Impresiones

El tiempo que tardamos en morir

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PEDRO PUJANTE Llega el final del verano y mueren los días de ocio. Y yo llego a la conclusión, demasiado idealista y utópica, de que éste debería ser el estado natural de las cosas. Es decir, vivir, tener tiempo libre para ti. Caballero Bonald dejó dicho en un hermoso poema que «somos el tiempo que nos queda». O dicho de otro modo, el tiempo que tardamos en morirnos. Por eso, si tenemos algo valioso es tiempo.

Una película no demasiado profunda pero entretenida y con un mensaje claro y digno de recordar es In time, de Andrew Niccol. Una producción americana de ciencia ficción en la que la moneda de cambio es el tiempo. Algo supuestamente ficticio. Y digo supuestamente porque en realidad, ¿qué hacemos sino vender nuestro tiempo a cambio de dinero? La hora de masaje cuesta tanto, la hora de mano de obra en un taller vale 50 euros, etc. La jornada laboral se cifra en cuarenta horas semanales, la edad de jubilación que sube a 67 años. Toda una vida. Así que nada sorprendente lo de usar el tiempo directamente como moneda de curso legal. De hecho, nuestra vida no es otra cosa que tiempo. Recuérdense esos bancos de tiempo que surgen en el siglo XIX de iniciativas como la del anarquista americano Josiah Warren. Warren creó la Tienda de tiempo de Cincinnati. La idea consistía en usar el tiempo como referencia y que, de este modo, «el coste fuese el límite del precio». Pero, a pesar de la buena fe de este señor hay quienes valoran más el dinero que la vida. Sobre todo si es la vida de los otros, claro.

Reflexionando sobre estos asuntos me viene a la cabeza el abuso que se ejercía en el pasado. Véase los constructores de pirámides que dedicaban su vida de forma exclusiva para edificar una tumba al gran faraón. Y estas barbaridades, que a algunos nos parecen lejanas en el tiempo, en el caso de los egipcios faraónicos, no son muy distintas a como verán nuestros nietos la situación actual. Se echarán las manos a la cabeza y exclamarán: «Oh, nuestros abuelos trabajaban hasta los setenta años para luego disfrutar sólo diez. Y además esos diez años eran los peores porque ya estaban viejos, exhaustos y sin fuerzas para hacer nada de nada». Sí, es demencial. Sobre todo si se compara con el sueldo y la vida laboral de un político y si se tiene en cuenta que tiene derecho a cobrar la pensión máxima con sólo acumular siete años de ´trabajo´. Imagino que lo harán para tener más tiempo para vivir. Porque habrán leído el poema de Caballero Bonald y aprecian la vida. Eso sí, la suya pero no la de los ciudadanos a los que se supone prestan servicio.

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