Desde mi picoesquina

Derechos humanos como reclamo

07.06.2016 | 04:00
Derechos humanos como reclamo

Es joven, bien parecido, proyecta una imagen de niño 'pijo' y ha sido elegido y protegido por las empresas del Ibex 35 como el gran renovador de una derecha siempre casposa y ahora corrupta. Me refiero, claro, a Albert Rivera, el que hizo inicialmente de Catalunya su trampolín españolista de lanzamiento.

Rivera estrena trajes y gomina en cada comparecencia mediática. Y discurso. Aquel chico bien que ha venido exhibiéndose como el paladín de una derecha renovada aunque tras el 20D camufló sus querencias por sus mentores con un supuesto viraje al centroizquierda nos ha desvelado su auténtico rostro tan pronto se ha quitado la careta. En efecto, su nada disimulado anticomunismo corre parejo a su tremenda aversión a cualquier posibilidad de cambio real protagonizado por la izquierda. Rivera quiere pujar fuerte. Poseído por un súbito anhelo de hombre de Estado, su última hazaña fue emular a Zapatero viajando a tierras caribeñas. Pero mientras el expresidente socialista marchó a Caracas como mediador, con el 'permiso' del Gobierno, Albert Rivera contribuyó con su viaje a echar más leña al fuego del incendio venezolano. Con el apoyo de una caverna mediática que viene criminalizando al régimen bolivariano, su periplo caribeño nos ha mostrado su nada disimulada parcialidad y desvelado que, como en el resto de casi todas las fuerzas políticas, en su proceder hay mucho de hipocresía y de manipulación interesada. Un articulista oriundo de aquellas tierras, Agustín Zarco Silvestre, define así la injerencia española en la política venezolana: «Ahora vienen todos a Caracas a darse el pantallazo [sic]. Antes de la fundación de Podemos, Bono vendía buques de guerra y Morenés, armas y municiones; sin olvidar a Aznar y Zapatero: todos firmaron negocios con Hugo Chávez».

La defensa de los derechos humanos en Venezuela ha sido, pues, el pretexto ideal para iniciar una campaña preelectoral y electoral que se prevé reñida, porque muchos son los miedos que anidan no sólo en la derecha sino en quienes se disfrazan de izquierda, sin serlo, ante la posibilidad real de que las auténticas fuerzas de izquierda, nucleadas en torno a la candidatura de Unidos Podemos y con un amplio apoyo social, logren dar un salto cualitativo que haga resquebrajarse las columnas en que se asienta el poder.

En su supuesta defensa de los derechos humanos en Venezuela Rivera ha obviado un pequeño detalle: en la vecina Colombia, más de trescientos líderes indígenas y campesinos fueron asesinados en 2015, muchos de ellos a manos de los poderosos terratenientes del país y fuerzas paramilitares. Ni Rivera ni PSOE ni PP, los otros partidos que le han acompañado en esta farsa, parecen enterarse.

Demos un salto al norte del Caribe. Vayamos a EE UU, el paradigma de la democracia occidental. ¿También de los derechos humanos? Según informa Amnistía Internacional (AI), el pasado septiembre EE UU aceptó aproximadamente las tres cuartas partes de las 343 recomendaciones formuladas durante el examen periódico universal (EPU) de la ONU. Al igual que en 2011, EE UU afirmó que respaldaba la petición de cerrar el centro de detención de Guantánamo, la ratificación de los Derechos del Niño y de la Convención sobre la Mujer y la rendición de cuentas sobre torturas. Pues bien, al finalizar 2015 no se había puesto en práctica ninguna de ellas. En otro orden de cosas, desde 1976 el número de ejecuciones en ese país asciende a más de 1.400 (28, en 2015), algunas, de deficientes mentales. En ese año, 31 estados mantienen la pena máxima, aunque en 19 ya no se aplica. Estos datos parecen importarle también poco a Rivera y a sus aliados.

Crucemos de nuevo el charco. Detengámonos en Marruecos. No vimos igual contundencia en la denuncia cuando, en 2013, el régimen marroquí reprimió con dureza a la activista saharaui Aminatu Haidar. Al día de hoy, la población de la excolonia española del Sahara sigue soportando penas de cárcel, ataques a la libertad de expresión, torturas? Pero se trata de no molestar al monarca alauita, uno de los 'primos' del rey Felipe VI. Como tampoco a Arabia Saudí, esa monarquía teocrático-feudal, también amiga del monarca español y de Occidente, que mantiene a la mujer en una situación de esclavitud y dependencia respecto del varón y que ha descubierto en las ejecuciones sumarias, además, una forma de eliminar a la disidencia chiíta. El pasado año, 158 personas fueron ejecutadas en ese país, con métodos tan abominables como decapitar al reo y exhibirlo, crucificado, en las calles, para escarmiento popular. Ante estos hechos, tampoco he visto reacción alguna por parte de C's, PSOE y PP. Ni, por supuesto, de la Corona.

Manipulación, tergiversación de los hechos, manifiesta falsedad e hipocresía adornan, pues, la supuesta defensa de los derechos humanos por parte de Albert Rivera y sus aliados. La situación política venezolana ha venido siendo instrumentalizada como un reclamo electoral y caladero de votos. Si no lo evitamos el 26J, C's y otras fuerzas políticas se aprestan a apuntalar a este régimen del 78.

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