24 de febrero de 2019
24.02.2019
La Feliz Gobernación

Isabel Franco, señora presidenta o señora vicepresidenta

"Es de espíritu independiente y muy suya, lo que la convierte en una personalidad difícil para las estructuras cerradas, un aviso para su propio partido, con el que en otro tiempo mantuvo discrepancias"

24.02.2019 | 04:00

Quédense con esta cara. Isabel Franco. Será la presidenta o la vicepresidenta del próximo Gobierno regional, el que resulte a partir del inmediato mes de mayo. Hacer este pronóstico parece una locura en tiempos de absoluta incertidumbre política. Lo parece y lo es. Pero si hay algo cierto enmedio del caos es que Ciudadanos tendrá un papel decisivo en la composición de la nueva mayoría gobernante. No podemos saber qué partido se hará con la presidencia, pero tendrá que ser necesariamente con la colaboración de Ciudadanos, que es el que en realidad tendrá la llave, como se ha constatado en Andalucía. Y esto en el supuesto de que no sea el partido más votado en la Región, como hace meses señalaron las encuestas, aunque después decayeran en esa predicción. Ciudadanos podría optar, según la prospectiva que se maneja al día de hoy, entre el PP y el PSOE para un pacto de gobernabilidad, en el primer caso con el apoyo o la abstención de Vox, dada la segura irrupción de éste, o en el segundo con la abstención de Podemos. Desconocemos el nombre del próximo presidente, pero sabemos de antemano el de la vicepresidenta. Será Isabel Franco si no alcanzara a ser presidenta con el apoyo del PP o del PSOE, a los que en tal caso correspondería, en una u otra situación que permitiera la combinatoria, la vicepresidencia.

En la mañana del pasado lunes, Ciudadanos anunció que no pactará con 'el PSOE de Sánchez', pero en referencia exclusiva a las elecciones generales. Para las autonómicas que vendrán después no hay ni habrá vetos ni cordones sanitarios; en la Región de Murcia el PSOE es 'el PSOE de Conesa', que es muy partidario de Sánchez, sí, pero a los efectos de esta Comunidad desarrolla una política más compatible con Ciudadanos que con Podemos. Aparte de que si se manejan las previsiones al día de hoy, la suma de PSOE y Podemos (dos partidos que no prestan señales de crecimiento) el Gobierno podría caer del otro lado, es decir, donde ya está. Las cuentas del PSOE sólo salen en este momento mediante una alianza con Ciudadanos más un Podemos comprensivo, al estilo del Voz andaluz para el acuerdo alternativo que se ha producido allí, en el otro bloque.

No estoy sugiriendo algo hacia el futuro que no se dé ya en el presente. Si tras las elecciones de 2015 la política de Ciudadanos hubiera consistido, como ha dictado para la actual fase de elecciones, en gobernar o colaborar en las gobernaciones de las instituciones en que le sea posible hacerlo, Miguel Sánchez (líder saliente de ese partido) sería hoy vicepresidente de la Comunidad, y Mario Gómez, portavoz de los naranjas en el ayuntamiento de Murcia, vicealcalde en un gobierno municipal presidido por Ballesta. La situación en que Ciudadanos es decisivo se ha producido ya, pero en una primera fase el partido de Rivera se mostró refractario a cogobernar; se limitó a facilitar el gobierno para la lista más votada. El papel de bisagra se volverá a reproducir, pero esta vez Ciudadanos exigirá su cuota de poder. Y lo hará bien al PP o bien al PSOE. Más probablemente, en lo que se refiere a la Región de Murcia, preferirá al PSOE, como el PSOE prefiere a Ciudadanos, pues en esta Comunidad el cambio consiste en relevar al PP, como en Andalucía acabar con la hegemonía socialista.

Ciudadanos cubre todas las bandas. Prueba de que la versatilidad de Ciudadanos permanece intacta es que, en el municipio de Murcia, antes de que los naranjas apoyaran los últimos presupuestos del gobierno popular, habían firmado alianzas con el PSOE en todas las pedanías en que podían repartirse con éste la titularidad de los pedáneos. En Murcia capital, por tanto, Ciudadanos es socio de los socialistas en el gobierno de un buen número de pedanías a la vez que lo es también del PP en la ejecución de los presupuestos.

El veto de Albert Rivera a los pactos con el PSOE se refiere a la política nacional, y esto a consecuencia de que los expertos del partido han detectado una hemorragia de votos hacia Vox de entre sus simpatizantes por el efecto 'antipatía' a Pedro Sánchez a consecuencia de los escarceos de éste con los independentistas catalanes. Pero en la Región, a efectos autonómicos y locales, no existe prejuicio alguno sobre la 'catalanización' del PSOE (y menos si Borrell, como parece, acepta la candidatura a las generales por Barcelona, aunque esto sea para intentar neutralizar a la 'ciudadana' Arrimadas), de modo que seguirá siendo, el PSOE, digo, un posible socio (insisto, el preferible para fortalecer la imagen de cambio) si se dieran las condiciones para establecer una colaboración que condujera a un Gobierno con ambas fuerzas coaligadas.

Las primarias, primero. Que Ciudadanos gobernará en esta Región, de una u otra forma, con uno y otro partido y desde la presidencia o la vicepresidencia del Gobierno es un pronóstico seguro, dentro de la vertiginosa inseguridad que permite el vaivén de la política tal como ésta se produce en nuestro tiempo. Pero se me podrá reprochar que avance la nominación de la protagonista que asumirá esa responsabilidad. Y es que para que Isabel Franco pueda convertirse en el cartel electoral de Ciudadanos tendrá que salir viva de unas elecciones primarias extraordinariamente concurridas en las que, de antemano, se supone que es la favorita, pero en cuestión de primarias siempre resulta prudente no dar algo por sentado. Lo cierto es que es mejor que en Ciudadanos no piensen ni por un momento en la posibilidad de que Isabel Franco pudiera perder las primarias, ya que haría estallar una crisis interna de la organización en el friso de las elecciones que podría tener extraordinarias, por negativas, consecuencias. Los dirigentes regionales del partido han apoyado públicamente esa opción, así como el propio secretario nacional de Organización, Fran Hervías, que es el principal avalista de la candidata. Si ésta no resultara elegida por las bases, Ciudadanos quedaría mirando para Palencia.

Dura de pelar. La virtud y el inconveniente de Isabel Franco es que no sólo es la favorita del 'aparato' del partido sino que ha sido la persona a la que éste ha convocado más o menos a última hora para impulsar una candidatura electoral de la que desde hace tiempo descartaba la continuidad de Miguel Sánchez y que no había encontrado en los voluntariosos postulantes que se ofrecieron para concurrir a las primarias el referente sólido que fortaleciera la alternativa. Esta solución de birlibirloque (¡chachán, he aquí la candidata oficial!) puede haber incomodado a algunos de los que veían el camino expedito a falta de oponentes con respaldo orgánico, pero ese malestar se disipará, pues nadie puede darse por sorprendido de que la solución vendría desde el propio aparato.

Por otro lado, la crítica básica inicialmente esbozada sobre Isabel Franco se resume en que es 'desconocida' (sin reparar en que no lo es menos que cualquier otro posible candidato) y en que 'carece de experiencia política'. Quienes enuncian esa crítica verdaderamente la desconocen, pues la periodista se viene desempeñando con extraordinaria habilidad y sin complejos en actividades de representación social (particularmente en el Observatorio de la Organización de Mujeres Empresarias y Profesionales) en que sobresale por su arrojo, atrevimiento y contundencia.

Isabel Franco es pura dinamita y, aunque a veces también se equivoca, no le faltan energías, inteligencia y recursos para enfrentarse a situaciones complejas. Por lo demás, su experiencia en redes sociales ya la ha inmunizado sobre ataques y desconsideraciones por su condición de mujer, por lo que será difícil afectarla. Puede que lanzada a la primera línea de la política sea una caja por abrir, pero no menos que otros que pudieran pretenderlo o que ya lo hicieron con menos recorrido previo que ella en la sociedad civil. Ciudadanos es un campo de experimentación y de entrenamiento (al menos, por lo visto hasta ahora) en el que algunos superan las pruebas y otros se quedan atrapados en la pista americana. Isabel Franco es dura de pelar, como ya irán conociendo. Es de espíritu independiente y muy suya, lo que la convierte en una personalidad difícil para las estructuras cerradas, un aviso para su propio partido, con el que en otro tiempo mantuvo discrepancias. El mismo día en que anunció su disposición a ser candidata le pregunté: ¿Sabes dónde te metes? ¿Lo has pensado bien? Y respondió de inmediato: «¿Tu crees que las oportunidades que te ofrece la vida se deben pensar en función de tu propia comodidad?».

La ruta no le será cómoda, desde luego: ganar las primarias, concurrir a las elecciones más disputadas y obtener el resultado preciso, si se resiste el de partido más votado, para concertar en lo que será un complicadísimo proceso de negociación el título que las expectativas de Ciudadanos le auguran: el de presidenta o, tal vez con más probabilidad, vicepresidenta de la Comunidad. Todos los pronósticos son temerarios, pero éste no es de los desencaminados.
Así que quédense con esta cara.

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