Toni García Arias 

"Lo que quiero no es llegar al gran público, sino que se me reconozca por hacer buena literatura"

"Lo necesitaba, sentía que estaba empezando a perder mi voz poética, y lo aparqué todo para escribir el libro"

21.11.2017 | 07:58
"Lo que quiero no es llegar al gran público, sino que se me reconozca por hacer buena literatura"

Tras una vida dedicada a la poesía y, especialmente en los últimos años, a la educación emocional, este gallego –aficado desde hace años en San Javier– se lanza ahora con Mentiras para no estar solo a un género hasta ahora desconocido para él: la novela.

Si algo se desprende de sus palabras es que no tiene miedo a nada. Quizá, en este sentido, su faceta como profesor le haya ayudado a lanzarse a lo desconocido con una clara voluntad de aprender, de descubrir. Así, Toni García Arias acaba de publicar su primera novela, Mentiras para no estar solo; aunque lo último que es este gallego afincado en San Javier es un novato: a sus espaldas, tres poemarios y varias publicaciones de ámbito pedagógico. No es de extrañar entonces que más de doscientas personas acudieran a la presentación del libro en su ciudad.

Toni, sú primera novela. Aunque, para serle sincero, la primera vez que supe de Mentiras para no estar solo pensaba que seguía en la línea de sus últimos trabajos, centrados en la educación emocional. ¿Tiene algo de ese otro mundo?

Tiene cierta relación. La parte emocional de las personas, de la sociedad, me interesa y me preocupa mucho, así que, inevitablemente, los personajes de Mentiras para no estar solo son muy emocionales. Ni mucho menos es Educación emocional para todos (2016), que es de tipo divulgativo, pero es verdad que los dos protagonistas de esta novela se caracterizan por ser dos personajes heridos emocionalmente.

Además de Educación emocional para todos y otros libros del estilo, tiene tres poemarios. ¿A qué se debe este cambio de formato, este viraje hacia la novela?

En realidad, a mí me gusta mucho escribir de distintas cosas, y de diferente forma. Me gusta la poesía, la educación, la filosofía..., y la novela era algo que tenía en perspectiva, en parte porque quería saber lo que era escribir una novela y porque hay mucha gente que me reclamaba algo así; aunque reconozco que donde yo me encuentro cómodo es en la poesía. A la hora de escribir una novela, la batalla con las palabras es totalmente distinta. Digamos que esto es más como una construcción arquitectónica: tienes que conseguir personajes creíbles, tener muy clara la historia, que no haya fallos en la trama... Es un proceso lento y tienes que vigilar muchos aspectos técnicos. La poesía, en cambio, es una lucha en busca de la palabra exacta que represente lo que quieres decir.

No se detenía en la escritura, digamos, recreativa, desde su último poemario, Ángeles caídos (2007). ¿Cómo se ha encontrado durante el desarrollo de Mentiras para no estar solo ?

Disfruté mucho. Disfruté creando a los personajes, y los hice tan propios que prácticamente son como conocidos para mí, y disfruté haciendo el trabajo de investigación –todas las calles y las ciudades que aparecen son reales–. Es prácticamente como hacer una película: tienes que buscar los decorados, los personajes... Pero lo mejor viene a posteriori, cuando quienes la han leído empiezan a comentarte la novela, si les gustó la trama o un personaje o detectaron algún fallo. En la poesía eso no existe, no tiene un feed back tan claro; «Me gustó mucho» o «Me hizo feliz», no hay más. Pero aquí sí que opinan, y la gente es mucho más participativa. Es muy bonito y satisfactorio.

¿Por qué ha tardado tanto en volver a lanzarse?

Principalmente porque desde mi último libro de poesía me he visto un poco inmerso en aspecto profesionales. Y, claro, entre los artículos para LA OPINIÓN y otros que escribo para ViceVersa Magazine –que son sobre temas muy reales, muy de actualidad–, al final te acostumbras a escribir de una manera 'mundana', y eso hace que se pierda la parte artística. Pierdes frescura a la hora de escribir de manera literaria, y cuando tu vida está ocupada casi al 100% por el trabajo comienzas a perder tu voz poética o literaria. Por eso el año pasado decidí aparcar todo lo de educación y reducir un poco los artículos para escribir el libro.

¿Hay algún hecho concreto que le hiciera decir: «Hasta aquí»?

Hubo un punto concreto, y es un punto de necesidad. Estoy muy contento con los artículos que escribo –los publico en mi Facebook y la gente los comenta y suelen gustar–, pero yo notaba que algo en mi moría lentamente, y siempre te queda esa parte artística de leer por gusto o escribir por gusto. Quería recuperar ese disfrute que yo tenía con la escritura; la sensación que te reporta un poema o un relato no tiene nada que ver, para mí, con un artículo de prensa.

En la página de agradecimientos encontramos alusiones, además de a algún poeta como Sánchez Rosillo, a escritores como Juan Jacinto Muñoz Rengel. ¿Algunos de ellos fue clave en este cambio de género?

En principio no; al menos no directamente. Con esas personas he mantenido una relación que me ha ayudado a continuar en este mundo de la literatura donde publicar es tremendamente difícil. En concreto, la alusión a Eloy viene porque cuando escribí uno de mis primeros poemarios, él me llamó para comentarlo y estuvimos hablando mucho tiempo. Su llamada, la de un poeta de renombre como él, me ayudó a confiar en mi propia voz poética, y eso para un escritor que empieza es algo muy importante. Y el caso de Rengel viene porque en nuestras conversaciones hablamos de por dónde orientar la literatura: si destinada a un gran público, pero quizá de menos calidad, o hacer literatura con mayúsculas. Es difícil porque a veces te desesperas y quieres que algo salga y piensas en la autopublicación, y él me dio buenos consejos y me hizo ver que yo no quiero llegar a un gran público, sino que se me reconozca por hacer buena literatura.

Hábleme de Mentiras para no estar solo .

Es la historia de dos personajes heridos emocionalmente que viven, una en Madrid, y el otro en Salt Lake City, dos lugares completamente desconectados, que aparentemente no tienen nada que ver el uno con el otro. Sin embargo, y a través de distintas decisiones que toman en sus vidas, acaban encontrándose. En ese sentido me gusta mucho, por ejemplo, Paul Auster, porque da mucha importancia a las casualidades que te conducen a sitios que nunca habrías imaginado.

En la contraportada dice que «u na trama oscura envuelve a los protagonistas y que sirve para retratar las relaciones humanas entre los personajes». ¿Le interesaba particularmente ahondar en este tema?

Pretendo mostrar que en sí no existe nadie puramente bueno ni nadie absolutamente malo; ni siquiera hay acciones que sean al 100% buenas o malas, ya que hay una serie de circunstancias que influyen a la hora de tomar una decisión. Me gusta esto porque creo que demuestra que el amor y el odio son los motores que mueven el mundo –principalmente el amor–. Entonces, ¿cómo se construyen las relaciones humanas? Bueno, pues a veces a base de mentiras, ya sea para conseguir determinados objetivos, el amor o un puesto de trabajo. Es impresionante lo que el ser humano es capaz de hacer.

Y cómo profesor, ¿tienen algo de pedagógico las mentiras?

Podríamos decir que sí; en cierta medida. Te pongo un ejemplo: un alumno levanta la mano y me pregunta si puede ir al baño. Ambos sabemos que no es porque tenga ganas de hacer pis, sino porque está agobiado o simplemente porque necesita desahogarse porque lleva dos horas en clase. Ambos sabemos que no es del todo cierto, pero al menos sé que esa mentira es para descansar un rato. Las mentiras muchas veces se establecen de modo que ambas partes conocen el entramado de esa mentira.

O sea que si ambos sabemos que es mentira, y no supone un daño mayúsculo, pueden ser aceptables.

Comprensibles, más bien. A veces te encuentras en una situación en la que, antes que explicarlo todo, casi es mejor que te diga esto –una mentira– y ambos lo asumamos como cierto. Eso nos hace más puros a la hora de tratar con la gente. La mentira es algo que forma parte de las relaciones humanas, tenemos que entenderlo. Ahora, no podemos ser esclavos de las mentiras de otros ni de las nuestras. Hay matrimonios que se mantienen a base de mentiras: saben que no están enamorados, pero la otra opción, separarse, les resulta insoportable. No quieren enfrentarse a una verdad. Ese tipo de aspectos psicológicos me fascinan, y son los que trato en la novela.

Ahora que ha vuelto, y teniendo en cuenta que en los últimos años ha tenido un ritmo de producción de obras bastante ágil, ¿podemos esperar algún nuevo trabajo suyo enfocado a esta rama de la literatura? ¿Y poesía?

Ahora mismo estoy inmerso en un proceso creativo bastante amplio. Quiero volver a escribir poesía. Hay mucha gente que me lo está reclamando y me encuentro con ganas. Y ya había empezado a escribir algo, pero la verdad es que la acogida de Mentiras para no estar solo me ha animado mucho a seguir con la novela, cosa que no esperaba al 100%.

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