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Blog Apodérate (Blog de Carlos Rodríguez) - Carlos Rodriguez Ibañez

Carlos Rodriguez Ibañez

He sido concejal y portavoz del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento de Cehegín (Murcia) (2007-2011) ...

Sobre este blog de Sociedad

Actualidad política, económica, cultural y social desde una perspectiva eminentemente progresista.


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  • 31
    Octubre
    2010

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    100 años y un dia....

    Hoy se cumplen 100 años y un dia del nacimiento del gran poeta Miguel Hernández. Como homenaje a él, más vivo que nunca, y para deleite de tod@s nosotr@s os dejo uno de sus magníficos poemas.

    Canción del esposo soldado
    He poblado tu vientre de amor y sementera

     he prolongado el eco de sangre a que respondo

     y espero sobre el surco como el arado espera: 

    he llegado hasta el fondo.   

     

    Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,

    esposa de, mi piel, gran trago de mi vida, 

    tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos 

    de cierva concebida.   

     

    Ya me parece que eres un cristal delicado, 

    temo que te me rompas al más leve tropiezo, 

    y a reforzar tus venas con mi piel de soldado 

    fuera como el cerezo.   

     

    Espejo de mi carne, sustento de mis alas, 

    te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. 

    Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, 

    ansiado por el plomo.   

     

    Sobre los ataúdes feroces en acecho, 

    sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa te quiero, 

    y te quisiera besar con todo el pecho 

    hasta en el polvo, esposa.   

     

    Cuando junto a los campos de combate te piensa 

    mi frente que no enfría ni aplaca tu figura, 

    te acercas hacia mi como una boca inmensa 

    de hambrienta dentadura.   

     

    Escríbeme a la lucha siénteme en la trinchera: 

    aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo. 

    y defiendo tu vientre de pobre que me espera, 

    y defiendo tu hijo.   

     

    Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado, 

    envuelto en un clamor de victoria y guitarras, 

    y dejaré a tu puerta mi vida de soldado 

    sin colmillos ni garras.   

     

    Es preciso matar para seguir viviendo. 

    Un día iré a la sombra de tu pelo lejano. 

    Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo 

    cosida por tu mano.   

     

    Tus piernas implacables al parto van derechas, 

    y tu implacable boca de labios indomables,

    y ante mi soledad de explosiones y brechas, 

    recorres un camino de besos implacables.   

     

    Para el hijo será la paz que estoy forjando. 

    Y al fin en un océano de irremediables huesos

     tu corazón y el mío naufragarán, quedando

     una mujer y un hombre gastados por los besos.

     

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