Don de gentes
Licenciado en Psicología y Periodismo y experto en manchados de condensada, en ´La Bohème´ 

Francisco Javier Pinar (Zipi): "La barra de un bar es la mejor universidad"

Tertuliano en programas de televisión y radio, es un enamorado de Cuba

01.09.2016 | 08:20
Francisco Javier Pinar (Zipi): "La barra de un bar es la mejor universidad"

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  • Un color: Azul claro.
  • Música: Toda, según mi estado de ánimo desde los Rollings al blues. Mi canción favorita, Guantanamera.
  • Película: Habana blues de Benito Zambrano.
  • Comida: Arroz y habichuelas.
  • Libro: Drácula de Bram Stoke
  • Un deseo: Amar como soy amado.
  • Chiste: – ¡Mamá, mamá, en el colegio me llaman cabezón! – No te preocupes hijo, pero déjame tu gorra que me voy a hacer la compra.

Murcia, años 70. No suelta prenda con respecto a su edad, más allá de que nació en la década de los setenta: «Permíteme esa pequeña vanidad –suplica– pero es que, parafraseando a Gila, cuando nací mi madre no estaba en casa». Lleva 26 años trabajando tras la barra de ´La Bohème´. «Soy experto en manchados de condensada».

­­­Seguramente como Francisco Javier sólo le conocen en su casa, porque para cientos de murcianos su nombre es Zipi (por lo travieso que era de pequeño). Licenciado en Psicología y en Periodismo, le podemos ver semanalmente en tertulias televisivas, en La 7 Región de Murcia o en GTM Televisión y escuchar en emisoras de radio y, diariamente, junto a su padre y su hermano, tras la barra de la histórica cafetería de Vistalegre La Bohème, desde hace 26 años.

¿Qué querías ser de pequeño?
Siempre quise ser periodista, es el oficio más grande del mundo como dijo Gabriel García Márquez, pero las condiciones del momento no me permitieron estudiarlo porque en Murcia no había facultad, y comencé Psicología. Periodismo lo hice años después. A partir de estudiar Psicología dí cursos de formación con UGT y como periodista soy tertuliano en varias televisiones locales, en la 7 Región de Murcia y en GTM. Hoy todo está muy difícil, no solo en el mundo del periodismo, sino a nivel general, pero saldremos.

¿Te consideras un comunicador?
Sí, rotundamente, pero hay pocas personas que sepan escuchar. Lo peor para un comunicador es el silencio cuando estás acompañado de gente. Un buen comunicador empieza mirando a los ojos a la gente y eso es lo que he hecho durante 26 años tras la barra de La Bohème, viendo y comunicándome con gente de todo tipo. He visto formarse parejas, he hecho grandes amistades y he aprendido que la barra de un bar es la mejor universidad: nos iguala a todos, de un lado u otro, como hace el mar.

¿No te has planteado escribir?
Tengo tres amores: mi madre, mi compañera y Esmeralda, la protagonista del único cuento que he escrito. Todo llegará en su momento. Todo hombre en su vida tiene que plantar un árbol, tener un niño y escribir un libro; aún me faltan dos. Me gusta escribir, el tiempo pasa y no perdona, pero siempre que puedo dejo el teclado frío, escribo a tinta y sangro el papel pidiendo perdón a los árboles.

¡Qué poético! ¿Has heredado la poesía?
La Bohème me ha hecho hombre pero sigo siendo un niño de cara suave y sonrosada que se sigue poniendo colorado de amor. El lenguaje universal es el amor, y el menos practicado. No me cansaría nunca de hablar sobre el amor. Sí he escrito alguna vez poesía, como todo adolescente enamorado. Si el fin del mundo dependiese de una palabra para salvarlo... nos vamos a la mierda, con perdón del amor.

Eres un apasionado de Cuba.
Mi vida cambió para mejor después de mi primer viaje a Cuba el siglo pasado. Descubrí que decir la verdad es de valientes pero expresar sentimientos es ser un héroe. El sexo es mi asignatura pendiente, aunque pongo interés sigo suspendiendo.

¿Qué opinas de la actualidad política española?
Tenemos lo que nos merecemos. En el futuro, cuando la gente entienda que la búsqueda de la felicidad es el objetivo principal, tendremos esperanza. Hay que ser felices y vivir en el intento.

 De puño y letra: "Érase una vez que una pequeña senda me enseñó el camino del amor"

 Grafoanálisis de Pablo Alzuagaray
Zipi, al menos en esta época de su vida, ha alcanzado un estado de conciencia tal que le impide caer en cualquier tipo de inclinaciones apasionadas y extremistas. Su mente y corazón se hallan más bien centrados en el aquí y ahora, en lo que ve y lo que siente, lo que brota desde lo más profundo de su ser –la inspiración, la introspección, la visión ´poética´ de la vida–; es posible que no se sienta realmente seducido por las ´nubes idealistas´  ni tampoco por las profundidades de los instintos. Prefiere la mesura... aunque una antigua sensación de vulnerabilidad le haga estar muy bien armado... ¡mejor no hacerle enojar!            
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