La mirada exterior

Murcia, Castelló y el AVE

12.10.2017 | 04:00

Veo asombrado la insurrección de vecinos murcianos contra el AVE. Quemando contenedores y todo. Qué cosas, aquí, en Castelló, llorando, suplicando, mendigando, engañados, timados, embaucados desde hace muchos años (más de dos elecciones generales y autonómicas) y ahora orando de rodillas para que dejen de hipnotizarnos, de darnos por donde la espalda pierde su casto nombre hacia abajo y que de una vez por todas llegue el AVE. Castelló y yo somos así, ¿señora? No, señores poderosos que hacéis con nosotros lo que os da la real gana.

Ya ves, Murcia. ¿Habrá algún pueblo más agronómico, «meninfotista», tranquilo y conservador que Murcia donde el calor del verano los tiene dormidos todo el año? Creo que no, en toda España. Y por eso me llama la atención su insurrección contra el AVE, solamente tapada, solapada (estos días) por otra insurrección: la asonada catalana, en este caso pacífica, contra el Estado español.

Manda huevos. ¿Y por qué se rebela Murcia contra el AVE? Muy sencillo, porque le quieren hacer tragar con ruedas de molino y no quieren que el trazado de las vías rompa la ciudad en dos o se cargue parte de su rica huerta, hoy una de las despensas de España. Es decir, volver al ayer. Como si aquí en Castelló volviésemos a poner barreras, como hace treinta años, con barrios periféricos como San Agustín y San Marcos, San Lorenzo, San Josep Obrer, Benadresa o El Roser.

¿Y de quién es la culpa de las revueltas pimentoneras murcianas? ¿De la sociedad? ¿De los curritos de a pie? No. En este tema solo hay un culpable: nuestra torpe, necia clase política y los intereses económicos de los que más mandan que son a los que sirven y que en las licitaciones que les presentan (algunas amañadas y preparadas por los técnicos de turno desde un principio), van a la baja sin ningún tipo de pudor, solo para hacer lo peor con el mayor beneficio posible y porque, en el fondo y la forma, los políticos son esclavos sumisos de los votos y serían incapaces de hacer esa obra en Madrid, Catalunya o el País Vasco. Ellos son los insolidarios, no las Comunidades y los pueblos.

Legítimamente, la sociedad murciana quiere un AVE diseñado para coser, para trenzar y no para desgarrar el tejido social vecinal con barreras de por vida. Quiere un AVE canalizado a través de la correspondiente construcción subterránea que no moleste a nadie. Y aquí viene el quid de la cuestión: ese AVE, soterrado, cuesta mucho más pasta que vigilado al aire libre. Pero Murcia, como Castelló, en el contexto electoral del país, no tiene votos para ningún granero.

Murcia es una Comunidad uniprovincial y el millón de votos que se puedan emitir es muy poco frente al total de algo más de 36 millones de papeletas del país. Y ahí es donde se castiga, irracionalmente.

Pero, para mí, en el caso de Castelló, es mucho más sangrante el tema. Somos una de las provincias que más aportamos al erario público, en proporción a nuestra población, también con pocos votos en el contexto electoral general, pero que encima pagamos más impuestos que la media de ciudadanos españoles y somos, como Comunidad, los terceros en recibir menos gasto e inversiones del Estado. Se nos sigue tomando el pelo, como desde hace quince años con el AVE, a pesar de que aquí irá soterrado sin que haya ninguna insurrección.

Por eso, Administración Central, traedlo de una vez por todas, que los que más beneficiados van a salir son unos cuantos cientos de miles de madrileños.

Ni para ser centralistas tienen vista. Santa Lucía, ayúdales.

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