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Blog La Errancia - Víctor Ramón

Víctor Ramón

Redactor freelance y colaborador los domingos con Deportes de La Opinión, en cuya edición digital trabajé de 2009 a 2012. También, entre otras ocupaciones, he sido profesor de Historia. Una vez escribí algo sobre Lope de Vega que nadie leyó y por despecho empecé a perpetrar blogs

Sobre este blog de Cultura

Confesión de naufragios, inventario de heterodoxias, apología del derroche, compendio de banalidades, orgía de comas. "La enloquecida fuerza del desaliento".


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  • 03
    Enero
    2016

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    Contracorriente

    Ahora que uno cuando sale tiene la sensación de estar fuera de lugar en la mayoría de sitios, debiendo acudir hacia los locales ideados para gente de su edad, ya que de no hacerse así, te expones a incidentes como el que me pasó la otra noche al entrar a un bar, en cuya puerta tuve que escuchar de las espadas como labios de una flor de arroyo un “uy pensaban que entraban mis yayos”, que bajo una irredimible rebeldía frente a la realidad todavía fue interpretado en un primer momento como una probable confusión con ciertos amigos suyos, tocayos de alias por algún extraño azar, y eso por no suponer que quizás lo que dijo, impresionada por nuestra fulgurante aparición, fuese un “uy pensaba que entraban mil rayos”, que es lo que reclamaba nuestro donaire, amigo Sancho.

    De esta forma, a menos que se abracen quimeras no queda más remedio que dejarse pastorear a los rediles prescritos, a los bailes de máscaras en los que el maquillaje no puede encubrir el poso de tristeza en los ojos que dejaron los sueños rotos, heridas que ahora sangran en hemorragias de colorete a las cinco de la tarde. Y paro ya porque como siga por estas simas reflexivas todavía voy a caer en una espiral constructiva del tipo deportivo-senderista o algo mejor, cordura que estaría muy bien cometer si no fuera porque a estas bajuras ya no se puede redimir un alma verbenera imbuyéndola de espíritu Boy Scout. Con lo que no queda otra que unirse a la fiesta, y ya que nos ponemos habrá que hacerlo también de manera entusiasta, como es mi caso, pudiéndolo acreditar así innumerables testigos.

    Pero existe un viejo oasis, un bar que destensa a los que acuden hasta el punto de poder darse el lujo de prescindir de portero, un lugar en el que podrán ser un poco reiterativos con la música, pero que no realizan concesiones a gustos masa, sin darle tampoco carrete a las imposturas musicales como catedrales erigidas por los gurús de turno o los aspirantes a su púrpura. Un sitio parco en decoración, lujo de la desnudez que no resulta privativo de la belleza sino que también se lo puede permitir la verdad, no haciéndole falta ningún pastiche decorativo como ese que, por ejemplo, usa libros como atrezo, aglutinando Murcia en este sentido la triple conjunción de los índices más bajos de desarrollo, los porcentajes más altos de voto conformista y el mayor número de bares por habitante que usan libros para decorar, ya sea en su vertiente de libro real humillado, o bien en la de utilización de falsos libros huecos, “calabozos de aire” como el reloj de Cortázar. Con este panorama, no digáis que no dan ganas de ir aunque sea de vez en cuando a contracorriente.            

     

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