05 de mayo de 2020
05.05.2020
La Opinión de Murcia
Desde mi picoesquina

Ya nada va a ser igual

Quiero ser optimista. Debemos estar ya preparados/as para el 'día después'. Hemos de superar nuestro actual modo de vida y consumo, nuestra forma de ser y estar en el mundo. Esta tragedia ha de empujar a las naciones hacia un nuevo orden económico mundial

05.05.2020 | 04:00
Ya nada va a ser igual

Redacto estas líneas en el Día del Trabajo. Evoco, cómo no, aquel Primero de Mayo en democracia que viví en Cartagena en 1979, tras la dictadura franquista, con el ya fallecido primer alcalde democrático, el socialista Enrique Escudero, desde la tribuna de oradores tras el final de la manifestación obrera ofreciendo el Ayuntamiento (sólo unos días antes se habían celebrado las primeras elecciones municipales desde la Segunda República) al pueblo, porque era la 'casa del pueblo'. Y siento no poder estar en la calle en esta cita anual con quienes (y esta pandemia lo ha demostrado sin duda alguna) realmente sostienen esta sociedad, los trabajadores y las trabajadoras, los autónomos y autónomas, los funcionarios y funcionarias, inmigrantes, y tanta y tanta gente de bien. Hemos dejado atrás un triste y más lluvioso de lo normal mes de abril. El mes de la República. El abril del advenimiento de la Segunda República Española en 1931; el de la victoria de los partisanos italianos sobre el fascismo en 1945; el de la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974, con el fin de la dictadura salazarista.

Sin embargo, este abril de 2020 ha venido acompañado de densos nubarrones no sólo en lo meteorológico. Tras la eclosión en China a finales de 2019 de la crisis sanitaria del Covid-19, convertida pronto en pandemia mundial, en este mes se ha ahondado una crisis económica que excede en gravedad a la derivada del crack de Wall Street en 1929 y la de Lehman Brothers de 2008, y que está afectando fuertemente al triángulo sobre el que pivota el eje de gravedad del capitalismo mundial: China y el Sureste asiático, Europa y EE UU. Se han desfondado los precios de las materias primas, no sólo del petróleo sino también de otras como el cobre, níquel, algodón y cacao; se han ralentizado la industria y el comercio mundial; se ha incrementado el paro; las compañías aéreas operan escasamente a un 20% de su capacidad; el turismo de masas se ha paralizado. Cuando se supere en parte la pandemia que padecemos, se calcula que esta crisis podría arrastrar a más de quinientos millones de personas a la pobreza y a una huida de enormes masas de personas desesperadas desde el Sur hacia el Norte rico.

La respuesta inicial, ante esta grave crisis, de un cierto sector de las clases dominantes se parece, en parte, a la que se produjo en 2008. Recordemos que Sarkozy, a la sazón presidente de Francia, allá por septiembre de ese año, tras la crisis financiera iniciada en EE UU, lanzó su iniciativa de 'refundar el capitalismo', para reconstruir las finanzas siguiendo la estela de la Conferencia de Breton Woods al final de la II Guerra Mundial. Tal refundación no se hizo. Al contrario, se ha ahondado la diferencia entre clases, se ha producido el trasvase de rentas hacia los ricos, han aumentado las privatizaciones y se ha propiciado el debilitamiento del Estado. Hace unos días, Angela Merkel proponía, en el contexto de la segunda jornada del Diálogo de Petersberg, un congreso internacional sobre la lucha contra el calentamiento global que se celebra anualmente en Berlín, que los programas de reconstrucción tras la crisis del coronavirus se lleven a cabo siguiendo criterios medioambientales y climáticos. Veremos en qué quedan esas promesas. Aunque parece evidente que, en pleno fragor de la crisis, se alzan voces diciendo que nada volverá a ser igual.

Desgraciadamente, sin embargo, hay quienes están tentados de perseverar en que el credo neoliberal siga siendo el discurso rampante. Signos hay que lo demuestran. Pese a que parece claro que afianzar el modelo económico, político, social y cultural que ha dado soporte a esta crisis sanitaria sería tomar el camino que nos llevaría a mayores riesgos y calamidades, hay grandes potencias, como China, que están dispuestas a relajar la supervisión ambiental de sus empresas para estimular su economía. Relajación anunciada también por EE UU y que se podrían extender a otros países, pese a que la ONU destacaba el pasado mes de marzo que la crisis climática podría ser más mortal que el coronavirus.
No aprendemos. Ignacio Ramonet, reconocido periodista, politólogo y semiólogo, nos recordaba hace unos días que un manto de amnesia se extendió por todo el planeta tras la mal llamada 'gripe española' de 1918, que infectó a trescientos millones de personas y mató a más de cincuenta millones. Los 'felices años 20' exteriorizaron esa falsa euforia del periodo de entreguerras, el que alumbrara el fascismo. ¿Podríamos caer en los mismos errores?

Empero, quiero ser optimista. Pienso que, tras este serio aviso de un virus invisible, pero tan letal, la sociedad podría caminar en otra dirección. Debemos estar ya preparados/as para el 'día después'. Hemos de superar nuestro actual modo de vida y consumo, nuestra forma de ser y estar en el mundo. Esta tragedia ha de empujar a las naciones hacia un nuevo orden económico mundial. Las cosas no pueden seguir como estaban, con una gran parte de la Humanidad viviendo en un mundo tan injusto, desigual y ecocida. Como decía hace unos días Gerardo Pisarello, «a lo largo de estos meses hemos vislumbrado lo que significa salir del 'progresismo fósil' y tener ciudades más respirables, ríos menos contaminados y bosques con más diversidad. También, que somos capaces de gestos altruistas: cooperar para coser mascarillas, distribuir alimentos a personas mayores y construir respiradores en fábricas».

Tras esta crisis, creo que las sociedades de todo el mundo han de empujar en una dirección opuesta al ritmo errático e insostenible de nuestro actual modo de vida. Sin ánimo de ser exhaustivo, apunto aquí algunos de los cambios que creo que deberían darse:

1. Inversiones públicas prioritarias en Sanidad y Educación.
2. Reconversión de la industria agropecuaria, derrochadora y consumidora de recursos, hacia una actividad sostenible y orientada a satisfacer las auténticas necesidades humanas.
3. Cuestionamiento de las actuales megalópolis sustituidas por ciudades y pueblos más habitables, revalorizando el hábitat rural.
4. Potenciación del comercio de proximidad.
5. Reorientación de la investigación farmacéutica a la búsqueda de nuevos patógenos, que, con seguridad, están por venir.
6. Limitación del capital especulativo financiero y fórmulas eficaces para una redistribución de la riqueza que elimine las actuales desigualdades sociales, erradicando la pobreza con la implementación de una renta básica ciudadana.
7. Plan de ayudas públicas a autónomos y pequeña y mediana empresa, auténticos creadores de riqueza.
8. Inversión pública en nuevos nichos de empleo, ligados a las actividades medioambientales y a la atención a la dependencia.
9. Cuestionamiento del actual turismo de masas hacia lugares exóticos, sustituyéndolo por un turismo de proximidad y de la Naturaleza.
10. Potenciación de las actividades de ocio orientadas hacia el ámbito de la cultura, y limitación del consumismo ligado a las apuestas y el juego.

Otro mundo y otra sociedad son posibles. Porque ya nada va a ser igual.

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