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Ayuso ‘deroga’ a Bolaños

Pedro Sánchez y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso tras una rueda de prensa en la sede de la Presidencia regional J. Hellín. POOL

El último debate en el Senado entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo dejó claro que la crispación de la legislatura iba a ser un juego de niños ante lo que nos espera hasta el 28 de mayo. O hasta las generales de diciembre. Feijóo afirmó que derogaría el sanchismo y el presidente replicó con el «no pasarán». Curioso, pues Sánchez acababa de salvar su reforma de la ley del ‘solo el sí es sí’ con el voto de los que no tenían que pasar.

En la Descalificación (con mayúscula) tiene un papel estrella la presidenta de Madrid, que ya ganó en 2021 con aquello de «comunismo o libertad» y ahora dice que Sánchez quiere «terminar con la España de la Transición e ir a una España federal, laica y plurinacional al dictado de los que odian a la primera» con un cambio del orden constitucional «por la puerta de detrás» -¿les suena?- y hacer imposible la alternancia en el poder con un modelo sudamericano y un referéndum de autodeterminación en Catalunya. Vaya, se acerca a Vox, pero con desparpajo

Isabel Díaz Ayuso es muy discutible, pero sería estúpido negar que es un monstruo político. En las elecciones autonómicas de 2021 saltó de 30 a 65 diputados, hundió a Pablo Casado, elegido por el PP en primarias, con una mani contra Génova. Y ahora no va contra el poco conocido candidato socialista Juan Lobato, enviado al sacrificio, ni contra Mónica García, la de Yolanda Díaz, sino contra el presidente del Gobierno y montada en la ola del antisanchismo de gran parte de la derecha. Más en Madrid. Y si Feijóo proclama que hay que derogar el sanchismo, Ayuso quiere demostrar a los suyos (y al mundo) que ella, en la práctica, ya lo está haciendo.

¿Qué significa, si no, que su jefa de protocolo (sin grado militar) impida el acceso del ministro Bolaños, el más confidente de Sánchez, a la tribuna de los actos del Dos de Mayo? Ningunea al Gobierno obstaculizando el paso a uno de sus ministros más relevantes. El gesto es lo que cuenta. Y la prueba es que al día siguiente fue a la Ser, radio nada amiga, a elevar los decibelios y explicarle a Àngels Barceló que Bolaños no estaba invitado y que quería «reventar» el Dos de Mayo, que es el día de la comunidad y no el de los ministros. Aunque otros años estuvieron Soraya y Cospedal y allí lucía el propio Feijóo. El Dos de Mayo es un acto suyo y para los suyos, todos menos unos cuantos desviados. Y para ello no hay mejor foto que la que humilla a Bolaños-Sánchez. El Dos de Mayo ya fue una rebelión, pero ella no quiere ser fusilada -como los de Goya- sino elevada a la mayoría absoluta. Como Fraga y Feijóo en Galicia y como ahora Moreno Bonilla en Andalucía. Nada menos, pero Madrid es más.

La pregunta es por qué Bolaños quiso reventar la fiesta de Ayuso cuando lo más probable era que le pasara lo que le pasó. Y cuando un Gobierno es humillado por una simple jefa de protocolo pierde auctoritas. No es el primer error de Sánchez con Ayuso. El 22 de septiembre de 2020, en plena batalla por la segunda ola de la pandemia, Sánchez quería firmar la pipa de la paz. Y Miguel Ángel Rodríguez, con más mili, sedujo a Iván Redondo para que Pedro Sánchez acudiera a la Real Casa de Correos, la sede de la comunidad, e hiciera una rueda de prensa con Ayuso con, como telón de fondo, 12 banderas españolas y 12 de la Comunidad de Madrid. De igual a igual. Aquel día Ayuso quedó entronizada como un icono del PP. 

¿Redondo apostó contra Pablo Casado? Inimaginable algo parecido con Urkullu y las ikurriñas o Aragonès y la cuatribarrada (no digamos la ‘estelada’).

Ayuso persigue la mayoría absoluta para avisar de que ella sabe hacer irrelevante a Vox y, si Podemos no está en la Asamblea de Madrid (posible, pero no seguro), volver a demostrar, aún más que en 2021, que también sabe liquidar el comunismo. Félix Bolaños, el primer ministro español que ha tenido el coraje de ir a Gernika en el aniversario del bombardeo nazi, ahora se ha dejado derogar por Ayuso. Es ella, no Sánchez, la que cumple con el «no pasará». 

Ayuso quiere la mayoría absoluta. Luego, la tasa de paro de la ultraliberal Madrid es del 11% y la de la marxista Catalunya el 10,4%. Poca diferencia para tanta distancia política. Pero Ayuso busca la mayoría absoluta y Aragonès se conforma con estar en minoría.

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