'El Chino', acusado de asesinar a dos personas y tratar de matar a otras dos con un revolver en la discoteca Blue Diamond del Polígono Industrial Oeste de Alcantarilla en noviembre de 2014, ha reconocido los hechos, al igual que lo ha hecho su amigo, 'El Federo', presunto encubridor. Asimismo, en concepto de responsabilidad civil ha indemnizado a los familiares de las víctimas. Ambos han alcanzado un principio de acuerdo de conformidad con el Ministerio Fiscal. No obstante, el juicio, que estaba previsto que se desarrollara a lo largo de diez sesiones, se ha reducido a seis, por lo que hasta que no acabe, el Ministerio Público no tiene previsto modificar el escrito de acusación. En un primer momento, el fiscal pide penas que suman 56 años de cárcel para el presunto asesino y para su amigo solicita una pena de un año y seis meses de cárcel.

Considera que los hechos son constitutivos de dos delitos de asesinato, dos delitos de asesinato en grado de tentativa y uno de tenencia ilícita de armas, solicitando por cada uno de los delitos de asesinato la pena de 19 años de prisión e inhabilitación absoluta; ochos años por cada uno de los asesinatos en grado de tentativa; y dos por la tenencia ilícita de armas. El juicio comenzó ayer en la Audiencia Provincial de Murcia después de que se aplazara el pasado mes de enero ante la posibilidad de que se cerrara un acuerdo entre los abogados de la defensa, los de la acusación particular y la fiscal.

El presunto autor del doble asesinato, que ha reconocido los hechos, aprovechó su intervención para pedir perdón por lo que ocurrió la noche del 21 de noviembre de 2014, ya que «no estaba bien» al encontrarse, confesó, bajo los efectos del alcohol y las drogas. «Sé que no puedo reparar el daño de ninguna manera», dijo.

El presunto encubridor se limitó única y exclusivamente a reconocer los hechos que se le atribuyen. Juan Francisco Ros, abogado que representa a una de las víctimas mortales, advirtió que «aún es pronto para hablar de una supuesta reducción de las penas», ya que el juicio continuará estos días con la práctica del resto de pruebas, tanto pericial como de los policías, para que previsiblemente se ratifiquen. La acusación particular ha solicitado que la familia no declare, ya que «están reviviendo todo lo que ocurrió y se encuentra mal».

Los hechos se remontan a las 21 horas al 21 de noviembre de 2014, cuando el acusado llegó al establecimiento en compañía de otros amigos, entre los que se encontraba el otro procesado. Una vez en el establecimiento el primero de los acusados estimó que el servicio recibido por las camareras no era el adecuado, por lo que comenzó a quejarse increpando a las trabajadoras. En ese momento se personó en la barra el encargado del establecimiento, que le pidió al acusado que se tranquilizara.

El acusado, lejos de deponer su actitud, le insultó y le amenazó de muerte diciéndole que le «iba a rajar el cuello». Cuando el vigilante empezó su turno se dirigió al grupo que estaba protagonizando el altercado y el acusado también le dirigió amenazas de muerte. Ante esta actitud, el vigilante decidió echarlos del local. Furioso por este hecho, el acusado se marchó. Menos de 20 minutos después, sobre las 22 horas, regresaba conduciendo a gran velocidad. Tras aparcar, se dirigió a la puerta en donde se encontraba el vigilante de seguridad y el propietario y el encargado con las manos en la espalda, en donde ocultaba el revólver. De improviso, comenzó a efectuar disparos, consiguiendo que cuatro de ellos impactaran en el portero, que finalmente falleció. Asimismo, otros dos proyectiles alcanzaron a un cliente que se disponía a entrar y que también falleció. Tras disparar, el acusado se dio rápidamente a la fuga en su vehículo.