05 de abril de 2019
05.04.2019
Mamá está que se sale

Cosas imposibles

04.04.2019 | 22:25

Me encanta ver películas con mis hijos. En realidad, me encanta ver películas con quien sea, ya lo sabe Antonio, mientras no hablen cuando estén diciendo algo en la peli, o me distraigan y me hagan perder el hilo, que es una cosa que me cabrea un montón.

Sin ser cinéfilos, qué más quisiéramos, de pequeños en mi casa éramos muy aficionados a ver películas. Teníamos cerca un videoclub en el que, por cierto, casi todas las películas tenían la cinta arrugada, y al devolverlas, si se lo decíamos a la chica con cara de pena, nos dejaba sacar otra, así que imagínate el atracón: En el estanque dorado, todas las de Bud Spencer y Terence Hill (por favor, no me juzgues: sé que no pasarán a la historia por su calidad técnica, pero qué forma tenían de hacernos reír con sus peleas), Regreso al Futuro, Indiana Jones, Dirty Dancing y todos los musicales que se te ocurran, Esta casa es una ruina? y así sin parar. Las veíamos todas. Recuerdo también un ciclo de Alfred Hitchcock, impresionante, que lo ponían en la tele, creo que los lunes, o los martes por la noche. No sé cómo lo resistíamos, porque acababan las películas cerca de la una de la mañana. Y al día siguiente al colegio.

Pero por algo se le llama al cine 'arte': no se trata sólo de contar una historia. Una peli buena te mete en la trama, te da ganas de reír, de bailar, o de ir al sitio aquel y comprobar si existe. Y no conozco otra forma de transmitir historias bonitas, edificantes o heroicas, de forma tan eficaz e instantánea (los libros también te transportan, pero no tan rápido) como con una buena peli.

Hace poco he visto una muy, muy chula: Figuras Ocultas. No sé si fue de Oscar, me parece que algo de la peli, alguna actriz secundaria o algo, sí. Fíjate que por el título, aunque me sonaba un poco, pensaba con toda mi alma que era de gánsters o de espías (si es que, desde que llegó la maternidad a mi vida, no me entero de casi nada). Me gustó tanto que la he puesto la primera de la lista para verla con mis hijitos. Cuenta la historia (real) de tres mujeres, negras, e ingenieras de la NASA. No es un chiste. Encima en los años sesenta, en plena lucha por la integración racial.

Es necesario que los niños sepan que en otros tiempos había discriminación racial (ahora también, pero más disimulada), que sepan que fue un gran logro ser todos iguales ante la ley. Porque visto así, resulta heroica esta historia de tres madres, esposas, y sufridas trabajadoras que hicieron posible que el hombre, muy especialmente el hombre americano, llegara a la Luna. Es verdad que no eran unas mujeres cualquiera. Eran tres cerebros privilegiados que, de haber ocupado cabezas masculinas, o blancas, serían de sobra conocidas, of course, y habrían salido en los libros. Pero eran mujeres, y además negras.

Es verdad que la peli debería llevar, después del título, la coletilla de 'políticamente hiper correcta, lacrimógena, y ejemplo de propaganda de integración racial y feminista'. Pero la historia tiene tanta fuerza que ni envuelta en caramelo puedes pestañear. No sólo cuenta lo listas, fuertes y valientes que eran estas tres mujeres. Sale cómo había baños para negros y baños para blancos, cafeteras para negros y cafeteras para blancos. Y cómo estas mujeres lo llevaban todo con naturalidad y con audacia. Y eso que, obviamente, las cosas de los blancos eran bonitas y cómodas, y las de los negros? mejor no te lo cuento.

Cuenta, por ejemplo, cómo una de ellas persuadió al juez que debía permitirle cursar unos estudios, vetados para negros: ¿cuántas de las resoluciones que usted tomará hoy, como juez, pasarán a la historia? Y sale también cómo John Glenn pudo orbitar alrededor de la Tierra, gracias a los cálculos matemáticos de Katherine Johnson, una bestia en matemáticas, que fue capaz de corregir a una computadora y completar la fórmula física de la trayectoria, permitiendo un final de vuelo feliz.

Para nosotras, que queremos que se reconozca nuestro papel en la sociedad, la historia de estas mujeres me parece un ejemplo bestial de trabajo digno y silencioso. No hacen falta palmas para hacer un trabajo bárbaro.

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