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Como Chavero por su casa

Un gol del catalán condena al UCAM y permite al Real Murcia salir como líder en su vuelta a La Condomina Granas y universitarios cumplen con las expectativas, disputando un partido intenso, con alternativas para ambos y goles bonitos

23.11.2015 | 08:35

Hay estadios especiales. Recintos en los que nada más entrar se huele a fútbol. Campos en los que las gradas almacenan tantos recuerdos que lo que pasa en el césped se queda en nada. Un poco de todo eso ocurre en La Condomina, donde los murcianos llevan disfrutando del fútbol desde que fuese inaugurado en 1924. Ayer, el vetusto estadio se vistió de gala, por decirlo de alguna manera, teniendo en cuenta las malas condiciones de las gradas. Y es que no solo volvía el Real Murcia a la que fue su casa durante más de ochenta años sino que además el UCAM Murcia, actual propietario, comparecía en lo más alto de la clasificación, como líder del Grupo IV.

Los ingredientes estaban sobre la mesa. Solo faltaba que los cocineros, ya sea en el banquillo o sobre el césped, no defraudaran a la hora de ejecutar la receta. Porque ya saben que, da igual que hablemos de la vida, del amor o del deporte, cuanto más altas son las expectativas más gordos suelen ser los fracasos. Pero ayer, como si se tratase de un mano a mano entre Ferrán Adriá y Juan Mari Arzak, UCAM Murcia y Real Murcia se pusieron el delantal y el gorro para que nadie llegase a las siete de la tarde con el estómago vacío. Y vaya si lo consiguieron.

Aunque el plato del Real Murcia fue el más completo y el más sabroso, lo cierto es que el UCAM supo defender a la perfección su condición de líder. Lo único que no tuvieron los universitarios fue el empuje y el cariño de los espíritus, de todas esas almas que permanecen en un recinto en el que descubrieron el murcianismo y vivieron los mejores momentos de la historia de la centenaria entidad. Esos duendecillos fueron los que casi con toda seguridad empujaron a Dani Pérez a rematar a la perfección una falta botada por Sergio García para poner el 0-1 en el marcador. Qué no saben lo que hay de extraño. Pues muy sencillo. Que el central vestía de azul y dorado y que no batió a Fernando sino a su colega Escalona.

Fue la jugada que marcó la primera parte y que premió a un conjunto grana que, como dice el refrán, se sintió en La Condomina 'como Pedro por su casa' o, mejor, 'como Chavero por su casa'. Por que el catalán, ex del UCAM Murcia, fue el líder murcianista sobre el césped en el que la pasada campaña hizo de las suyas semana tras semana. Junto a Armando y con el apoyo de Germán y Sergio García, que al igual que ocurriese en el choque frente al Cádiz fueron fundamentales en las ayudas y en las salidas a la contra, superaban una y otra vez a la pareja de baile de los locales. Remón, y sobre todo Fall, siempre quedaban un poco en inferioridad ante el ímpetu inicial de los murcianistas.

Pero el UCAM Murcia no necesitó el centro del campo para lograr la igualada. Porque para eso contó con la ilustre colaboración de Góngora, el 'Batman' universitario. Corría la media hora de juego, solo seis minutos después del gol murcianista, cuando la defensa grana cedía una falta al borde del área. Nada más ver al árbitro levantar el brazo, las mentes de los aficionados visitantes ya dibujaban el disparo del que fuese su jugador durante dos temporadas. Y nadie se equivocó. Allí estaba el malagueño para enviar el balón a la escuadra de la meta del fondo sur del estadio, misma portería en la que estaban los aficionados del Real Murcia.

El tanto de Góngora ayudó a colorear aún más el partido. El marcador y las fuerzas volvían a estar igualadas. Las defensas lucían sus mejores armaduras y jugadores como Nono y Aguilar, en el bando universitario, y Sergio García y Carlos Álvarez, en el lado grana, se convertían en imprescindibles. A la vez que los locales, como si en vez de anotar el gol del empate se hubieran tomado un trago de la poción mágica de Panoramix, daban un paso al frente, el Real Murcia se apresuraba para ajustar líneas, cerrar espacios y aprovechar cualquier posibilidad de salida para lanzarse a la contra. En uno de esos balones tocados por Fran Moreno, Escalona llegaba antes que Carlos Álvarez, mientras que Germán, en otro pase de Chavero, veía como Pol Bueso enviaba su disparo a córner.

El peligro universitario volvía a llegar en las botas de Góngora. El malagueño se metía hasta la cocina, hasta la línea de cal, pero no pudo abrir la nevera. Su centro no encontró rematador y acabó siendo despejado por uno de los que vestía de grana.

El empuje de los de Salmerón aumentó nada más comenzar el segundo tiempo. Tomás Ruso, que sigue empeñado en olvidar las críticas que recibió en el inicio liguero, impedía rematar a Pallarés un balón puesto por Carlos Rodríguez, mientras que Iván Aguilar chutaba a las nubes en el minuto 47 para tranquilidad de Fernando.

Chavero fue el encargado de responder por el bando contrario. Con un balón maravilloso, como guiado por GPS, superó a la defensa universitaria para dejar a Carlos Álvarez en una situación inmejorable. Pero el asturiano, que no consiguió quitarse la presión de Dani Pérez y Pol Bueso, se fue escorando hasta perder ventaja. Finalmente su disparo se marchó muy cruzado.

Los primeros movimientos sobre el tablero ayudaron a confirmar el buen inicio del UCAM en este segundo periodo. El técnico universitario ganaba la partida a José Manuel Aira en el banquillo. La entrada al campo de Checa desnivelaba la batalla, sobre todo porque, por primera vez, los universitarios dieron un golpe sobre la mesa en el centro del campo. El sevillano fue el complemento perfecto para Remón y Fall, quien se sintió liberado, y la peor pesadilla para Armando y, sobre todo, para Chavero, que de bailar solo había pasado a chocarse con demasiadas piernas. Isi, por su parte, sustituía Germán.

Pallarés, Iván Aguilar, en dos ocasiones, y César Ramón ponían el caramelo en la boca de la afición universitaria y los nervios a cien en los seguidores murcianistas. El gol parecía que iba a llegar en cualquier momento y José Manuel Aira solo necesitó diez minutos para darse cuenta de que si no reaccionaba estaba condenado a perder. Así, como si de un general romano se tratase, dio la orden adecuada. Rafa de Vicente era el hombre elegido para poner orden en el centro del campo.

Si el malagueño entraba para nivelar la batalla, Chavero tenía claro desde hace días que él sería el encargado de decidirla. Otra vez los espíritus y su importancia. En un saque de esquina lanzado por Sergio García –vuelta a la titularidad y doble asistencia–, el catalán, que se disfrazó de Superman para no ser menos que su amigo Góngora, sorprendió a todos desde el primer palo para, de espaldas, batir a Escalona con un balón que fue apareciendo en el ambiente como un arcoíris en el cielo.

Quedaban veinte minutos y el UCAM no estaba dispuesto a ceder el liderato. Y menos en el que ahora es su estadio. Góngora seguía siendo la brújula que enseñaba el camino de la meta defendida por Fernando. Una combinación del andaluz con Pallarés y Antonio Bello, que salía para sustituir a Remón, se marchaba fuera. Posteriormente, en una falta colgada por el lateral, un defensa murcianista se cruzaba para quitar el remate limpio de Checa. En la jugada siguiente, de nuevo Góngora intentaba sorprender a Fernando con un gol olímpico, pero el lanzamiento de esquina pegó por fuera en el larguero.

El colegiado enseñaba el tiempo de prolongación y los universitarios echaban el resto. Antonio Bello ganaba en velocidad a José Ruiz para colarse en el área, pero cuando se disponía a disparar pegó al césped en vez de al balón, dando de nuevo la ventaja al lateral murcianista. ¿Espíritus? A la afición grana todavía le quedaría que sufrir un poco más cuando el colegiado, a falta de unos segundos para que se cumpliesen los tres de añadido, señaló una falta en un lugar muy parecido al del primer gol del UCAM. Allí estaba otra vez Góngora preparado para salvar a su equipo. Sin embargo, el andaluz pronto se dio cuenta que tendría que ser otro día, porque la defensa murcianista sacaba el balón a la vez que el árbitro señalaba el túnel de vestuarios.

Pero los jugadores murcianistas, que salían como líderes de La Condomina, no quisieron marcharse sin celebrarlo con los mil seguidores que allí estaban y con todas esas almas que durante más de ochenta años cantaron gol en ese estadio. Espíritus que seguro que ayer algo tuvieron que ver en el regreso triunfal del Real Murcia a su casa.

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