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Condenas y condenados

09.06.2016 | 04:00
Condenas y condenados

Rafael Blasco, exconseller de la Generalitat Valenciana: condenado a ocho años de prisión (donde se encuentra en estos momentos) por tráfico de influencias y malversación de caudales públicos (desvió, al menos 1,6 millones de euros), entre otras medallas criminales (se llevó un buen fajo de billetes para casa).

Jordi Montull y Félix Millet: condenados a un año de cárcel y multa millonaria por tráfico de influencias, es decir, por meterse al bolsillo 900.000 euros de la caja de la Fundación del Palau de la Música en Cataluña; si bien Millet confesó haber desviado para su beneficio personal al menos 3,3 millones de euros.

Fidel Pallerols: siete meses de prisión (que el tribunal no le permitió eludir) por malversación de fondos públicos (concretamente 400.000 euros) con los que financiar ilegalmente a un partido político llamado Unió Democràtica de Catalunya (UDC).

Iñaki UrdangarIn: (sobran las presentaciones) aún no ha pisado la cárcel, ni hay indicios de que lo vaya a hacer, aunque ya está más que probado por parte de la Agencia Tributaria que defraudó más de 240.000 euros en 2007 y 2008. Y lo que queda por demostrar no es moco de pavo: malversación, fraude, prevaricación, falsedad y blanqueo de capitales. Las cifras, por supuesto, millonarias.

Hay muchos más nombres, más condenas por imponer a políticos, empresarios o deportistas en nuestro país, miles de millones 'de todos' que andan perdidos en los bolsillos 'de algunos'.

Alejandro Fernandez: seis años de cárcel que comenzó a cumplir ayer por pagar 79,2 euros con una tarjeta falsa en 2010 (con 18 años recién cumplidos) en un supermercado. Perfectamente reinsertado, sin delitos de ningún tipo posteriores a la condena y un 'NO' sin explicaciones a su indulto por parte del Consejo de Ministros.

Cuando una lee todas estas cosas, reflexiona, echa cuentas y hace cálculos, no sabe muy bien si debe insuflar ánimos o directamente desechar las pocas ganas de participar en la repetición de las elecciones generales, constatado el desequilibrio de la justicia que se nutre de normas y leyes que montan y votan muchos de los que terminan negando cargos ante el juez de turno. La pérdida de confianza envenena cualquier tipo de relación. No sé yo si habrá antídoto suficiente en nuestro país para evitar el inminente shock social.

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