ENTREVISTA Josep María Pou
Actor y director teatral 

«El éxito de Sócrates habla muy bien del público»

Josep Maria Pou se mete en la piel de Sócrates esta noche en el Teatro Circo de Murcia, donde se han agotado las entradas

20.11.2015 | 19:02

Poder disfrutar de una pieza de aroma clásico firmada por Mario Gas y protagonizada por un coloso de las tablas como Josep Maria Pou es toda una oportunidad, que disfrutaron los espectadores del Festival de Teatro de San Javier y que ahora tendrán los del TCM. Pou, con una caudalosa trayectoria que suma ya 47 años de profesión, da vida al filósofo incomprendido. Y lo hace embarcado en el éxito.

Da la impresión de que se lo pasa bien siempre en el teatro.
Si te refieres a actuar, lo normal es que lo pase bien. Es lo tuyo, es lo que te gusta y esa ceremonia de la función diaria es un divertimento aunque algunas veces hay imponderables que no dependen de nadie y no sucede así. Yo siempre digo que actuar es tan maravilloso como tirarte por un tobogán al final del cual te puedes encontrar cualquier cosa, porque la función es una cosa que, aunque medida, no sabes por dónde puede ir...

Por que además usted presume de elegir las obras...
He tenido la suerte inmensa y el privilegio de hacer el repertorio que quería hacer. Nunca en mi vida, y ya voy camino de los 50 años de profesión, he hecho lo que no quería hacer; nunca he hecho una función que no quisiera. Por eso he sido y soy tan feliz en el teatro.

¿Y qué le hace infeliz?
Pues, sin duda, que soy un perfeccionista. Pero un perfeccionista obsesivo, enfermizo. En cualquier función, sea cual sea el resultado, aunque los espectadopres estallen de júbilo por una actuación, a mí me puede quedar un poso de insatisfacción porque yo sí que sé detectar si he llegado como actor a donde quería.

¿El espectador es también responsable de la función?
¡Muchísimo! Si los espectadores supieran hasta qué punto son responsables del resultado de la función se asustarían... Público y actores se retroalimentan. Los espectadores, con su manera de estar atentos, con su silencio, a su manera confeccionan también la función. Para un actor, uno de los mayores placeres es ver que el público no ha conectado y, sin embargo, tú rompes esa barrera de hielo que nos separa y lo conquistas. Es un poco como el toreo.

Qué tiempos aquellos cuando los móviles sólo sonaban.
Es un problema de cultura. La verdad es que hubo un momento en que sonaban mucho los móviles y, poco a poco, se acabó el problema, aunque todavía suena alguno. Pero ahora con lo de las pantallitas... Yo no sé qué necesidad tiene una persona de enviar un mensaje o consultar su correo mientras está en el teatro. ¡Es que no lo puedo entender! Yo lo llamo patio de luciérnagas. Y además, se creen que los actores no les vemos porque se ponen el móvil en el regazo, pero se les ve todo: se les ilumina toda la cara con la luz de la pantalla. ¡Es un horror!

¿Le desaconsejaron embarcarse en una obra como ésta, tan a contracorriente?
No, en este caso no fue así ya que es un encargo de la dirección del Festival de Mérida. Pero que te intenten influir para persuadirte de que no hagas esto o aquello conmigo no resulta. La mejor pintura, la mejor escultura o la mejor literatura es muy fácil que no se hubiera llegado a realizar si el creador hubiera escuchado a los que le desaconsejaban. Mi gran ejemplo personal es La cabra. No recuerdo a nadie del oficio que no me cuestionara. ¡Un hombre que se enamora, literalmente, de una cabra. ¡Y encima de productor, y con ese título! Pues mire el éxito tremendo de aquella obra.

¿Se esperaba hacer una gira?
Sócrates nació para ser representada en Mérida y luego estar en un par de festivales de verano: en Sagunto, en San Javier, en el Grec de Barcelona... Y el éxito nos impide parar. Confieso que estamos sorprendidos. Yo pensé que la representaríamos 15 o 20 veces y resulta que estaremos de gira hasta junio de 2016. Yo creo que el éxito tan arrollador de este Sócrates habla muy bien del público español. Se viene abajo ese tópico de que la gente quiere sólo jiji y jaja y cosas facilitas.

¿La vigencia de lo que sucede en la obra le preocupa, le sorprende, le inquieta...?
Me sorprende, me preocupa, me inquieta, me aterroriza... Es horrible ver que hace 2.400 años Sócrates ya cuestionaba muchas cosas de la democracia y anticipaba desastres que estamos viviendo ahora mismo. Esta obra es como una lección que te dice: hay una inexorable ley que nos obliga a sufrir y repetir una y otra vez los males del pasado. Reproducimos en la obra un pasaje del juicio a Sócrates del año 399 antes de Cristo y el público recibe esas palabras como si fueran pronunciadas hoy mismo. Es una reflexión colectiva. No le digo ya cuando sale la palabra corrupción en la obra. La gente se queda clavada a la butaca, aprieta el culo.

Un clásico, vamos.
Es que eso. Todos los clásicos son actuales por definición, porque un texto clásico es un texto que es válido para todos los tiempos.
En esta obra ejerce solamente de actor. ¿Es un alivio?
¡Totalmente! Uno de los alicientes de esta obra es que me contratan sólo como actor después de años de una vorágine agotadora de dirigir y actuar al mismo tiempo, y eso muy cansado porque aunque sólo estés actuando durante la función, no dejas de dirigir mentalmente. Y como actor solamente, como ahora, pues a mí me llevan de aquí para allá y no tengo más preocupaciones que las que tengo, que son muchas, fuera de esta función. Otra cosa muy curiosa es que por primera vez hago un personaje cuya edad, 70 años, coincide con la mía.

¿Se obsesiona con la edad?
Pues antes no, para nada. Estaba tan inmerso en el teatro que no me di cuenta de que iba cumpliendo años. Ni me enteraba casi de mis cumpleaños. Yo creo que si reflexionara de verdad y me diera cuenta de que tengo ya 70 años me asustaría, pero como estoy embarcado en este lío permanente. Pero sí, en serio, con esta edad he de replantearme algunas cosas ya, trabajar de otro modo...

Porque usted acumula proyectos en mente.
No paro. Ya dejé La Latina de Madrid porque era agotador. Y estoy con las grabaciones de la radionovela de la SER para la próxima Navidad y con el Quijote que grabé para Radio Nacional de España, que se estrena hoy.

¿Y no tiene la sensación de no ser dueño de su tiempo?
¡Hace años! Trabajar tanto en lo que me gusta me fascina y al mismo tiempo me horroriza; es una contradicción, lo sé. Y lo es porque, además, el dinero que gano no me sirve para gastarlo porque no tengo casi nunca tiempo.

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