16 de febrero de 2020
16.02.2020
Polvo en los zapatos
El diario de

El asesino en la camiseta

16.02.2020 | 04:00
El asesino en la camiseta

2 de enero

Historia y genética. En los mercadillos de Barcelona apenas compré novelas (una de Joseph Heller y otra de Norman Mailer) y, en cambio, me cargué de libros de ensayo, viajes e historia. Últimamente siento un vivo interés por la historia nacional, producto tal vez de la escritura de este diario, de mi periplo por Sierra Morena y del texto sobre el cardenal Belluga que me encomendó Consuelo Oñate. He aquí la lista: Introducción a la España medieval, de Gabriel Jackson; Origen, ser y existir de los españoles, de Américo Castro; El alma de España, de Havelock Ellis; Flor nueva de romances viejos, de Ramón Menéndez Pidal; y La Inquisición española, de Henry Kamen. Cualquiera diría que me estoy convirtiendo en un patriota exacerbado.

La historia no es tan sólo una narración apasionante, también (valga la perogrullada) permite comprender mejor la actualidad, poner en conexión pasado y presente. España hubiera evolucionado como otro pueblo germánico cualquiera, en línea con el resto de Europa, si la inesperada invasión islámica no lo hubiese cambiado todo (una prueba más de que el devenir humano es imprevisible). El país que conocemos hoy se construyó en el proceso de Reconquista: los distintos reinos que avanzaban en paralelo hacia el sur (como lenguas verticales) iban librando entre sí guerras y alianzas sucesivas, hasta terminar alcanzando su total fusión. El independentismo catalán hunde sus raíces en esa época. También el latifundismo andaluz, fruto de los territorios con que fueron recompensados los victoriosos guerreros.

Mi hermana me mostró esta Navidad un estudio de nuestra genética familiar (los expide un laboratorio de Texas a partir de muestras de saliva) que es fidelísimo reflejo de la historia patria. Se trata de una estimación, pero, además de cierta misteriosa ascendencia británica, parece que conservamos genes de Europa noroccidental (la invasión goda), Oriente Medio (la invasión musulmana) y Europa del Este (los eslavos abundaron en la Córdoba omeya). También un ínfimo porcentaje de judío askenazí (los conversos). Bob Dylan es askenazí, pero asimismo lo eran la mayoría de los masacrados en Auschwitz. Si la Inquisición española o la Alemania nazi hubiesen dispuesto del método para identificar haplotipos étnicos en el ADN, muchos verdugos habrían terminado convertidos en reos.

4 de enero

Cuadernos de tierra. Hablo de mi próximo libro con José Ángel Zapatero. Palentino, amante del jazz y la literatura, hombre de gran bonhomía a quien me une una amistad intermitente (intermitente por la distancia), es el más pertinaz de mis editores y, con éste, serán cinco los títulos que me habrá publicado su editorial, Menoscuarto. Se ve que aún no he conseguido hundirlos en la bancarrota. El libro saldrá en marzo y hay que empezar a hablar de detalles como la portada, los paratextos o la maquetación. Le agradezco, a través del hilo telefónico, su reiterada confianza en mí.

Y se la agradezco especialmente, porque Cuadernos de tierra es uno de mis libros más personales y, a la vez, el que más tiempo me ha llevado pulir (quizá uno sienta más cariño por sus hijos inicialmente menos agraciados). Narra seis viajes a pie por el Sureste español, alternándolos con investigaciones sobre sucesos fuera de lo común que fui encontrando al paso. El libro nace de cierta caminata que emprendí (hará más de una década) sin otro motivo que tomar aire, alejarme del entorno habitual durante varios días. Respondía a una necesidad psicológica o existencial, no literaria. Remonté el río Segura y terminé llegando, cuatro jornadas después, hasta Socovos. Dormía en cunetas o en casas en ruinas. Durante el trayecto, tomé algunas notas.

Cuando, en años sucesivos, emprendí más viajes de este tipo y empecé a concebir un futuro libro, ya iba recogiendo mis apuntes con esa intencionalidad. Pero aquellas remotas anotaciones (inconexas, casi ilegibles) supusieron un gran trabajo a la hora de darles forma literaria. Tampoco acerté de buenas a primeras con el modo de armar el conjunto, e incluso tuve que reescribirlo entero, pasándolo de presente a pretérito. Barajé decenas y decenas de títulos. En total había recorrido, para hacerlo, seiscientos kilómetros a pie; sufriendo, qué duda cabe, pero también gozando. La libertad de vagar sin rumbo es el principal leitmotiv de Cuadernos de tierra, elogio de unas épicas caminatas que, paradójicamente, sale a la luz cuando este dolor en el talón quizá no me permita ya practicarlas.

5 de enero

El espolón calcáneo. El espolón calcáneo, empero, no me impide salir en bicicleta, ya que puedo pedalear sin molestias. Hoy hace frío y no hay rastro de nubes en el cielo. Por la vía verde me cruzo con dos amigos caminantes, Ewal Carrión y Elena Robles. A la altura de El Paraje veo a un tipo en chándal corriendo descalzo sobre el asfalto. Decenas de garcillas toman el sol encaramadas al tendido eléctrico. Ramón Rodríguez, peluquero y pintor (últimamente hemos hecho buenas migas), me sorprende arrancando hojas a un árbol de laurel. Tomo café en un merendero de Las Torres de Cotillas. Cuando vuelvo a montar en la bicicleta, alguien me grita: «¡Manolo, el casco!». Es Mari Tere Abellán, también ciclista, la persona que con más frecuencia me encuentro por la huerta. Saludarla siempre me pone de buen humor.

6 de enero

Atracción turística. Superadas (gracias a un fármaco) las molestas esofágicas, vamos a comer con mis cuñados Paco y Juani y sus hijos. Durante la sobremesa, alguien menciona a Pablo Escobar, sanguinario narcotraficante cuyo rostro fue habitual hace décadas en los noticiarios. Largo tiempo olvidado, una exitosa serie de televisión ha renovado su infausta celebridad entre la nueva generación. En los centros comerciales he visto camisetas con su cara estampada y (afirmo con cierta vehemencia) me parece indigno lucir en el pecho a un asesino sin escrúpulos. Mi sobrino Francisco cuenta entonces, para general estupor, que los exsicarios de Escobar (todos ellos con largos historiales de crímenes a sus espaldas) se han reconvertido en guías turísticos, dedicándose a pasear a los extranjeros que llegan a Colombia por los escenarios de la serie.

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