Opinión

Mi selfie con... la peluquera Francisca Sánchez Rodríguez

Francisca, Franchesca, en definitiva Paqui para los amigos y clientas

16.05.2016 | 13:43
Mi selfie con... la peluquera Francisca Sánchez Rodríguez

Francisca, Franchesca€, en definitiva Paqui para los amigos y clientas, es una atractiva mujer de 53 años, seria, comunicadora y en toda su plenitud humana y profesional. Las habrá luchadoras, pero iguales a ella, no más. Hija del taxista Faustino, hombre muy querido por sus conciudadanos, y la segunda de cuatro hermanos, desde los 13 años anda liada en el mundillo de los pelos. Comenzó de aprendiza con su maestra Gema, de la que tiene un excelente recuerdo y a la que siempre le estará muy agradecida. Luego sacó su título oficial de peluquera en Llongueras y cuando más ilusión tenía con su profesión, la tuvo que cambiar por su matrimonio, del que tuvo una preciosa hija, María José y un esbelto hombretón, Alfonso.

Su felicidad era incompleta alejada de lo que más quería hacer en esta vida, así que, a los 28 años, se tuvo que plantear seriamente su futuro, optando por ella misma y su proyección profesional, montando su propia peluquería en Los Dolores. Trabajando de sol a luna de medianoche, festivos incluidos, sin más ayudas que su propio esfuerzo, ella sola sacó adelante su negocio y a su familia.

Una vez que sus hijos remontan el vuelo y la peluquería va viento en popa, decide subir un peldaño haciendo realidad la ilusión de su vida: enseñar peluquería. Para ello, aprueba el acceso a la Universidad para mayores de 25 años y cursa los estudios que la capacitan para impartir la enseñanza en el Instituto de Peluquería Ramón y Cajal. Desde hace dos años tiene su propia academia de enseñanza, Franchesca, del complejo arte de embellecer la cabeza por el pelo.

¡A ver!, Paqui, explícame como va esto de la enseñanza en la peluquería. Me cuenta que el curso dura 18 meses. Los dos primeros, los estudiantes trabajan con cabezas de plástico o maniquíes, trabajando el pelo artificial, lavándolo, peinándolo€ Todo ello alternándolo con la enseñanza teórica sobre historia de la peluquería, composición del cuero cabelludo y del cabello, mezcla de productos, colores, temperaturas€ Pasados estos dos meses los alumnos pasan a una segunda fase más real, como lavar, tintar, hacer mechas, permanentes, peinados a las clientas ¡oye! y a dar masajes en el cuero cabelludo, que eso las deja muy relajadas. Los últimos seis meses se incorporan a la formación con recogidos y cortes de pelo.

A los alumnos-as también se les enseña el viejo oficio de barbero, que ahora está en auge, arreglando las barbas de los clientes masculinos. ¡Ay!, esa navaja€

¡Anda, Paqui!, cuéntame alguna anécdota, que debes tener muchas. Mira, te voy a contar una de hace algún tiempo. Vino con segundas intenciones la amante del marido de una amiga mía, a comprarme un tinte para tintarse el pelo en su casa de color rubio, un producto que podía haberlo comprado en otro sitio, pero lo que quería era que yo se lo contase a mi amiga. Me dio tanta rabia que cogí y le cambié la etiqueta al frasco y en vez de rubio se lo di negro€,¡es que no puedo con estas cosas!

Fíjate que en mi peluquería no se habla de política ni se critica a nadie, aquí se habla de cosas alegres, de arte y cultura€, las clientas se tienen que encontrar relajadas y felices.

Bien Paqui, hablemos de otras cosas más íntimas. Me cuenta que está divorciada y sin compromiso que ella valora mucho la comunicación, pero no por el móvil, sino cara a cara; que un hombre la haga reír y que la embelese con su voz y la sabiduría de sus palabras€, y que eso no aparece, así que mejor sola.

Su color preferido es el blanco, su perfume ´Duende´ de Jesús del Pozo y su vocación frustrada ser arqueóloga, pero que es inmensamente feliz con lo que es y hace. ¡No veas lo que disfruté viajando a Egipto y a Turquía€ ¿Con pasión turca? –me atreví a preguntar-. ¡Uy!, menudo el guía, había que frenarlo, pero no, solo hubo turismo.

De cocina le apasiona hacer caldero, asado de cordero y pollo en pepitoria, lo que deleita a sus amigos que se lo piden. Pero de todo se queda con las tartas de merengue que hace su madre, doña Caridad, ¡que menuda mano tiene!
Y ahora el selfie€ en la peluquería, con una profesora morena, una rubia de plástico y bajo los secadores€, ¿cómo?, ¿si antes del secador hubo lavado de cabeza con masaje capilar? ¡Ufff!, con mi gana me quedé.

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