios de Marruecos para aventurarse en grupo y esquivar a las mafias. Las motos en sí eran una alternativa, pero deluxe. Costaba mucho el viaje.

El Servicio Marítimo de la Guardia Civil tiene en España varias motos acuáticas para combatir la inmigración ilegal y el tráfico de drogas.

Las patrullas marítimas del Instituto Armado en ocasiones sí inician la persecución, pero cuando logran interceptar la moto, en ella solo viaja el piloto, de vuelta hacia costas marroquíes.

Las motos de agua sí llevan años siendo empleadas para pasar estupefacientes a la Península Ibérica. La película El Niño, de Daniel Monzón, acercó este tipo de historias al gran público: ambientada en el Estrecho, la cinta enfrenta a unos adolescentes que dan sus primeros pasos en el mundo del narcotráfico contra un grupo de policías que tratan de desarticular las redes criminales de la zona.

Volviendo al método tradicional de las barcazas, en las que la gente se juega la vida, más de mil personas llegaron a las costas de la Región en patera el año pasado, según los datos que maneja la Delegación del Gobierno. En concreto, este organismo detallaba, a finales de 2018, que la Región de Murcia había recibido a un total de 1.104 inmigrantes a bordo de 97 pateras, la inmensa mayoría de origen argelino. De ellos, 997 eran hombres, 37 mujeres y 70 menores de edad.

Capitanía Marítima ya alertaba entonces de que había aumentado el nivel adquisitivo de las personas que cruzan el Mediterráneo. Ponían el acento en que personas viajaban en barcos nodriza hasta un punto del mar, donde hacían trasbordo en una de las citadas embarcaciones ligeras equipadas con un pequeño motor y bidones de combustible.

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