Por si encaja

El factor humano

26.05.2016 | 04:00
El factor humano

Me paro a hablar en la playa con una vecina. Normalmente me la cruzo con su marido en temporada alta, que es cuando establecemos un diálogo surrealista que arranca con la pregunta de si tienen ya escriturada la parcela en la que plantan la sombrilla desde tiempo inmemorial. Esta vez lo que hace es pasear ataviada con una pamela súper acogedora bajo la que ha empezado a celebrar la llegada del cumple. Durante este ciclo reconfortante del que disfrutamos desde 2008 y que ciertos entendidos advierten que se vivificará el próximo año, la despidieron pero traumatizada no es que se la vea. «Aunque siempre lo realicé a gusto, tenía claro qué era lo que sobraba en mi vida». Ahora, que tras tantos trienios puede permitírselo, invierte en ella. «Yo no hubiera tenido niños», proclama. «Nunca me han gustado; los míos y ya está. Además, ninguno de los dos anda ennoviado en estos momentos por lo que me ahorro nueras, que no es algo me motive precisamente. Al contrario que nosotros, ellos viven al día».

Qué me vas a contar, hija mía. Recuerdo al mío, adolescente perdido entonces, verme llegar fundido tras una de esas jornadas inverosímiles y soltar: «Yo no quiero vivir para trabajar, papá, sino trabajar lo imprescindible para disfrutar la vida». Sí, había que contenerse. Pero lo inaudito es que, treintañero total, está lográndolo.

El momentazo contribuye a que quienes emergen no puedan trazarse planes a medio ni largo plazo. Claro que, como digo, una parte significativa de esta hornada tampoco es que se lo planteara. Nosotros veníamos del agobio inoculado a fuego de alcanzar un puesto seguro cuanto antes y ellos, que no han crecido con ese síndrome, se enfrentan mucho mejor que lo haríamos nosotros a la precariedad porque, a pesar de la misma o precisamente por su hedor, no aguantan los abusos ni chiripa y cambian a otro corral antes de que cante el gallo. A muchos pensionistas hasta les angustia pensar qué será de sus vástagos cuando éstos se jubilen. Tranquilos. Dadas las obsesiones, intuyo que más felices.

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